Argentina

'Nabucco' de Verdi en Rosario

Juan A. Smith

miércoles, 19 de diciembre de 2001
Rosario (Argentina), viernes, 7 de diciembre de 2001. Teatro del Círculo de Rosario (Argentina). Giuseppe Verdi: 'Nabucco'. Elenco: Leonardo López Linares (Nabucco), Adelaida Negri (Abigaille), Ariel Cazes (Zaccaria), Gerardo Marandino (Ismaele), Gabriela Cipriani Zec (Fenena), Sandra López (Anna), Gerardo Constantini (Abdallo), Edgardo Rinaldi (Sacerdote). Coro Lírico 'Pía Malagoli' (director: Rubén Coria). Orquesta de la Ópera de Rosario. Régie: Rubén Berasain. Escenografía: Rubén Berasain. Vestuario: Teatro Colón. Iluminación: Héctor Aguilera. Director musical: Luis Gorelik. Teatro del Círculo de Rosario (Argentina): 7 y 9 de diciembre 2001
La asociación Ópera de Rosario, meritoria entidad independiente que para este año verdiano ha logrado montar esta muy digna versión de Nabucodonosor en el bello ámbito del Teatro del Círculo, concretó con esta presentación el segundo espectáculo lírico que la ciudad de Rosario ha podido disfrutar durante el año 2001, tras La Bohéme del pasado mes de julio.Los organizadores rosarinos han convocado a un elenco interesante, aunque algo dispar, de voces rioplatenses, y a Rubén Berasain, personalidad ligada al Teatro Colón de Buenos Aires, que se hizo cargo de la puesta en escena de la ópera, aportando asimismo elementos de escenografía y vestuario pertenecientes al primer coliseo argentino, con resultados estéticos más que plausibles.El protagonista, el joven Leonardo López Linares, parece estar atravesando un buen momento artístico y nos sorprendió por la solidez de su prestación vocal, que incluyó un sonoro 'la bemol' sobre-agudo con el que coronó su cabaletta. En lo que nos parece una de las actuaciones más parejas que le hemos visto, Linares satisfizo las exigencias de su rol con sus generosos medios vocales. Sólo puede lamentarse cierta superficialidad interpretativa y su limitadísima capacidad actoral.Adelaida Negri, figura bien conocida aún en Europa, estuvo en su salsa. En un rol que conviene perfectamente a sus medios de 'soprano sfogato', Negri cantó con mucha garra y actuó en forma efectiva. En este repertorio -y particularmente en papeles como el de 'Abigaille' o 'Lady Macbeth'- ciertas desigualdades y estridencias de su ampulosa voz no molestan demasiado y son fácilmente perdonadas.Lamentamos notar que el uruguayo Ariel Cazes ha dado un paso en falso en su ascendente trayectoria sudamericana. Dotado de muy apreciables medios vocales (una voz de bajo cantante gratamente timbrada) y de impresionante estampa, Cazes no logró superar las tremendas dificultades de la escritura de su papel y se vio obligado a cantar a la octava baja algunos de los pasajes más arduos de su música; lo antedicho fue en 'Come notte a sol fulgente' y en 'Niuna pietra ove sorse l'altera Babilonia'.Gerardo Marandino, otro uruguayo, sigue obstinado en abordar un repertorio que está muy lejos de sus condiciones naturales (lo decimos sin tapujos: ¡debería cantar el 'Ernesto' de Don Pasquale y no Verdi!) y de su escuela (o falta de escuela). La forma en que este joven tenor empuja y fuerza su bonita voz, unida a la forma harto accidentada en la que emite su registro agudo -siempre abierto, chato y estridente- está perjudicando su fisiología en forma evidente.La mezzosoprano Gabriela Cipriani Zec se reivindicó -aunque más no fuera parcialmente- de la pobre actuación que le cupo cuando cantó I Capuleti e i Montecchi en el pequeño Teatro Roma de Avellaneda. Claro que el papel de 'Fenena' no ofrece tantas dificultades vocales como el del 'Romeo' belliniano...Entre los comprimarios, todos rosarinos, según hemos entendido, se destacó por su corrección Sandra López. Hubiéramos esperado más autoridad en el 'Gran Sacerdote' de Edgardo Rinaldi y en el 'Abdallo' de Gerardo Constantini; con todo, ambos lograron resolver sus breves cometidos con dignidad.Los mayores problemas de esta versión, pues, no pasaron por el elenco, sino por las limitaciones del coro y de la orquesta. Ello no puede extrañar: el Teatro del Círculo no es un teatro de ópera con una temporada oficial, por lo que no cuenta con cuerpos artísticos estables, ni con talleres que puedan manufacturar sus propias producciones escénicas, ni con un semillero de voces líricas suficientemente cultivado.El Coro Lírico 'Pia Malagoli' cantó en forma admirable, pero no deja de ser una empeñosa agrupación de aficionados: por supuesto, el hecho de que se trate de casi cien aficionados hace que el elevado número de coreutas supla, de alguna manera, a la escasa preparación técnica de los integrantes del grupo.La Orquesta de la Ópera de Rosario, más allá de su promisoria denominación, es un conjunto escasamente efectivo, reunido especialmente para la ocasión y constituido por apenas cuarenta músicos (decididamente pocos para esta ópera: el pobre sonido de las cuerdas nos recordó este hecho desde el primer compás y hasta el final de la ópera). La sección más débil de este conjunto pareció ser la de las maderas.No ayudó demasiado la concertación de Luis Gorelik, maestro argentino radicado en Israel y actualmente residente en Chile. Gorelik, que viene construyéndose cierto prestigio como director de conciertos, no alcanza a convencer como concertador operístico. Entiéndase bien, el maestro logró redondear una versión bastante correcta: sin embargo, faltó auténtico estilo verdiano, fraseo encendido, ritmo marcial y esa peculiar sensibilidad musical que permite al director 'respirar' con el cantante.Gorelik nos sorprendió con tempi excesivamente rápidos, que en ocasiones ponían en riesgo la concertación del palco escénico con el foso orquestal y, en todos los casos, dificultaban la articulación del texto y la proyección de las frases por parte de los solistas principales que -no lo olvidemos- estaban embarcados en un tour de force no menor, pues tanto el barítono como la soprano y el bajo deben lidiar con largas arias y enérgicos conjuntos, escritos en tesituras endemoniadamente agudas.El gesto de Gorelik, no siempre claro a la hora de llevar a buen puerto algunos de los fragmentos musicalmente más complejos, tampoco supo transmitir a la orquesta y al coro el enérgico pulso que Verdi requiere a la hora de acompañar a los solistas en sus feroces cabalette di forza. En fin, confesamos no sin alguna tristeza que en más de un momento hubiéramos deseado tener a una batuta más autorizada y avezada en el repertorio lírico al frente de las huestes musicales de este Nabucco.De cualquier manera, se trató de un esfuerzo artístico más que apreciable e indudablemente meritorio, del que sólo cabe lamentar que sea aislado.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.