España - Andalucía

Albores del Renacimiento: música y poesía con Kiehr

José-Luis López López

jueves, 24 de abril de 2014
Sevilla, miércoles, 26 de marzo de 2014. Espacio Santa Clara. «Andad pasiones, andad: Música y Poesía en Castilla, en los albores del Renacimiento». Del Cancionero de Palacio [CMP]: Obras de autores anónimos, Francisco de Peñalosa, Josquin Desprez, Pedro de Escobar. Del Cancionero de Segovia [CMS]: Obras de Juan del Enzina, Antonio de Ribera; Juan de Urrede; Antoine Busnois / Josquin Desprez; Hayne Van Ghizeghem / Vincenzo Capirola. Intérpretes: Armonía concertada (María Cristina Kiehr, soprano; Ariel Abramovich, vihuela de mano). XXXI Festival de Música Antigua de Sevilla (FeMÀS 2014). Ocupación: 75% del aforo
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Concierto de formato "menor", en cuanto al número de intérpretes. Pero estas joyas poco "aparatosas" son muchas veces verdaderas revelaciones, sobre todo para los no iniciados que, sin saber muy bien lo que les espera, acuden casi sin falta al Festival. La cuarta parte que faltó para llenar el Espacio Santa Clara no supo, hasta después, porque se lo contaron, lo que se había perdido.

María Cristina Kiehr es argentina, nacida en Tandil, ciudad con algo más de 100.000 habitantes distante unos 400 kilómetros al sur de Buenos Aires, a cuya provincia pertenece. El público teledeportivo solo sabe que allí nació el tenista Juan Martín del Potro. Pero como no hay muchos espectadores (ni programas) telemusicales, la mayoría ignora quién es María Cristina Kiehr (1967): una de las más brillantes sopranos de nuestros días, fascinada por el descubrimiento de la "música antigua", lo que le hizo dejar el violín por el canto. En 1983 se trasladó a Europa para proseguir sus estudios bajo la guía de René Jacobs en la Schola Cantorum Basiliensis, y, en técnica vocal, de Eva Krasznai-Gombos. Su curriculo es kilométrico y de la más alta calidad en el ámbito que la apasiona (basta con mencionar su colaboración con Jacobs, Brügge, Herreweghe, Harnoncourt, Coin, Savall, etc.; con más de veinte formaciones de cámara y orquestales de primer nivel; sus actuaciones en óperas y recitales en Sudamérica, Japón, Australia, EE.UU., Canadá y toda la Europa musical; y más de 80 grabaciones discográficas...). Escucharla es emocionante.

Muy bien acompañada por su compatriota Ariel Abramovich con la vihuela de mano, la mayor parte del programa de este concierto procedía de dos cancioneros españoles: el de Palacio (CMP) y el de Segovia (CMS). Casi todo el repertorio vocal profano de España de fines del s. XV y principios del XVI se ha conservado gracias a un conjunto de hasta cinco cancioneros y unas mínimas fuentes impresas de origen dispar, en formas poético-musicales que son, ante todo villancicos, y también canciones y romances.

Es cierto que antes del tratado El Maestro (1535 o 1536) del valenciano Luys de Milán (o Lluis Milá), según comentó Abramovich, no se conserva nada del repertorio español para voz solista y vihuela; pero después es bastante abundante. De modo que es justo y necesario que los intérpretes se apoyaran en las posibilidades ofrecidas por músicas anteriores a aquella fecha: en esencia, transcribir los cancioneros castellanos de finales del XV y comienzos del XVI, escritos en formas polifónicas, de modo semejante a como hicieran en su momento Milán, Narváez, Valderrábano, Pisador, Fuenllana, Daza o Mudarra: conservar la voz principal en el canto y trasladar sobre la tablatura de la vihuela el resto de las voces.

Delicioso resultado. El vihuelista estuvo claro, preciso, en íntima comunión con la soprano. Entremezcladas las piezas de ambos cancioneros, sonaron, como suaves cascadas de agua cristalina Enemiga le soy, madre (Anón., CMP), Bien perdí mi coraçón (Juan Ponce, CMP), Yo no quiero tener fe (Juan del Enzina, CMS), O, Bone Jesu! (latín, Antonio de Ribera, CMS), Fontefrida, fonte frida y Por mayo era, por mayo (Anón., CMP), un encantador solo de vihuela, El triste que nunca os vio (Francisco de Peñalosa, CMP), para proseguir acompañando a la hermosa voz de Kiehr, que fue de menos a más (queremos decir, de "bien" a "maravilloso"), desplegando un amplio abanico de sutilidades y matizaciones, limpios ataques, un paso al agudo delicadísimo, un fraseo y una expresividad excepcionales. Siguieron Las de mis penas, madre (Pedro de Escobar, CMP), Muy triste será mi vida (Juan de Urrede, CMS)... De nuevo, la vihuela sola en Pues que jamás olvidaros (del Enzina, CMS), y otra vez el dúo, Fortuna desperata (italiano, Antoine Busnois / Josquin Desprez, CMS), Penser en vous (francés, Hayne Van Ghizeghem, CMS), otro solo vihuelístico, De tous bien playne (Van Ghizeghen / Vincenzo Capirola, CMS), y vuelta al dúo de los mismos autores Mon souvenir me fait mourir (francés, CMS), para concluir con Ay, triste, que vengo (del Enzina, CMS) y Nunca fue pena mayor (Urrede, CMS)... El dulce desamor hace al amor inmenso...

Sería una vulgaridad decir que una cantante es bella, si canta como María Cristina Kiehr. Pero no lo es señalar que unidos su rostro, figura, expresividad y voz es profundamente bella, por fuera y sobre todo de dentro afuera, y que en todos los sentidos conmovió a todos/as las personas presentes en este espacio, en estas horas. Grande, grande ocasión, sin olvidar a su gentil acompañante. Recordemos desde ahora: María Cristina Kiehr, soprano para los oídos y para el alma.

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