Francia

Festival d’Automne 2: Petit comité

José Luis Besada
viernes, 14 de noviembre de 2014
París, jueves, 6 de noviembre de 2014. Los bajos de la Bastilla convocaban a inicios de noviembre al público para el concierto más íntimo de los propuestos por el Festival de Otoño en esta cuadragésimo tercera edición. El violista Antoine Tamestit ejercía de maestro de ceremonias, acompañado de su colega Garth Knox y de la violinista Carolin Widmann en un concierto para obras a solo de viola o en dúo. Pese a lo reducido del formato, lograron acaparar la atención del público parisino, que ocupó la sala por completo.
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Los bajos de la Bastilla convocaban a inicios de noviembre al público para el concierto más íntimo de los propuestos por el Festival de Otoño en esta cuadragésimo tercera edición. El violista Antoine Tamestit ejercía de maestro de ceremonias, acompañado de su colega Garth Knox y de la violinista Carolin Widmann en un concierto para obras a solo de viola o en dúo. Pese a lo reducido del formato, lograron acaparar la atención del público parisino, que ocupó la sala por completo.

Las dos piezas para viola sola que interpretó Tamestit marcaron un fuerte contraste. Por una parte, el estreno de Olga Neuwirth supuso un notable éxito a nivel de recepción. Su Weariness Heals Wounds, a veces obsesiva, por momentos desconcertante en sus abruptas rupturas de la lógica discursiva –totalmente deliberadas–, lograron un generoso aplauso del público. En cambio, Cante jondo recibió una respuesta bastante moderada. Es perfectamente entendible que el violista desee programar una obra de su padre en un marco como el de este festival, pero al lado del resto del programa puso en gran evidencia una cierta falta de imaginación por parte de su creador.

Los momentos más intensos se vivieron en los dúos. Tanto el binomio Tamestit-Knox como el Tamestit-Widmann se hallaban en perfecto balance de articulación, timbre y carácter, llegando a parecer en ocasiones un sofisticado metainstrumento de ocho cuerdas. Incluso el extreno de Knox, Footfalls and echoes: homage to Luigi Nono, que resultó ser la pieza más ingenua entre ellas –su fusión del timbre entre viola moderna y viola de amor amplificada era perfecta, pero la construcción de la forma un tanto decepcionante–, recibió un generoso aplauso. Merece ser destacado el dúo de Pesson –quien nos tiene habituados a sus delicados engranajes de relojero con un color sonoro quebradizo–, Paraphernalia es pródigo en articulaciones sorprendentes con un carácter lúdico que invitaba a la sonrisa. Por su parte, los dúos “canónicos” de Maderna, Kurtág y Holliger recibieron una lectura impecable.

Dado que el festival este año está dedicado a Nono, no podía faltar una obra del veneciano. Visto el programa, resulta evidente que el espíritu de su “Hay que caminar”, soñando para dos violines sobrevolaba la velada. No fue sin embargo la obra planeada por la producción, sino su pieza acusmática Für Paul Dessau. Cada vez se estila más en las programaciones francesas la presencia de estos interludios para electrónica, aunque el efecto no siempre es el mismo. En este caso, su presencia rompía la atmósfera íntima de las obras circundantes, como un elemento totalmente extraño al resto de la programación. Aunque quizás no sea mas que una impresión de alguien que comienza a bostezar con la moralina política –en este caso a través del discurso grabado de personalidades como Fidel Castro– como elemento vertebrador de ciertos posicionamientos artísticos. Fuera de su contexto histórico de origen empiezan a tomar con el tiempo un aspecto un tanto naif.

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