Opinión

Béjart escribe sobre cuatro de sus coreografías

Maurice Béjart

jueves, 22 de noviembre de 2001
El pájaro de fuego es el fénix que renace de sus cenizas. El pájaro de vida y de felicidad, inmortal, del que el esplendor y la fuerza son indestructibles y no se empañan. En sus conversaciones con Robert Craft, Igor Stravinsky aduce las razones por las cuales prefiere utilizar para El pájaro de fuego la 'Suite orquestal' en lugar de la versión íntegra del ballet, que éste rechaza bastante abiertamente. El argumento del ballet, que sigue exactamente la partitura original, parece caduco, y lo que queda es música pura, propia sin duda alguna, más que una cierta visión coreográfica, pero incapaz de seguir los meandros de un guión complicado. Ni hablar de reemplazar el argumento por otro, ni siquiera transformarlo: intentemos más bien extraer la emoción que recorre la sucesión de 'números' de la partitura reducida, volviendo a encontrar los dos elementos que marcan esta creación: Stravinsky, músico ruso, y Stravinsky, músico revolucionario.Que la danza sea entonces la expresión abstracta de estos dos elementos presentes en la música, un sentimiento profundo de Rusia y una cierta ruptura con la tradición musical, que se traduce en una insólita violencia rítmica y que suscita en la creación la agitación y el alboroto que ya conocemos. El pájaro de fuego es el fénix que renace de sus cenizas. El poeta, como el revolucionario, es un pájaro de fuego.Bhakti IIIDesde el amor, el adorador se identifica con la divinidad y vuelve a vivir cada vez la leyenda de su Dios, que sólo es una de las caras de la realidad y no tiene nombre.Rama, encarnación de Vishnou. Sus amores con Sita, símbolo de la pureza, son contados en el famoso poema Ramayana, epopeya hindú que sirve de base para toda producción teatral o coreográfica clásica.Krishna, otra reencarnación de Vishnou. Es el Dios de la Belleza y de la Juventud, el divino flautista; sus amores con las pastoras y la bella Radha son cantados en la Gita Govinda. Es también el Instructor por excelencia, y es el que habla en la Bhagavag Gita, uno de los libros más importantes de la humanidad.Shiva, tercer personaje de la Trinidad Hindú (Brahma, Vishnou, Shiva). Dios de la destrucción (que es sobre todo la destrucción de la ilusión, de la personalidad). Dios de la danza. Su esposa, Shakti, no es más que su energía vital que emana de él y vuelve a él, inmóvil y sin embargo eterna en movimiento.Webern Opus 5La Op. 5 del compositor austríaco Anton Webern (1883-1945) son sus Cinco Movimientos para cuarteto de cuerda, de 1909; cuatro años más tarde, Webern transcribió estas piezas, sin alterar su número de opus, para un grupo de instrumentos de cuerda.Webern Opus 5 es un pas de deux sin argumento creado originalmente por Maurice Béjart para Jacqueline Rayet y Jean-Pierre Bonnefous, estrellas de la Ópera de París.Después de su estreno, se incorporó en su forma actual al repertorio del Ballet del Siglo XX, siendo presentado por Marie Claire Carrié y Jorge Donn en el Teatro de la Moneda, de Bruselas, el 26 de marzo de 1966. En la presentación en Nueva York de esta compañía, el año 1971, esta coreografía fue interpretada por Maina Gielgud y Floris Alexander.Siete Danzas GriegasLo que nosotros llamamos folclore (personalmente prefiero llamarlo 'artes tradicionales') es casi inasequible, y el hecho de pertenecer o no a la tradición de la cultura no es ni una ventaja ni una desventaja, porque nuestras civilizaciones nos han alejado tanto del espíritu tradicional que nos es difícil concebir el proceso mental que ha dado la vida a este arte en el pasado. Un pasado que, en muchos casos, es muy lejano.Ésa es precisamente la clave del problema: volverse como los demás y no depender de los demás. Coger la creación por su línea interna, su fuerza oculta, que es el hecho de comprender las raíces de un pueblo, de un grupo étnico, cultural, y reducir al mínimo las citas folclóricas evidentes. En el caso de la danza, las reconstituciones arqueológicas o populares tienen siempre un lado lamentable.Para estas Danzas griegas he querido limitar al máximo la copia de 'pasos' auténticos griegos. Algunas danzas llevan dos o tres de estos pasos, otras ninguno y son seguramente las mejores, las más griegas. He querido encontrar un estilo de baile que evoque un perfume, un color, quedándose siempre en la base de la danza clásica, de la danza contemporánea como la practicamos en el Ballet Béjart de Lausana.Cuando Theodorakis me trajo esta música, estaba trabajando sobre la 'suite' mediterránea llamada Thalassa. La recibí con entusiasmo y pasó a formar parte del final. Más tarde el número de danzas pasó de ser nueve a ser siete y la coreografía fue trabajada de nuevo insistiendo más en el tema (ciertas danzas están compuestas como algunas fugas de Bach), para hacer de éste un ballet donde Grecia esté mucho más presente, aunque los pasos folclóricos sean mínimos, y que el vestuario sea inexistente: como el vestuario que los bailarines llevan en el estudio.

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