Alemania

Boreyko, 'auf Wiedersehen'

Juan Carlos Tellechea
jueves, 10 de julio de 2014
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Düsseldorf, lunes, 30 de junio de 2014. Gran sala auditorio de la Tonhalle de Düsseldorf. Obertura festiva opus 96 de Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975). Olympische Festmusik de Werner Egk (1901 - 1975). Sinfonía nro. 4 en do menor, opus 43 de Dmitri Shostakóvich (1906 - 1975). Coro de la Asociación de Música de la ciudad de Düsseldorf, preparado por Marieddy Rossetto. Orquesta Sinfónica de Düsseldorf. Director Andrey Boreyko. 100% del aforo
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El director ruso de origen polaco Andrey Boreyko (Leningrado, hoy San Petersburgo, 1957) se despide este lunes 30 de junio de 2014 de su público, tras cinco años al frente de la Orquesta Sinfónica de Düsseldorf, que conmemora en esta temporada el 150º aniversario de su fundación.

Boreyko, quien desde 2012 es director principal de la Orchestre National de Belgique, en Bruselas, dirigirá a partir de la próxima temporada 2014/2015 la Naples Philharmonic Orchestra, en Florida, Estados Unidos. Todavía no ha sido elegido el sucesor de Boreyko al frente de la Sinfónica de Düsseldorf, que permanecerá sin director principal y sólo con interinazgos hasta 2016.

Soviética

La escuela soviética de Boreyko es inocultable, su técnica gestual nerviosa y centelleante recuerda a Mariss Jansons, quien fuera en 1973 director asociado de la Orquesta Filarmónica de Leningrado, hoy Orquesta Filarmónica de San Petersburgo, y hasta hace un mes director principal de la Orquesta Real del Concertgebouw de Ámsterdam.

De envidiable aspecto juvenil -cumple 57 años este 22 de julio- salta a la vista sobre el podio la presencia elegante, cuidada, coqueta de Boreyko, casi como la de un maestro de ballet (su madre rusa fue bailarina): pierna izquierda siempre por delante de la derecha, los pies formando casi un ángulo recto, smoking o frac con una faja color borra de vino; el director no disimula para nada sus ostensibles dotes de mando. El singular público de Düsseldorf le va a echar mucho de menos, con toda seguridad. Pero promete volver como director invitado. No es una despedida para siempre, sino un "auf Wiedersehen" (hasta la vista).

Düsseldorf

Boreyko se va en un momento en que la ciudad y sus pobladores discuten agitadamente el futuro funcionamiento y financiamiento de la Tonhalle y de la Orquesta Sinfónica de Düsseldorf para sacar a estas instituciones del letargo provinciano de su municipalidad, privatizarlas (el Círculo de Amigos de la Tonhalle está dispuesto a aportar el 10% del presupuesto) y transformarlas en sociedades con responsabilidad limitada, como ya ha ocurrido con éxito con instituciones similares de Colonia, Essen y Dortmund.

Programa

Las tres obras elegidas por el director para esta velada, última de la temporada 2013/2014, son ejecutadas por primera vez por la Orquesta Sinfónica de Düsseldorf.

La Obertura festiva opus 96, escrita por Dmitri Shostakóvich en 1947 para la conmemoración del 30º aniversario de la Revolución Rusa, y claro ejemplo de realismo socialista en la música, no pudo ser estrenada hasta 1954 (un año después de la muerte de Iósif Stalin, 1878 - 1953).

Boreyko relató al público, durante una presentación previa del concierto en la sala de conferencias de la Tonhalle, sus vivencias en la entonces Unión Soviética, entre ellas, una que le marcó profundamente, siendo muy joven y aún estudiante, cuando presenció en 1961 el estreno de la Sinfonía número 4 de Shostakóvich por la Orquesta Filarmónica de Moscú, bajo la dirección de Kirill Kondrashin.

En 1936 el diario Pravda había publicado una serie de ataques contra la música de este compositor. En un famoso artículo titulado "Caos en vez de música", cuya autoría ha sido atribuida a Stalin, se condenaba a Lady Macbeth de Mtsensk en términos drásticos, acusándola de esnobismo antipopular, pornofonía y formalismo. En 1948 Shostakóvich y otros compositores (Prokófiev, que optó por el silencio, o Jachaturián, que cedió a la presión de la purga) serían condenados por "desviaciones formalistas" (purga de Andrei Zhdánov, tercer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética) bajo el régimen estalinista.

Estalinismo

Las composiciones de Shostakóvich serían prohibidas y retirados los privilegios de los que gozaban él y su familia. Sólo en 1958, tras la muerte de Stalin, el Partido Comunista soviético consideraría injustas las críticas y levantaría las prohibiciones de las obras condenadas en las resoluciones de 1948.

Claro, para colmo de males, según la artificiosa mentalidad de aquel entonces, hoy vista como aberrante y grotesca, el final de la Obertura Festiva requiere de una fanfarria extra de tres trompetas, tres trombones y cuatro trompas, asunto que definitivamente caía en el terreno de los fatuos e individualistas efectos especiales, poco dignos de un compositor cuyo deber sería, supuestamente, el de estar al servicio del pueblo y no de la libre creación artística. Pero, lo paradójico del asunto es que sus composiciones eran realmente populares.

La Orquesta Sinfónica de Düsseldorf suena precisa, elocuente, muy cuidada. El resultado sonoro del concierto habla, además, de alguien como Boreyko que aprovechó a fondo su formación en la era soviética, que sabe lo que hace, tiene ideas propias y sabe transmitirlas muy bien.

Werner Egk

Interesante también, desde el punto de visto histórico, aunque no exenta de polémica en Alemania, fue la elección de la Olympische Festmusik, de Werner Egk, compuesta en 1936 por encargo (y adulación) del régimen genocida nazi de Adolf Hitler para los Juegos Olímpicos de Berlín.

Se trata de una obra casi olvidada y muy poco conocida hoy. Su tono es muy solemne en el primer movimiento "Einzug der Jünglinge" (Entrada de los jóvenes); muy marcial en el segundo ("Waffentanz") en el que se utiliza el órgano y que parece evocar la marcha de los gladiadores en alguna de las superproducciones de Hollywood; meditativo en el tercero ("Totenklage"); y de nuevo solemne, aparatoso, grandilocuente en el cuarto movimiento final ("Hymne"), con la intervención del Coro de la Sociedad de Música de la Ciudad de Düsseldorf, preparado excelentemente por la brasileña Marieddy Rossetto. Todo con mucho estruendo, un himno a la megalomanía del Führer.

Música y autoritarismo

Uno no termina de entender a qué cuento viene esta obra de Egk, algo completamente fuera de lugar, en una velada que abre y cierra con Shostakóvich. Pero Boreyko ha querido significar en este apartado de su gestión, titulado "Música y autoritarismo", lo que han tenido, y tienen aún, que soportar músicos, artistas e intelectuales enfrentados a la falta de libertad bajo regímenes dictatoriales para seguir creando. Para Shostakóvich era la época de las grandes purgas, en las que amigos y conocidos del compositor fueron enviados a prisión o ejecutados.

La "Cuarta"

La Sinfonía número 4 en do menor, opus 43 de Shostakóvich, una de las más trágicas de su serie, con episodios de gran violencia a la manera de Gustav Mahler, se mueve entre el humor socarrón y la tragedia.

El "Allegretto poco moderato" suena de forma impresionante, vibrante con la Sinfónica de Düsseldorf bajo la batuta de Boreyko. El trabajo de las cuerdas, las maderas y los vientos es extraordinario; también en el segundo movimiento ("Moderato con moto"). En cada corchea Shostakóvich parece enviar un mensaje críptico a la posteridad sobre la cuestión de la libertad y la opresión.

Imágenes

Los ritmos siniestros, la ironía, así como la sensación de inseguridad y violencia son sobrecogedores. No resulta extraño que esta música fuera compuesta por Shostakóvich en un oscuro período histórico de su país, en el que muchos temían por su vida. En el "Largo - Allegro" final uno puede imaginarse por momentos las escenas del juicio político a que fue sometido en el seno de la Unión de Compositores Soviéticos para desprestigiarlo. Y mientras transcurre el larguísimo fragmento que cierra la obra y la música se va extinguiendo, desapareciendo en la nada, tras una hora de ejecución, asaltan al espectador irremediablemente todo tipo de imágenes execrables que lo llevan a una honda meditación.

Terror

En diciembre de 1936, y tras algunos ensayos, Shostakóvich retiró esta sinfonía (estaba escribiendo su tercer y último movimiento cuando se reunía la Unión de Compositores para acusarlo de enemigo de la sociedad soviética) sin llegar a estrenarla (no lo fue hasta 1961) por temor a la reacción que pudiera provocar; podría haber caído como una bomba en medio del clima de terror que las autoridades soviéticas pretendían encubrir con obras de arte brillantes y optimistas.

La pieza, que exige una enorme orquesta, continúa siendo hasta hoy una de las sinfonías menos conocidas de Shostakóvich. Esta es precisamente la idea y la intención de Boreyko, quien la dirigió en 2005 cuando debutó al frente de la New York Philharmonic y la grabó en disco compacto con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Stuttgart en 2007: rescatarla del olvido al terminar su función como director principal de la Sinfónica de Düsseldorf que ahora toca por primera vez en su historia una de las últimas obras musicales vanguardistas compuestas en la Unión Soviética durante el estalinismo (pese y no gracias a él), bajo la imposición dictatorial y autocrática del llamado "realismo socialista".

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