Discos

Riesgos y virtudes de las influencias

Paco Yáñez
lunes, 1 de diciembre de 2014
Beat Furrer: Wüstenbuch; ira-arca; Lied; Aer. Tora Augestad y Hélène Fauchère, sopranos. Sébastien Brohier, barítono. Eva Furrer, flauta. Vladislav Pesin, violín. Uli Fussenegger, contrabajo. Mikhail Dubov, piano. Trio Catch. Klangforum Wien. Beat Furrer, director. Barbara Fränzen y Peter Oswald, productores. Reiner Kühl, Thomas Kupilas, Rolf Lingenberg, Detlef Rebenstorf, Alexander Volkov y Ralf Willner, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 96:55 minutos de duración, grabados en Berlín, Colonia (Alemania) y Moscú (Rusia), los días 26 a 28 de marzo de 2010, 13 de diciembre de 2012, y 20 y 30 de junio de 2013. Kairos 0013312KAI. Distribuidor en España: Sémele Proyectos Musicales
0,0003757 Celebramos el próximo sábado, 6 de diciembre, los primeros 60 años de vida de ese auténtico catalizador de la música centroeuropea que es el compositor y director suizo Beat Furrer (Schaffhausen, 1954), efeméride a la que su sello de referencia, el austriaco Kairos, se suma con un nuevo monográfico en dos discos compactos que nos dan a conocer en este formato su obra de teatro musical (así la denomina Furrer) Wüstenbuch (2009), partitura que sigue en su catálogo escénico a piezas como Die Blinden (1989), Narcissus (1992-94), Begehren (1999-2001), Invocation (2002-03), o Fama (2004-05), parte de ellas con disponibilidad discográfica en sellos como Pan Classics, MGB o Kairos (de hecho, Begehren y Fama fueron reseñadas en su día en Mundoclasico.com).

En aquellas reseñas destacábamos la enorme permeabilidad de la que hacían gala dichas propuestas escénicas, algo que comporta un doble filo, pues si bien las influencias alquitaradas por el compositor suizo son de lo más selecto: los Wolfgang Rihm, Luigi Nono, Helmut Lachenmann, o Salvatore Sciarrino, cierto es que llegan ahogar sus aparatos estilísticos, convertidos durante no pocos compases en ágoras ecoicas en las que resuenan una y otra vez estéticas que son seña de identidad de dichos creadores, más que del propio Furrer. Wüstenbuch (2009) vuelve a poner sobre la mesa esta vampirización y esta dicotomía: la de la fértil influencia y la del solapamiento estilístico del yo. Es más, diría que a lo largo de las escenas que conforman Wüstenbuch (2009) lo que visitamos es la música contemporánea italiana de las últimas tres décadas, con una capital presencia desde Luigi Nono, en sus orígenes, hasta Salvatore Sciarrino, en la actualidad. La presencia de Luigi Nono se materializa ya no sólo por un recitado fonético que parece extraído de Prometeo (1981-85), sino por referencias textuales plenamente nonianas, como la de Antonio Machado, escritor que Beat Furrer convoca en su libreto junto al también español José Ángel Valente, además de Händl Klaus, Ingeborg Bachmann, Lucrecio, Apuleyo y el Papiro de Berlín Nº3024.

Wüstenbuch (2009) camina entre esos textos en medio del desierto, pues tal es su topología: la de un espacio aislado, seco, silente, donde la voz del compositor busca otros referentes para abismarse en la experiencia de la pérdida, empezando por los antiguo papiros egipcios custodiados en Berlín, para llegar a la visión que de esos mismos desiertos nos da la poetisa Ingeborg Bachmann. Algo nos recuerda este trabajo en palimpsesto sobre la escritura, con sus referencias egipcias y su rizoma de la palabra, a la ópera de José María Sánchez-Verdú GRAMMA. Jardines de la escritura (2006), si bien la propuesta del andaluz resuena de un modo más personal. El recorrido por el desierto al que Furrer nos invita en Wüstenbuch, de la mano de estas narraciones que van del diario a lo poemático, es un proceso de catarsis y purificación que, sin embargo, en lo que a estilo musical se refiere, no puedo decir que haya servido al propio Furrer para purgar la plétora de influencias, el cortejo de ecos que arrastra entre las arenas. Si por momentos es su propio catálogo el que resuena, la más pura ópera austriaca actual, con su convulsión, neoexpresionismo e incisividad rítmica en lo vocal, quizás con Fama como principal referente (especialmente obvia en la escena V), el final de esta travesía nos devuelve a Sciarrino, algo más que evidente en las escenas VIII (los ataques de flauta lindan la cita) y XII (en pasajes que podrían haber sido firmados por el compositor de Palermo en lo instrumental, no tanto en lo vocal). Otra presencia interpolada en este universo de impronta sciarriniana es la de Wolfgang Rihm, cuya ópera Die Eroberung von Mexico (1992) es referente, tanto por ritmos como por uso de la voz, en la escena XI de este Wüstenbuch que rezuma la calidad que Furrer destila como compositor, pero que vuelve a pecar de una impregnabilidad de estilo(s) un tanto excesiva. La interpretación, con el tan furreriano Klangforum Wien en lo instrumental y el propio compositor en la dirección, se antoja modélica a todos los niveles.

El exiguo segundo compacto (de tan sólo 28:38 minutos de duración) también nos muestra a un Beat Furrer en proceso de reorientación estética, señalando hacia muy diversas direcciones en cada una de sus tres partituras. La primera de ellas, ira-arca (2012), para flauta (Eva Furrer) y contrabajo (Uli Fussenegger), presenta en sus primeros minutos un paisaje convulso, abigarrado y repleto de sonoridades rugosas muy atractivas, en las que destaca un tratamiento del contrabajo que desnaturaliza por completo lo que solemos asociar a este instrumento, a través de col legno, glissandi y unas tesituras extremas que van de unos agudísimos prácticamente inconcecibles en los registros del contrabajo hasta sus habituales graves cavernosos, todo ello con un virtuosismo impactante. En ira-arca nos remite Furrer a los principios de la música incaica, aquí actualizada en su contrapunto estructural, en sus oscilaciones y polarizaciones, en una multiplicidad de capas tanto en ritmo (improntado por lo precolombino) como en texturas, hasta llegar (a partir del minuto 8:15) a pasajes que nos remiten a la flauta de pan andina, completamente extraños por sus series melódicas en el universo que ira-arca hasta aquí nos proponía, y al que vuelve en apenas unos segundos, con un frenesí de ataques sin tono, completando una partitura realmente atractiva, un insólito dúo para flauta baja y contrabajo soberbiamente ejecutado por sus dedicatarios, que dan una lección de dominio técnico y compenetración en esta endiablada página.

Las restantes partituras nos retrotraen a los años noventa, en primer lugar con el trío para clarinete, piano y violonchelo Aer (1991), cuyo título evoca a los presocráticos y su concepción del aire como origen de la materia. Ello da lugar a una exploración de las texturas desde el movimiento del aire en el clarinete, con especial mención para unos multifónicos que se erigen como activadores de complejidad, como gestación de estados y motivos que los restantes instrumentos completan y expanden con técnicas de lo más diverso, alcanzando diversos grados de condensación de la materia, siguiendo la lógica de esa proliferación desde el aire del clarinete, elemento que actúa como continuo en la partitura, gracias a los procesos de respiración circular. Gran lectura del Trio Catch, de enorme viveza, muy fluida y musical, con un especial cuidado en lo que se refiere a la proyección de sonoridades sin tonalidad en el clarinete, a cargo de la soberbia Boglárka Pecze (por cierto, misma grabación que la publicada por col legno (WWE 1CD 20424) dentro del monográfico dedicado este año al Trio Catch -disco que próximamente reseñaremos-).

Por último, Lied (1993), para violín y piano, nos conduce a otro Furrer, de insospechados dejes románticos transidos de un lirismo nostálgico. El violinista Vladislav Pesin y el pianista Mikhail Dubov dan cuenta de una partitura que podría caer en la sensiblería, en un deje trasnochado, dando relieve y calidad a esta página. El lied schubertiano Aus dem Flusse, parte del Winterreise (1827), es base para el recorrido de este Lied de Beat Furrer que va evolucionando desde la estela de Schubert en sus primeros compases, muy velada, apenas estructuras armónicas a la deriva, hacia el estilo de otro compositor que en no pocos escritos manifestó su amor por la música de Schubert: Morton Feldman. Es así que el final de Lied parece sumergirnos en los patrones del neoyorquino, en sus mínimas variaciones, en su expansión hacia lo infinito, creando una pieza que une dos mundos, así como una belleza sencilla, posromántica y genuina.

Las tomas de sonido son, como es habitual en Kairos, muy buenas. El libreto es también sobresaliente, con amplios e interesantes ensayos a cargo de Marie Luise Maintz, para las obras recogidas en los compactos, y del productor de Kairos, Peter Oswald, que lleva a cabo un repaso de la trayectoria estética de Beat Furrer a través de su relación con los textos literarios: un ejercicio de ensayo y erudición furreriana para no perdérselo. Además, se incluye el libreto al completo de Wüstenbuch y la pertinente información biográfica, además de fragmentos de partituras y fotografías. Un buen lanzamiento, así pues, para celebrar los 60 años de Beat Furrer, si bien en sus obras vuelven a darse algunos de los aspectos que tanto nos hacen atractiva su música, por la exquisitez de sus influencias, como nos hace dudar si el suizo pasará a la historia como una voz realmente personal: ese objetivo primordial del arte.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Kairos 
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