España - Madrid

Música poco conocida, muy bien tocada

Juan Krakenberger

jueves, 1 de mayo de 2014
Madrid, lunes, 14 de abril de 2014. Auditorio Sony de la Fundación Albéniz. Intérpretes: Quinteto Ricercata, Trío de Oboes, Quinteto Orfeo, Trío d’Anches, Grupo Thuille. Obras de György Ligeti, Carlo Yvon, Paul Hindemith, Sandor Veress y Ludwig Thuille. Profesores: Hansjörg Schellenberger, Radovan Vlatkovic y Klaus Thunemann. Ciclo Da Camara: Grupos de Viento. Aforo: 50%
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Un programa de cinco obras de cámara, con nombres de tres compositores casi desconocidos, por lo menos por el gran público, habrá sido el motivo de la escasa presencia de asistentes. Pero como la calidad de las versiones era excelente, fue interesante escuchar estas obras, todas bastante ignoradas, por cierto.

El concierto se inició con las Seis bagatelas para quinteto de vientos del compositor húngaro Gyórgy Ligeti (1925-2006), a cargo del Quinteto Ricercata: Lope Morales, flauta, Carlos Quiñonero, oboe, Saulo José Guerra, clarinete, María Rosario Martínez, fagot, y Pablo Fernández, trompa. A pesar de tratarse de lo que solemos llamar “música moderna”, las obras de Ligeti suelen dar placer al escucharlas, por su aproximación al folclore húngaro, tan rico de ritmos y matices. Se trata de seis obras bastante breves: 1) Allegro con spírito, música muy feliz y que da placer escuchar. 2) Rubato. Lamentoso, una pieza tranquila donde destaca el final en unísono 3) Allegro grazioso, en esta pieza un instrumento lidera acompañado por otros dos, como por ejemplo al inicio la flauta, acompañada por clarinete y fagot. Muy divertido. 4) Presto ruvido, aquí se trata de hacer ruido, y se logra 5) Adagio Mesto, también aquí se hace ruido, pero hay también pasajes más tranquilos, y hacia el final se calman las cosas para pasar al 6) Molto vivace. Capriccio, la flauta hace uso del piccolo y este movimiento sirve para una despedida jovial y de buen humor. La versión del Quinteto Ricercata fue muy precisa y feliz, y cosechó nutridos aplausos.

La segunda obra inscrita en el programa era de Carlo Yvon (1798-1854)., y se llamaba Capriccio para tres oboes. Un Allegro, un Adagio sostenuto y Primo tempo fueron los tres movimientos, bastante breves, de este compositor desconocido: ni siquiera aparece en el diccionario de música Oxford. Pero los oboístas lo conocen porque Yvon era oboísta y escribía sus obras para sus alumnos. Es música sencilla, con oportunidades solistas para los tres integrantes que nos ofrecieron una versión limpia y bien interpretada. Estos tres oboístas, que formaron este Trío de oboes para esta ocasión, participaron luego en los tres conjuntos a cargo del resto del programa, donde los mencionaré por su nombre.

Siguió la Pequeña música de cámara para quinteto de vientos Nº2 op 24 de Paul Hindemith (1895-1963), con sus cinco movimientos. La música de Hindemith me es muy cercana, porque estudié composición con un alumno de él. Empieza con un 1) Divertido ofreciendo un tema que es muy elaborado y repetido en varias formas: efectivamente muy 'divertido'. Luego sigue un breve 2) Vals con la indicación que debe tocarse muy piano, cosa que no siempre se logró. Sigue 3) Tranquilo y fácil. Se trata de una melodía calma, que luego parece animarse un poquito por ser acompañada por un ritmo “dan – dadada – dan - dan”, pero en rigor sigue la calma inicial hasta el final. Los movimientos 4 y 5, Rápidamente y Muy animado que siguen se tocan sin interrupción. El tema es tocado en solos de diferentes instrumentos, con mucha marcha, y el final es triunfante y altamente satisfactorio. La versión fue brillante, a cargo del Quinteto Orfeo (Paula Martínez, flauta, Mercedes Guzmán, oboe, Joan Tomo, clarinete, Daniel Mota, fagot, y Pablo Cadenas, trompa). El público aplaudió con ganas a los jóvenes músicos.

Luego de un breve intervalo, escuchamos una obra de Sandor Veress, nacido en Hungría en 1907 hasta que falleció en Berna (Suiza) en 1992. (El programa impreso dice 1922: es un error de imprenta). Estudió en Budapest con Bartok. A partir de 1950 se radicó en Suiza, donde enseñó, también dio clases in USA y Australia. La obra que se ejecutó fue su Sonatina para oboe, clarinete y fagot, tocada por el Trío d’Anches, compuesto por Shaun Little, oboe, Saulo Guerra, clarinete, y Javier Biosca, fagot. Se inicia con un Allegro giocoso que ofrece disonancias sobre un ritmo pertinaz. Sigue un Andante-Allegretto, música cantábile, que nos lleva a un Allegretto jocoso como interludio al Andante inicial. El tercer movimiento se titula Grave gravíssimo, lo que no entiendo, porque las notas que suenan tienen gracia, y hay pasajes con notas repetitivas: no le vi nada grave a este trozo. La ejecución fue impecable.

Y para terminar, otra obra de autor desconocido, a saber Ludwig Thuille (1861-1907) y que nació en el Tirol (Italia, pero donde se habla alemán) y murió en Munich. Fue amigo de Richard Strauss, que dirigió algunas de sus obras. Hoy escuchamos su Sexteto op 6, para vientos y piano, ejecutado por un grupo expresamente formado para esta tarea, o sea, que debutó ante el público llamándose “Grupo Thuille”: Marta Femenia, clarinete, Ángel Luis Sánchez, oboe, Horácio Almeida, clarinete, Manuel Arellano, fagot, Manuel Escauriaza, trompa, y Luis Arias, piano. Desde ya puedo decir que el resultado fue muy satisfactorio, sonando brillantemente. Cuatro movimientos forman este Sexteto: el primero, Allegro moderato, nos introdujo a música romántica muy grata al oído, el segundo, Larghetto, es muy sereno, con una melodía tranquila, y nuevamente la sonoridad conjunta fue muy atractiva. Hay pasajes post-románticos como por ejemplo un unísono clarinete/fagot acompañado, luego lo mismo para flauta/oboe, también acompañados, y luego un precioso solo de trompa. El fin de este movimiento es muy bonito. Sigue el tercero, Gavotte: Andante quasi allegretto, que introduce un ritmo bailable, al cual todos se unen en en alegría colectiva. El fin, contundente. Y para terminar, el cuarto Finale: Vivace, escrito para que los instrumentos puedan brillar. Luego viene un segundo tema que se escucha con mucho placer. El final es una stretta, para que el conjunto pueda brillar. Y lo consiguió: el aplauso fue unánime e intensivo. Esta obra gustó, y la forma como lo tocaron los seis jóvenes músicos fue sorprendentemente espontánea y eficaz. Un excelente final para un concierto interesante, con obras poco conocidas.

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