Argentina

Ernani en Avellaneda

Juan A. Smith

martes, 11 de diciembre de 2001
Avellaneda, sábado, 20 de octubre de 2001. Teatro Roma. Giuseppe Verdi: Ernani. Régie: Daniel Suárez Marzal, Escenografía: Horacio Pigozzi, Vestuario: Mini Zuccheri, Iluminación: Nicolás Trovato. Elenco: Oscar Imhoff / Gerardo Marandino (Ernani), Patricia Gutiérrez / Marcela Paturlanne (Elvira), Luis Gaeta / Federico Sanguinetti / Omar Carrión (Carlo), Ariel Cazes / Alejandro Di Nardo (Silva), Silvina Martino / Vanesa Tomás / Laura Bruno (Giovanna), Luis Cejas / Martín Lira / Norberto Lara (Riccardo), Claudio Rotella / Marcelo Benetti (Jago). Coro del Teatro Roma (director: Roberto Luvini), Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda. Director Musical: Mario De Rose. Representaciones los días 20, 21, 26, 27 y 28 de octubre de 2001.
El simpático Teatro Roma, situado en la modesta localidad bonaerense de Avellaneda, está, a nuestro juicio, perseverando en un error. Este coliseo, que dispone de una pequeña sala, escasos recursos económicos y limitadas posibilidades artísticas, en vez de programar óperas de cámara o títulos del barroco y del clasicismo, se obstina en montar los grandes melodramas de los operistas románticos (Don Carlo, Il corsaro, I puritani, etcétera); hasta ahora, con pobres resultados.Si nuestro Teatro Colón no ha logrado ofrecer títulos de Verdi con elenco argentino, no vemos como un centro musical de tan limitada entidad pueda triunfar allí donde otros han fracasado. Programar una ópera como Ernani es, en este contexto, un acto de soberbia (o de ignorancia lisa y llana, ¿quién sabe?) que resulta difícil entender. El mayor problema de esta producción fue el elenco que, salvo excepciones, no alcanzó a cubrir las expectativas. Y convocar a una cantidad de cantantes uruguayos - nueva costumbre que Avellaneda está intentando imponer - no mejoró la situación.Para cubrir el arduo rol del título se convocó a Oscar Imhoff y a Gerardo Marandino. Imhoff, cantante del Colón de muy buenos antecedentes e indudable talento, no alcanzó a convencernos. De cualquier forma, su prestación fue infinitamente más digna que la del uruguayo Gerardo Marandino, un 'tenorino' que está destruyendo su patrimonio vocal cantando Verdi; sería hora que este joven buscara asesoramiento.Patricia Gutiérrez, también artista del Colón, cantó Elvira con la solvencia musical a la que nos tiene acostumbrados; de cualquier forma, la opacidad de sus centros y la escasez de real brillo vocal son difícilmente perdonables en este repertorio. Aún así, su interpretación superó ampliamente a la de Marcela Paturlanne, elemento bisoño que, aún teniendo buen material vocal, no llega a parecernos una artista profesional.Hubo tres barítonos para el rol de Carlo. Luis Gaeta, otro elemento del Colón, fue indudablemente el mejor; las limitadas dimensiones del Roma lo favorecen. Federico Sanguinetti, un joven uruguayo, forzó a más no poder y de alguna forma logró llegar al final de la ópera; le recomendamos dedicarse por ahora a Cimarosa o Paisiello y refinar su actuación escénica. Omar Carrión, pese a su profesionalidad y excelente fraseo, no es un barítono verdiano... inclusive nos preguntamos si es un barítono.Entre tanta medianía, resultó grato escuchar a Ariel Cazes en el papel de Silva. Cazes posee una buena voz de bajo cantante, razonablemente timbrada y emitida, además de una excelente presencia en el escenario; fue, indudablemente, el mejor elemento de esta producción. Alejandro Di Nardo, por su parte, nos pareció muy inmaduro para este repertorio: buen material, el suyo, pero necesitado de más y mejor apoyo técnico.El Roma nos acostumbró, a lo largo de esta temporada, a escuchar pésimos comprimarios, provenientes del exiguo Coro del Teatro, pero con este Ernani se ha tocado el punto más bajo: los señores Cejas, Lira, Lara, Rotella y Benetti no pudieron con sus brevísimas frases y nos preguntamos con qué criterio se los seleccionó. No así las damas, señoras Martino, Tomás y Bruno, que se desempeñaron honorablemente.La presentación escénica de Daniel Suárez Marzal y Horacio Pigozzi nos pareció sobria y acertada, sobre todo teniendo en cuenta los disparates que veníamos de ver en Alzira e I Capuleti e i Montecchi, títulos en los que Fernanda Ramondo y Alejandro Ullúa destruyeron la ya escasa credibilidad de sus respectivos libretos.Los cuerpos artísticos intervinientes, no es novedad, son de singular modestia profesional. El pequeño Coro del Teatro, instruido por el empeñoso Roberto Luvini, pareció nada más que correcto. La Orquesta de Avellaneda, bajo la dirección de su maestro estable, Mario De Rose, resultó apenas eficaz (notoriamente destemplados y desafinados los sonidos que provenían de los violines primeros y de los violonchelos).Con todo, persiste la impresión de De Rose es un excelente director sinfónico y de banda que se acerca a la ópera como quien está de paso por territorio ajeno. No nos explicamos, de otra forma, porqué insistir con tempi tan difíciles para los solistas que, para peor, deben acometer odiosas 'versiones integrales' de estos grandes títulos, cuando la verdad es que en la Argentina casi no se dispone de cantantes que puedan hacer honor a la ardua escritura de los compositores del romanticismo italiano. Parecería casi que se intenta emular, desde el subdesarrollo, a Riccardo Muti.En resumen: este Ernani fue otro modesto fruto de la singular (e incomprensible) política artística que está llevando adelante este entrañable teatro de provincia, que debería tomar conciencia de una vez de sus exiguas posibilidades, además de asumir criterios de programación más realistas y pergeñados por profesionales de la ópera, no por aficionados entusiastas devenidos en director artísticos.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.