Argentina

'Mavra' y 'Gianni Schicchi' en Buenos Aires

Juan A. Smith

miércoles, 19 de diciembre de 2001
Buenos Aires (Argentina), jueves, 18 de octubre de 2001. Teatro Avenida de Buenos Aires (Argentina). Igor Stravinsky: 'Mavra'. Elenco: Armando Noguera (Vassily), Graciela Oddone (Parasha), Mariana Rewerski (Vecina), Susana Moncayo (Madre). Orquesta Juventus Lyrica. Régie y escenografía: Horacio Pigozzi. Vestuario: Mercedes Colombo. Iluminación: Luis Pereiro. Director musical: Emiliano Greizerstein Giacomo Puccini: 'Gianni Schicchi'. Elenco: Gui Gallardo (Schicchi), Enrique Folger/Marcos Padilla (Rinuccio), María Daneri/Virginia Tola (Lauretta), Marta Cullerés (Zita), Vanesa Mautner (Ciesca), Gisela Barok (Nella), Ricardo González Dorrego/Saulo García Diepa (Gherardo), Sebastián Sorarrain (Marco), Leonardo Estévez (Betto), Alejandro Di Nardo/Leonardo Palma (Simone), Mirko Tomas / Sebastiano De Filippi (Amantio), Fernando Núñez/Sebastiano De Filippi (Spinelloccio), Sebastiano De Filippi/Mirko Tomas (Pinellino), Fernando Núñez/Carlos Trujillo (Guccio), Matías Zayas (Gherardino). Orquesta Juventus Lyrica. Régie: Florencia Sanguinetti. Escenografía: Luis Martínez. Vestuario: Mercedes Colombo. Iluminación: Luis Pereiro. Director musical: Emiliano Greizerstein. Teatro Avenida de Buenos Aires (Argentina): 18, 20 y 21 de octubre de 2001.
La asociación Juventus Lyrica, que se dedica a organizar temporadas de ópera recurriendo a elencos integrados por jóvenes artistas argentinos, acertó en ofrecer en una única función dos comedias muy dispares pero igualmente deliciosas: Mavra de Stravinsky y Gianni Schicchi de Puccini. Ambas fueron digiridas con mano segura y buen sentido del estilo por el jovencísimo maestro Emiliano Greizerstein.Mavra contó con una inteligente puesta de Horacio Pigozzi y con un elenco muy meritorio, empezando por el correntino Armando Noguera, que debutó en estas funciones como tenor (venía cantando partes de barítono) con todo éxito. También excelentes estuvieron Graciela Oddone, una soprano salida de las filas del Colón y ahora radicada en Europa, y Mariana Rewerski, artista que une a su notable caudal vocal un atractivo físico muy bienvenido.Lo más débil del reparto fue Susana Moncayo. Para empezar, Moncayo no posee la voz de contralto que requiere la parte. Pero lo más criticable es su emisión, notoriamente fija y estridente: nos recordó a algunas malas intérpretes de música antigua que creen que es apropiado hacer que la voz cantada se asemeje a un 'silbato'.Tras un breve intervalo pudo disfrutarse Gianni Schicchi, la genial obra pucciniana, en una ajustadísima puesta de Florencia Sanguinetti, que no dejó nada librado al azar. Protagonista de esta ópera fue el veterano Gui Gallardo, quien –más allá de alguna nota tirante y de algún traspiés musical– cumplió con una buena actuación (hubiera sido difícil ver a un barítono demasiado joven en este rol).Tuvimos dos sopranos para la parte de Lauretta, ambas de rendimiento desparejo. María Daneri cumplió con corrección: sería bueno que desterrara el molesto vicio que tiene de 'entubar' su bonita voz, cantando todo con una 'o'. Virginia Tola, de ascendente carrera internacional (inexplicablemente relegada al segundo elenco) estuvo mejor, pero sin descollar. su 'Oh mio babbino caro' fue cantado a un tempo inusualmente rápido y sin el mínimo rubato pucciniano. Nos preguntamos si acaso esté atravesando un momento vocal no demasiado afortunado.Dos también fueron los tenores. Enrique Folger ofreció buen fraseo, dicción incisiva y grata presencia escénica, pero parece no tener idea de qué hacer con su voz: pudo superar los escollos de su aguda romanza a pura fuerza muscular, sin preocuparse mínimamente por cantar sul fiato. Marcos Padilla pareció la otra cara de la medalla: buena voz, emisión franca, efectivos agudos, pero ninguna interpretación ni arte.El grupo de los parientes de Buoso Donati actuó y cantó en forma 'afiatada', aunque se notaron desniveles en lo vocal. En un plano de excelencia se situaron Barok, González Dorrego y Di Nardo (respectivamente Nella, Gherardo y Simone), con voces de buen timbre y bien proyectadas. Más dificultades tuvieron Cullerés (al borde del 'gallo' en los agudos), Mautner (voz escasamente timbrada), García Diepa (siquiera parece un solista de ópera) y Sorarrain (voz minúscula y nada baritonal).Párrafo aparte merecen el 'Betto' de Leonardo Estévez y el 'Simone' de Leonardo Palma. Voces privilegiadas por volumen y color, ambas necesitan de mayor cuidado técnico: la excelente voz baritonal de Estévez suena pavorosamente 'engolada' y la de bajo profundo de Palma no se pliega al menor matiz y es peligrosamente 'calante'.Los personajes de carácter estuvieron bastante bien 'servidos'. Mirko Tomas fue un buen 'Amantio de Nicolao' (el notario), aunque su dicción deba ser perfeccionada. Fernando Núñez compone un histriónico 'doctor Spinelloccio'; con todo, su voz de bari-tenor no es precisamente lo ideal para un rol de bajo 'buffo'. En otras funciones, Sebastiano De Filippi se hizo cargo de ambos roles y demostró excelente 'vis comica' y un material baritonal interesante pero aún inmaduro.

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