Israel

París, Masada

Maruxa Baliñas

miércoles, 9 de julio de 2014
Masada, martes, 17 de junio de 2014. Desierto a los pies de Masada. La Traviata, ópera en tres actos de Giuseppe Verdi sobre libreto de Francesco Maria Piave basado en 'La dama de las camelias' de Alejandro Dumas hijo. Estreno, Teatro La Fenice de Venecia, 6 de marzo de 1853. Director escénico, Michal Znaniecki. Diseño de decorados, Luigi Scoglio. Vestuario, Joanna Medynska. Iluminación y proyecciones videográficas, Bogumil Palewicz. Coreografía, Elzbieta Szlufik-Panták y Grzegorz Panták. Reparto: Aurelia Florian (Violetta), Jean-François Borras (Alfredo), Ionut Pascu (Giorgio Germont), Tiziana Carraro (Flora). Noah Briger (Baron Douphole), Carlo Striuli (Doctor Grenvil), Samuel De Beck Spitzer (Marchese d'Obigny), Shiri Hershkovitz (Annina), Guy Mannheim (Gaston), y otros. Kielce Dance Theatre. The Israeli Opera Chorus (Ethan Schmeisser, director). Israel Symphony Orchestra Rishon Le Zion. Daniel Oren, director musical. Festival de Ópera de Masada, 2014

A priori, no parece que La Traviata sea la ópera más apropiada para representar al aire libre, y no sólo eso, sino que además lo sea en un desierto y a los pies de una impresionante fortaleza rocosa que resistió por lo menos dos años de duro asedio y se ha convertido en un símbolo de lucha trágica por la libertad.

Y sin embargo en esa idea de la libertad basa su planteamiento Michal Znaniecki, el regista, quien ve la figura de la Traviata como una mujer que pone su libertad por encima de todo y para la que la rendición -como para los judíos atrapados en Masada- significa la muerte. Parece evidente el paralelismo entre el segundo discurso de Eleazar defendiendo el suicidio colectivo -"conservémonos libres como nuestro ma­yor monumento fúnebre"- con el 'Sempre libera' de Traviata.

Decorado del primer acto de 'La Traviata'. Dirección musical, Daniel Oren. Dirección escénica, Michal Znaniecki. Israel, Masada, junio de 2014

Así un drama íntimo y desarrollado exclusivamente en interiores, se convierte en una epopeya colectiva que requiere un amplio espacio, y a la inversa. En el espacio abierto del Desierto de Judea se crea una estructura artificial, algunas casetas, un graderío y un escenario para la representación, que acotan el espacio tanto como la fortaleza asediada de Massada respecto al amplio espacio ocupado por los campamentos romanos alrededor, o ese París capital de Europa reducido a los salones y la fuerte presión social -que sólo desaparece en el idílico y rural segundo acto- que asedian y ahogan a Traviata hasta matarla.

Fotograma del comienzo de la película 'París, Texas' de Wim Wenders (EEUU, 1984).

Pero no es sólo la dicotomía entre abierto-cerrado, libertad-asedio, libertad-muerte, lo que mueve esta Traviata en Massada. Formalmente, o decorativamente si se prefiere, hay una referencia de igual importancia: la película París, Texas de Wim Wenders (EEUU, 1984, Palma de Oro en el Festival de Cannes 1984). Las primeras imágenes de la película, con Travis (Harry Dean Stanton) avanzando solitario por el desierto de Texas, podrían pertenecer perfectamente al Desierto de Judea donde se sitúa Massada. Y es en este espacio tan monocorde donde se construye una ciudad fantasma tan 'real' como el decorado de cualquier película del Oeste de serie B. Durante la visita turística que realizamos los periodistas a primera hora de la tarde a la fortaleza de Massada, nada anticipaba que allí abajo se había construido no sólo un escenario y su graderío, sino toda una evocación de París con sus tiendas y sobre todo locales de restauración -boulangeries, patisseries, restaurants, brasseries, cafétérias, etc.- donde los invitados VIP podían servirse libremente diversas especialidades francesas (y locales). Seguramente los organizadores pretendían crear un oasis en el desierto, pero la primera sensación para mí fue la de un espejismo, como es un espejismo, una alucinación visual, la propia idea de producir una ópera en medio del desierto.

 

Preparando la representación de 'La Traviata'. Israel, Masada, junio de 2014

Un planteamiento tan sugerente en su fondo -el deseo de libertad que lleva trágicamente a la muerte, la construcción de un espacio cerrado y claustrofóbico sea por la amenaza militar o por las convenciones sociales, París y la propia ópera como un espejismo en el desierto- se llenó sin embargo de elementos que disfrazaron y ocultaron estas ideas. El vestuario de Joanna Medynska resultaba ciertamente colorista, pero su carácter marcadamente naif no sólo no ayudaba al drama, sino que lo convertía en ridículo en varios momentos. Especialmente molestas fueron las coreografías de Elzbieta Szlufik-Panták y Grzegorz Panták, ñoñas en la mayoría de las ocasiones y -como el vestuario- faltas de la dignidad que requería esta propuesta de Znaniecki.

Danza española en 'La Traviata'. Kielce Dance Theatre. Dirección musical, Daniel Oren. Dirección escénica, Michal Znaniecki. Israel, Masada, junio de 2014

La proyecciones viodeográficas y la iluminación de Bogumil Palewicz podrían haber sido mucho más interesantes, pero de entrada, el hecho de contar con un escenario al aire libre y sobre todo Masada al fondo con el alarde técnico de proyectar sobre la propia fortaleza, son atractivos más que suficientes para su trabajo. Los decorados de Luigi Scoglio, sin ser especialmente originales, presentaban los tópicos parisinos con un aire decadente o incluso ruinoso que concordaba con la idea general de la ópera.

Momento de la representación de 'La Traviata'. Dirección musical, Daniel Oren. Dirección escénica, Michal Znaniecki. Israel, Masada, junio de 2014

Un esfuerzo semejante en el aspecto ideológico y decorativo debía haberse mantenido en el aspecto musical, pero no fue así. Los cantantes, que lógicamente estaban amplificados, fueron la parte más débil de la representación. Aurelia Florian, una joven cantante rumana que aún está ampliando sus estudios con Raina Kabaivanska, fue sin duda la gran estrella de la noche y una Violetta digna de presentarse en cualquier gran teatro, por voz y por expresividad. Decepcionante en cambio el tenor francés Jean-François Borras, otro cantante joven a quien me gustaría ver en un teatro convencional para juzgar más adecuadamente, pero que, en principio, me pareció incapaz de llevar adelante un protagónico, sea Alfredo o cualquier otro de los que aparecen en su curriculum. Ionut Pascu, también rumano -como buena parte de los participantes en esta Traviata- cumplió suficientemente con su rol, sin destacar en absoluto. Modestos, pero no molestos, fueron los rendimientos de Flora, Annina y el Doctor. Noah Briger, el Baron Douphole, se vió favorecido por el bajo rendimiento de Borras hasta el punto de convertirse en digno contrincante o incluso superior a Alfredo: o sea, sentí que Violetta tomaba una decisión correcta volviendo con él, y puedo asegurarles que es la primera vez que tengo esta sensación.

Aurelia Florian como Violetta en 'La Traviata'. Dirección musical, Daniel Oren. Dirección escénica, Michal Znaniecki. Israel, Masada, junio de 2014

Afortunadamente, una representación amplificada como esta depende en gran medida de la orquesta y el coro, y ahí no hubo ningún problema y sí muchas satisfacciones. Daniel Orén es un director seguro, musical, sensible y aprovechó todos los recursos de la partitura verdiana para dar carácter y unidad a una representación que podría haber bordeado la catástrofe sin él. Junto con Florian, el gran protagonista de la noche.

Hay representaciones de las que sales encantado y a las pocas semanas se decoloran, quedan como un recuerdo brumoso. De esta Traviata salí siendo muy consciente de lo que no me había gustado, y sin embargo con el paso de los días, está surgiendo con fuerza la imagen de ese París de mentira en medio del desierto y de la realidad contundente, palpable, de las montañas y la fortaleza. Créanme, si tienen ocasión de ver una ópera a los pies de Massada no la pierdan.

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