Obituario

Cambiando la historia del arte y de la cultura. Ernest H. Gombrich (1909-2001)

Jesús A. Sánchez

viernes, 16 de noviembre de 2001
A pesar de la escasa atención que ha merecido en la prensa española, la desaparición el pasado 3 de noviembre de Ernest H. Gombrich supone la pérdida del último gran estudioso total del arte y la cultura del siglo XX, y sin duda alguna el más valorado y conocido historiador del arte. La identificación de sus trabajos con los temas y problemas artísticos no debe ocultar que, como a él le gustaba decir, el historiador del arte no era más (¡) que un historiador de la cultura. Y en esa vocación que consideraba irrenunciable Gombrich se distinguió especialmente por sobrepasar el círculo más restringido de los eruditos para encarnar la faceta más atractiva y pedagógica de la historia del arte gracias a obras de divulgación compartidas por millones de lectores.Como Freud, Wittgenstein, Schönberg o su amigo Popper, Gombrich nació en aquella prodigiosa Viena del cambio de siglo, dentro de una acomodada familia de judíos convertidos al protestantismo. Hijo de un abogado que en su juventud había sido amigo de Hugo von Hofmannsthal y una pianista y profesora de música discípula de A. Bruckner -él mismo tocaba el violoncello en veladas con la familia del violinista Adolf Busch-, se formó en la universidad como alumno de Julius von Schlosser, antiguo director del departamento de artes aplicadas del museo de Viena, con quien aprendió a entender la historia del arte como una ciencia basada en sus documentos, la 'literatura artística' que ha dado título, en una no muy correcta traducción, a la principal obra de su maestro. Con una tesis doctoral dedicada a la entonces candente cuestión del manierismo, centrada en la figura de Giulio Romano, otras influencias decisivas de aquel ambiente de formación fueron las del psicoanálisis de Freud y los nacientes estudios sobre la psicología de la percepción que marcarían los trabajos más innovadores de Gombrich.No obstante, en el año 1936 se vio obligado, al igual que Popper y otros intelectuales de origen judío, a abandonar aquella artística sociedad vienesa para refugiarse en Inglaterra, debido a la anexión de Austria por el régimen nazi. Casado ese mismo año con Ilse Hiller, pianista profesional, en ese nuevo ambiente se gestó una segunda vertiente de trabajos, los divulgativos, a valorar como otra de sus grandes aportaciones puesto que muchos de sus libros de investigación derivaron de temas tratados en primera instancia como conferencias o incluso de escritos pensados para niños. Así, con la historia del mundo contada a los niños que redactó en 1936 inicia esa línea de escritos pedagógicos que moldearon su estilo directo y simple a la hora de afrontar los temas más complejos, sin duda influenciado por su trabajo como comentarista de lenguas extranjeras de la BBC durante la guerra.Su Historia del Arte (The Story of Art, 1950) es sin duda su libro más conocido, el primer y más exitoso manual de este género, superando los 6 millones de ejemplares vendidos en las 32 lenguas en que ha sido traducido hasta la actualidad. Gracias su atinado enfoque para explicar la historia del arte occidental desde los orígenes a mediados del siglo XX, periódicamente revisado y aumentado el libro se ha convertido en uno de los escasos best-sellers de tema artístico, 'el' Gombrich para todos sus lectores.También fue en Londres donde Gombrich disfrutó de la protección de Fritz Saxl, entonces director del instituto de investigación comparada en historia del arte, germen del Warburg Institute, dependiente de la Universidad de Londres tras el forzoso traslado desde Hamburgo por tratarse de una fundación judía. Con el tiempo, y a la vez que ejercía su carrera académica en las universidades de Londres, Oxford y Harvard, Gombrich llegaría a desempeñar la dirección de este prestigioso instituto entre los años 1959 a 1976, reorganizando su programa académico y promoviendo numerosos cursos con invitados extranjeros.El contacto en el Warburg con dos especialistas en el psicoanálisis aplicado a las artes como eran los vieneses E. Kris y O. Kurz movió a Gombrich a publicar con el primero, de quien había sido asistente en la universidad de Viena, un innovador estudio sobre la caricatura: trabajo pionero en la aplicación de esquemas freudianos a los modos de representación artística al analizar la dimensión transgresora del chiste y su formalización gráfica. Otro fruto de esta colaboración será el libro Arte e Ilusión (Art and Illusion: A Study in the Psychology of Pictorial Representation, 1960), obra fundamental sobre las artes visuales y referencia ineludible a la hora de considerar el problema de la representación pictórica. Aquí abordó una aproximación psicológica muy distanciada de los enfoques de estilo habituales en sus predecesores de la Escuela de Viena, examinando la manera en que tratamos las informaciones que nos llegan del mundo visible, la relación percepción estética-realidad, diferenciando como punto de partida una percepción de imágenes antes que una percepción directa de esa realidad. Analizando ese proceso de interpretación y errores se permitió superar extendidos prejuicios para reconsiderar el papel de la ilusión óptica en la pintura, y cómo nos atrapa y cautiva reproduciendo presencias, sensaciones y efectos, tema apoyado en textos de los propios artistas y profundizado más tarde en La imagen y el ojo y El sentido del orden.Ya en esta obra despunta otra de las bases del pensamiento artístico de Gombrich, la del rechazo de las explicaciones que hacían a la producción artística dependiente de una supuesta esencia o espíritu de época, una estructura subyacente o voluntad artística en términos de Riegl, que en definitiva no consistía más que en acudir a un esquema hegeliano por el que todos los fenómenos culturales de un determinado período histórico debían mostrar una incuestionable unidad. Bien al contrario, Gombrich negó tal explicación desde su propia base, primero matizando la propia existencia de las obras de arte - 'no existe el arte en sí, sólo los artistas'- para a continuación rechazar esa pretendida unidad entre las manifestaciones artísticas y sus principios rectores, de acuerdo con la crítica de su amigo Popper al historicismo y a la persistente, aunque muy atractiva, herencia del idealismo de Hegel. Negando cualquier determinismo aplicado a la investigación histórica, Gombrich puso en evidencia el error de intentar reducir a un único principio de índole espiritual, y por ello sumamente vago, la causa de los cambios estilísticos.Así, aunque no se pueda negar la conexión entre las distintas manifestaciones culturales de un período histórico Gombrich rechazó postular que todas ellas derivasen de una única causa rectora. Huyó de teorías preconcebidas para investigar todas las posibles implicaciones y relaciones de la actividad artística, pero siempre tomando como referencia al artista o creador para descubrir la influencia de las condiciones técnicas y sociales que lo rodeaban, desconfiando de nociones genéricas como las de estilo o período. También en este sentido Gombrich se aproximó a la teoría de la comunicación para reivindicar el estudio del significado intencional de una obra de arte, que existe en cuanto que es percibida como tal por un espectador/público, pero que también ha de integrar la influencia de unos comitentes o de las propias preferencias de los artistas, reivindicando estudios de 'microhistoria' del arte frente a las deterministas generalizaciones de la sociología del arte al modo de Hauser. En la misma línea se entiende su alejamiento de las ideas de Croce, defensor de la autonomía del proceso creativo y de la equivalencia de arte e individualidad, como por ejemplo en los trabajos donde exploró la relación arte y vida como Meditaciones sobre un caballo de juguete (Meditations on a Hobby Horse and other essays on the Theories of Art, 1968).Resulta difícil condensar la amplitud de sus temas de investigación, que también abarcaron el sentido del orden en las artes figurativas, indagando en la facultad de nuestra mente para articular relaciones y establecer clasificaciones tomando como reales lo que son simples analogías, el papel de las sombras en la pintura, o la crítica al exceso de relativismo de la bibliografía sobre arte contemporáneo, apelando a la necesidad de establecer una teoría o sistema que combinara la comprensión de la creatividad y el cambio hasta sus mismos límites. En cuanto a sus artistas preferidos, se declaró admirador de Velázquez, Chardin o Vermeer, rechazando a los pintores abstractos en favor de las sutilezas de Klee y Morandi. Alarmado por las 'locuras' artísticas del siglo XX adoptó una crítica visión de las motivaciones comerciales de lo que en definitiva no dudó en calificar de modas, pasivamente aceptadas por el público en una dinámica de continuo cambio y novedad.Al igual que otros destacados autores del pensamiento del siglo XX, hay que lamentar la tardía recepción en España de las obras de Gombrich, sólo traducidas a nuestro idioma desde los años 70. Tardía sí, pero muy fructífera ha sido su influencia en la renovación de la investigación artística española de los últimos años, cuando el afamado investigador y conferenciante ya apenas abandonaba su residencia de Hampstead, entregado a sus escritos y las audiciones de su amado Schubert, muy cerca de la casa museo dedicada a su paisano Freud. En el año 2002 verá la luz el último trabajo en que estaba inmerso desde los años 90: The Preference for the Primitive, centrado en la forma en que los románticos descubrieron el arte de los primitivos maestros italianos.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.