Argentina

Fin del vendaval Barenboim en Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero
jueves, 21 de agosto de 2014
Buenos Aires, miércoles, 13 de agosto de 2014. Teatro Colón. Orquesta West-Eastern Divan (WEDO). Dirección musical: Daniel Barenboim. Obras: Wolfgang A. Mozart: Obertura de la ópera Las bodas de Fígaro. Ayal Adler: Resonating Sounds (Estreno mundial). Kareem Roustom: Ramal (Estreno mundial). Maurice Ravel: Rapsodia española, Alborada del Gracioso, Pavana para una infanta difunta, Bolero. Sexto Concierto de la Temporada 2014 del Mozarteum Argentino
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Por once días la ciudad de Buenos Aires disfrutó de la presencia del ciudadano del mundo -nacido en la Argentina- Daniel Barenboim junto a la orquesta fundada por Edward Said y el mismo Baremboim, con sede actual en la ciudad de Sevilla, denominada West-Eastern Divan Orchestra (WEDO). En estos once días se ofrecieron doce presentaciones para el Teatro Colón y sus abonos líricos y el abono estelar, el Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, una jornada de reflexión dentro del denominado 'Ciclo de Música y Reflexión' y dos conciertos para el Mozarteum Argentino, entidad con la que Barenboim tiene el mayor historial de presentaciones en la Argentina -iniciado en 1980- y el ligamen artístico y personal más entrañable.

Esta última jornada prometía una especie de recapitulación de este verdadero 'vendaval Barenboim' con la presentación de obras ya apreciadas durante los días precedentes y dos estrenos mundiales pedidos especialmente por la WEDO y el maestro para ofrecer en Buenos Aires y ante el público del Mozarteun Argentino.

Siendo el Mozaretum no podía faltar en la apertura una obra del mentor de la entidad. Así una chispeante, perfecta y ajustadísima versión de la Obertura de Las bodas de Fígaro de Mozart dio inicio al clima de fiesta presente en toda la velada, con un teatro colmado hasta en los lugares de nula visibilidad.

Luego, el gran gesto de valor simbólico: efectuar dos estrenos mundiales y hacerlo con partituras escritas tanto por un sirio como por un israelí. Uniendo, como es meta de la WEDO, a árabes e israelíes por medio de la música.

Primero fue Resonating Sounds, del compositor israelí Ayal Adler, nacido en Jerusalén en 1968. La composición se inicia con un inmenso cluster al que le sigue el tratamiento melódico en el registro más alto de las cuerdas. Estos ecos o reminiscencias de sonidos están usados intentando explorar la riqueza tímbrica de una orquesta completa, con permanentes contrastes entre los registros graves y agudos, cambios de tiempos y dinámicas. La orquesta se plegó con seriedad y profesionalismo a las búsquedas del autor y tanto la obra como el compositor -presente en la sala- recibieron un cordial aplauso.

Aquí Daniel Barenboim como simpático maestro de ceremonias explicó que el compositor sirio Kareen Rouston, nacido en 1971, ya no estaba en Buenos Aires pero que sí presenció el concierto del lunes y que no debía buscarse en esta ausencia ningún gesto negativo. Dicho esto se inició Ramal -cuyo nombre indica una métrica poética utilizada en la poesía clásica árabe- menos abstracta que la anterior y con una sobria caracterización de la inestabilidad de este mundo y específicamente la devastadora situación actual de Siria, como describe el propio compositor. La obra, menos moderna si se quiere con respecto a los clusters y los extremos armónicos de la anterior y de mayor impacto auditivo general, fue mucho mejor recibida por el público que tributó un caluroso aplauso.

La segunda parte estuvo dedicada al Maurice Ravel ‘español’, así desfilaron Rapsodia española, Alborada del gracioso y Pavana para una infanta difunta que fueron vertidas en versiones plenas de contrastes, con perfecta definición de los planos sonoros y las intensidades, y con lucimiento general del conjunto y particular de los distintos solistas.

Por último el famoso Bolero de Ravel, ejecución que Barenboim dejó en manos de la orquesta y principalmente del redoblante, estratégicamente ubicado en el centro de la orquesta detrás de las cuerdas. Con un gesto inusual, al iniciar la obra el maestro dejó el podio y se sentó en medio de los músicos -al lado de la saxofonista para ser más precisos- para sobre el final salir directamente del escenario. Es obvio que tanto la orquesta como el maestro pueden darse esos lujos a fuerza de estrictos ensayos y concentración. El final marcó el delirio del público.

Para terminar Barenboim se dirigió nuevamente al público para expresar su alegría por esos días en Buenos Aires, su agradecimiento el Mozarteum Argentino -gestor de la mayoría de sus presencias en Buenos Aires-, anunciar que la experiencia del Festival se repetirá el año próximo con más empeño en la reflexión, específicamente sobre la justicia, y despedirse hasta el año próximo con El Firulete del argentino Mariano Mores con arreglo de José Carli.

En suma: brillante cierre para once días culturalmente intensos en Buenos Aires.

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