Israel

Algo más que debutantes

Maruxa Baliñas

miércoles, 16 de julio de 2014
Acre-Akko, jueves, 19 de junio de 2014. Fortaleza de los Cruzados. Don Giovanni, ópera bufa en dos actos de W. A. Mozart sobre un libreto de Lorenzo da Ponte. Estreno, Teatro Nacional de Praga, 29 de octubre de 1787. Dirección escénica, Dedi Baron. Decorados y vestuario, Dana Tsarfaty. Iluminación, Derek Grank. Sonido, Isaac Fried. Elenco: Oded Reich (Don Giovanni), Yair Poloshook (Leporello), Na'ama Goldman (Donna Elvira), Efrat Ashkenazi (Donna Anna), Eitan Drori (Don Ottavio), Alla Vasilevitsky (Zerlina), Gabriel Lowenheim (Masetto) y Yakov Strizhak (Commendatore). The Moran Singers Ensemble (Naomi Faran, directora). The Israel Chamber Orchestra. Dirección musical, Daniel Cohen. Festival de Ópera de Masada y Akko 2014

Este año 2014 el Festival de Ópera de Masada, organizado por la Ópera de Israel, decidió ampliar su oferta y añadir un nuevo escenario al ya tradicional a los pies de la fortaleza de Masada. Para ello eligió un espacio totalmente distinto, un patio en la Fortaleza de los Cruzados de Acre (actualmente Akko). Y si Masada se concibe como un escenario monumental -en la rueda de prensa previa a La Traviata se hablaba de la Arena de Verona en comparación con Masada- los espectáculos en Acre se plantearon de un modo más modesto, aunque no menos ambicioso. Nuevamente las instalaciones -escenario y graderíos- eran efímeras, pero sin grandilocuencias. De hecho, resultaba curioso durante la representación ver que en los laterales del escenario estaban ocurriendo cosas: pasaba gente, había guardias de seguridad (a la representación asistía, cuando menos, el Ministro de Turismo), cantantes y técnicos de la ópera ... Nuevamente, aunque sospecho que en este caso sin ser tan conscientes, la construcción de la ópera como entelequia, como constructo radicado en un espacio anterior a la propia aparición de la ópera y con una finalidad totalmente distinta.

La mayor diferencia con Masada estuvo en el planteamiento 'chovinista' dado a la ópera. Y uso este adjetivo sin el menor retintín. Personalmente considero que una de las finalidades de cualquier festival de este tipo tiene que ser el dar a conocer a las figuras locales -especialmente las jóvenes- ante un público internacional. Y ciertamente la Ópera de Israel mostró un buen plantel, desde los cantantes hasta la dirección escénica y musical.

El más interesante me pareció el director de orquesta Daniel Cohen, quien en calidad de violinista participó en varias ocasiones en la Orquesta del West-Eastern Divan. Como director de ópera ha hecho media docena de títulos en la Ópera de Israel, pero este era su primer Don Giovanni y su segundo Mozart, lo que no le restó -por lo menos aparentemente- seguridad. La orquesta no era muy amplia, pero resultaba más que suficiente y sobre todo tenía la experiencia que le faltaba a la mayoría de los intérpretes, por lo que se convirtió en un factor de seguridad.

Momento de la representación de 'Don Giovanni' de Mozart. Dirección musical, Daniel Cohen. Dirección escénica, Dedi Baron. Acre, Ópera de Israel, junio de 2014. Festival de Ópera de Masada y Akko

La mayoría de los cantantes se estrenaban en el rol, empezando por Don Giovanni, Oded Reich, quien ha cantado diversos secundarios en la Ópera de Israel pero nunca un protagónico. Ello no fue óbice para que -como Cohen- mostrara seguridad cantando y una buena capacidad actoral, lo que es más que suficiente en este momento de su carrera. Algo más irregular fue su alter ego Leporello, Yair Poloshook, un barítono que hasta el momento sólo había hecho un Marqués en Traviata y otros papeles aún menores (además de Papageno durante su etapa en el programa Meitar Opera Studio de la Ópera de Israel). Insuficientes para el papel me parecieron Strizhak, el Comendador, a quien en su aparición final le salvó la amplificación, y especialmente Eitan Drori, que hacía el papel de Don Ottavio, en mi opinión el más flojo de los cantantes. No quiero sin embargo juzgarlos con dureza, porque ambos son todavía estudiantes del programa Meitar y este era seguramente su mayor compromiso hasta el momento.

En el lado femenino Na'ama Goldman -algo más experimentada que la media de sus compañeros- y Efrat Ashkenazi cumplieron correctamente con la exigencias de sus roles, pero el hecho de ser debutantes en ellos hizo que tuvieran altibajos y aprovecharan poco las posibilidades expresivas que les proporciona Mozart. Además la producción escénica de Baron tampoco contribuía a definir e individualizar sus roles. Más satisfactoria me resultó Alla Vasilevitsky, que por momentos mostró una ligereza y un desparpajo muy apropiados para Zerlina y dominó a su Lowenheim, un cantante discreto pero seguro.

Momento de la representación de 'Don Giovanni' de Mozart. Dirección musical, Daniel Cohen. Dirección escénica, Dedi Baron. Acre, Ópera de Israel, junio de 2014

La producción de Dedi Baron, una directora teatral israelí de amplia carrera aunque no en la ópera, tuvo detalles interesantes, pero no llegó a presentar una idea rectora significativa (o por lo menos yo no la encontré). Interesantes visualmente las figuras femeninas con sus vestimentas prácticamente en blanco en las que destacaban las bocas en rojo pintadas como diversas muecas, que eran una curiosa mezcla de uniformidad e individualidad (ya que cada traje era distinto aunque coincidiera el color, y las muecas las diferenciaban, pero no suficientemente). Muy correcta la conversión de Don Giovanni en un héroe rockero acostumbrado a las atenciones de sus fans, pero al tiempo con un look algo gótico y decadente que anticipa ya lo que serán sus fracasos amorosos durante la ópera. No llegué a entender la presentación del Commendatore durante la obertura como una especie de Don Giovanni viejo rodeado de mujeres a las que abandona sólo cuando tienen que salir en ayuda de su hija. Acaso la idea de crear un hilo conductor entre Commenndatore (el Don Juan viejo y hastiado), Don Giovanni (el Don Juan empezando su decadencia) y Leporello (el aprendiz de Don Juan) podría ser interesante, pero la idea queda desdibujada tras el comienzo y además se contradice con el texto y la música de Da Ponte-Mozart por lo que Baron tendría que haberla afirmado mucho más si quería ser convincente. Sencillos los decorados, pero efectivos, y atractivo el vestuario. Muy lograda la parte videográfica y la iluminación.

Hablaba al comienzo de la ópera de las diferencias 'externas' entre La Traviata de Masada y este Don Giovanni, de la grandiosidad a la sencillez, del montaje internacional al local, de la experiencia al debut, pero desde el primer momento me sentí más atraída por este Don Giovanni, porque la gran diferencia estaba en el entusiasmo y la magia que se creó en ese modesto patio. Sí, eran debutantes, sí, faltaba experiencia, pero lo que no faltó fue amor por la ópera y una confianza firme en lo que estaban haciendo.

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