España - Euskadi

La siesta siciliana

Patxi Madariaga

martes, 18 de diciembre de 2001
Bilbao, lunes, 10 de diciembre de 2001. Palacio Euskalduna. 'I vespri siciliani'. Ópera en cinco actos. Música: Giuseppe Verdi. Libreto: Eugene Scribe y Charles Duveyrier. Estrenada en París, L'Opera, el 13 de junio de 1855. La Duquesa Elena: Susan Neves. Arrigo: Janez Lotric. Giovanni da Procida: Carlo Colombara. Guido di Monforte: Franco Vassallo. El Conde Vaudemont: Elia Todisco, Señor de Bethune: José Manuel Díaz. Ninetta: Ainhoa Zubillaga. Danieli: José Ruiz. Tebaldo: Eduardo Santamaría. Roberto: Fernando Latorre. Manfredo: Pedro Calderón. Director musical: Antonello Allemandi. Dirección de escena: Federico Tiezzi. Escenografía: Carlo Maria Diappi. Orquesta Sinfónica de Szeged (Hungría). Coro Easo de San Sebastián. Coro de Ópera de Bilbao. Producción del Teatro de la Opera de Roma.
Me aburrí. Pese a que los cantantes pudieron con las durísimas exigencias de la partitura, la orquesta y el coro sonaron espléndidamente, y el director Antonello Allemandi condujo el conjunto con extraordinario pulso y precisión, me aburrí. Y es que Vísperas Sicilianas es una obra falta de toda tensión dramática en la que Verdi se limitó a poner, uno detrás de otro, números musicales cerrados según las más rancias normas de la 'grand opera'. Hay momentos en los que, pese a todo, logra aflorar el genio de Verdi y la obra brilla (por ejemplo, el cuarto acto) pero en general la percibo como una sucesión de melodías más o menos afortunadas, sin ningún plan general y que son cantadas por unos personajes de cartón piedra.En realidad si hay un plan general: adaptarse a las rígidas formas que la ópera de París exigía, es decir, tema histórico, escenas espectaculares con enormes conjuntos, un ballet, cinco actos y final apoteósico. Tan poco cómodo se sentía Verdi con estas normas y con el flojísimo libreto de Scribe (refrito de otro que ya había vendido a Donizetti en su día, con el título de Il Duca di Alba) que intentó desentenderse del proyecto en repetidas ocasiones. La desgana con la que trabajó se nota en el resultado final.Debutaba en Bilbao la soprano estadounidense Susan Neves, asumiendo el papel de la 'Duquesa Elena'. Dotada de una voz poderosa y bella, cantó su parte de manera espléndida, y brilló especialmente en el cuarto acto, con un emotivo 'Arrigo, ah parli a un core'. Estuvo algo menos entonada en el 'Bolero-siciliana' del último acto, la parte más lírica de su papel, y por tanto la menos adecuada a su cálida voz dramática. En cualquier caso, una muy buena soprano verdiana.El anunciado tenor Warren Mok tuvo que ser sustituido, por enfermedad y a última hora, por Janez Lotric. Lotric quien compuso un 'Arrigo' correcto. Su voz es mucho más bella en el registro agudo que en el fraseo donde muestra cierta fea nasalidad. Cantó con arrojo su parte, mostrando una muy buena línea de canto. Quizá se le pueda pedir algún esfuerzo adicional en la faceta teatral que no cuidó en absoluto.Hubo momentos magníficos del barítono Franco Vasallo. Es muy joven -32 años- y aún necesita madurar su voz, que, sin embargo, muestra ya un bello color baritonal. Su actuación fue irregular. Mucho mejor en sus intervenciones solistas que en los números de conjunto donde su voz se apagaba.Correcto el 'Procida' de Carlo Colombara y eficaz labor del resto del numeroso reparto y del coro.Especial mención merece la labor de la Orquesta Sinfónica de Szeged (Hungría). Bien ajustada, sonó de forma magnífica, dirigida, como ya quedó dicho antes, por Antonello Allemandi con una precisión y un pulso extraordinarios.Escena clásica, con unos bellos decorados que sugerían 'ruina' y 'decadencia'. No obstante, había en el vestuario detalles que chirriaban. Los franceses aparecían vestidos con uniformes militares del siglo XIX, mientras que los sicilianos llevaban ropas de la época en que supuestamente se desarrolla la acción. Y en la escena de la fiesta en el palacio, los invitados llevaban frac e iban tocados con un gorro siciliano. Los anacronismos no aportaban nada en absoluto a la escena. Quizá tan solo más confusión a la ya de por sí confusa historia.

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