Argentina

Un Barbero bueno pero no memorable

Gustavo Gabriel Otero
viernes, 2 de mayo de 2014
Buenos Aires, martes, 29 de abril de 2014. Teatro Colón. Gioacchino Rossini: El Barbero de Sevilla (Il Barbiere di Siviglia). Ópera en dos actos. Libreto de Cesare Sterbini, basado en 'Le barbier de Séville' de Pierre Agustin Caron de Beaumarchais. Mauricio Wainrot, dirección escénica y coreografía. Graciela Galán, escenografía y vestuario. Jorge Pastorino, iluminación. Mario Cassi (Figaro), Marina Comparato (Rosina), Juan Francisco Gatell (Conde de Almaviva), Carlo Lepore (Don Bartolo), Marco Spotti (Don Basilio), Patricia González (Berta), Fernando Grassi (Fiorello), Cristian de Marco (Un Oficial). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez
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El Teatro Colón presentó una nueva producción escénica de El barbero de Sevilla a nueve años de la producción anterior -que nunca se repuso- en un esfuerzo de producción y económico que amerita alguna revisión ya que no parece razonable para los tiempos que corren que las producciones escénicas del coloso bonaerense se efectúen para ser utilizadas sólo cinco o seis noches y luego sean destruidas o archivadas sin margen para la reposición.

Graciela Galán trazó un vestuario colorido, de buena factura y muy vistoso, mientras que diseñó una escenografía funcional y bella que fue muy bien iluminada por Jorge Pastorino. Trabajo conjunto de primera línea que merece la reposición.

El coreógrafo Mauricio Wainrot, en su debut como director escénico de ópera, no defraudó pero tampoco creó nada novedoso o que aportara algún aspecto interesante. Escenificó la obertura con movimientos coreográficos y con una ridícula procesión con la Virgen María que camina bajo palio y que luego se retira por un costado. Esta escenificación permite observar el momento en que Almaviva y Rosina se conocen -en el Prado conforme el texto- o en esta procesión sevillana según esta versión. Wainrot agregó un ángel interpretado por un figurante o bailarín con una peluca rubia que lo hacía risible, incorporó una cupido que sólo mostró sus bellas piernas y devino mudo el otro sirviente de Don Bartolo, Ambrogio, vestido de árabe. A medida que avanzó la representación la incidencia de lo coreográfico decayó y se pudo disfrutar de las extraordinarias situaciones imaginadas por el libretista y musicadas con maestría por Rossini. La dirección escénica de Wainrot dejó hacer a los cantantes, no molestó pero no aportó demasiado, con un balance final neutro.

 

Momento de la representación de 'El barbero de Sevilla' de Rossini. Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección escénica: Mauricio Wainrot. Buenos Aires, Teatro Colón, abril-mayo 2014

 

El director español Miguel Ángel Gómez Martínez ofreció una lectura correcta de la partitura con tiempos disímiles que fueron desde una lentitud exasperante a una rapidez no indicada.

Sin descollar, lo mejor estuvo en el elenco vocal. Así Marina Comparato compuso una razonable Rosina de buen color vocal, adecuadas agilidades y algún agudo destemplado.

Nuevamente sorprendió por histrionismo y calidad vocal Carlo Lepore en el rol de Don Bartolo.

 

Momento de la representación de 'El barbero de Sevilla' de Rossini. Dirección musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección escénica: Mauricio Wainrot. Buenos Aires, Teatro Colón, abril-mayo 2014

 

El joven tenor argentino, de actuación fuera del país, Juan Francisco Gatell mostró garra rosiniana y buenas condiciones aunque aún parece estar en la etapa de maduración. Algún agudo forzado o escaso fiato en unas coloraturas no empañan una labor meritoria.

Con lo justo el Fígaro de Mario Cassi y muy interesante el Don Basilio de Marco Spotti.

Cumplieron su cometido los comprimarios así como el Coro Estable y se notó alejada de los requerimientos del rol de Berta a Patricia González.

En suma: una buena versión del Barbero de Sevilla sin nada que la haga memorable.

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