Discos

Wergo: ventanas a la historia

Paco Yáñez
lunes, 12 de enero de 2015
Arnold Schönberg: Pierrot Lunaire. Igor Stravinsky: Agon. Helga Pilarczyk, recitadora. Ensemble instrumental. Sinfonieorchester des Südwestfunks Baden-Baden. Pierre Boulez y Hans Rosbaud, directores. Ingo Schmidt-Lucas, resmasterización. Dos CDs ADD de 31:58 y 27:19 minutos de duración grabados en el Südwest-Tonstudio de Loffenau (Alemania) y en París (Francia), en 1957 y 1961. Wergo WER 6778 2 (Schönberg) y WER 6771 2 (Stravinsky)
0,0002804 Además de su prolífica actualización del repertorio musical contemporáneo, Wergo nos tiene acostumbrados a revisar con cierta frecuencia ya sean sus fondos discográficos o grabaciones radiofónicas que nos permiten visitar la historia en condiciones habitualmente óptimas. Éste es el caso de la soberbia serie 'Studio Reihe', de cuidadísima edición, a cuyas ventanas nos asomamos hoy para saludar a dos de los compositores que definieron el siglo XX, las propias bases y cimientos de nuestra contemporaneidad, aquí recogidos en sendos registros históricos que, además, desdibujan los perfiles con los que habitualmente se catalogan (¿restringen?), haciendo las lecturas de los rizomas del estilo si cabe un poco más complejas (ámbito este donde se define lo más sustantivo del arte). 

En primer lugar, la grabación pionera que el mítico Hans Rosbaud dirigió a la Sinfonieorchester des Südwestfunks Baden-Baden, el 8 de octubre de 1957, del último de los ballets de Igor Stravinsky (Oranienbaum, 1882 - Nueva York, 1971), Agon (1953-57), una de sus partituras más herméticas y desconocidas por el público (al menos, de nuestras salas de conciertos), pero al tiempo una de sus piezas más completas y ricas, definida por Simon Rattle como un pequeño manual de bolsillo en el que se condensaba la historia de la música desde la Renacimiento al dodecafonismo. Es en ese punto ‘final’ (que después fue ‘seguido’; incluso por el propio Stravinsky, que en sus partituras tardías se introduce en el serialismo y lo trasciende de muy diversos modos (y al decir ‘modos’ podemos incluir lo modal); generalmente en proteico y multidireccional diálogo con el pasado), donde podríamos decir que Hans Rosbaud desdibuja de una forma más intencional y lograda las fronteras estilísticas entre lo stravinskiano y lo schönberguiano, hacia donde hace escorar su lectura de Agon, pues concibe el ballet precisamente como un encuentro entre lo diatónico, lo modal y lo serial, si bien es a esa forma de organizar las alturas a la que concede una especial atención, con una exposición de sus lógicas interválicas muy marcada, apoyada en una lectura de corte camerístico, de bisturí, algo a lo que contribuye esta edición de Wergo, que espacia mucho (quizás un tanto de más) las danzas entre sí por medio de silencios. Ello no hace más que reforzar los contrastes internos de la obra, esa galería o museo de estilos, como también la ve Santiago Martín Bermúdez en su monografía stravinskiana editada por Península.

Si el propio Stravinsky afirmaba que «Agon contiene tres veces más música en el mismo espacio de tiempo que otras obras mías», la grabación de Hans Rosbaud (ya aparecida en CD en Accord, Adès y Deutsche Grammophon; y en vinilo en Véga y Wergo; si bien las tomas de Accord y Véga no podría asegurar que se traten de esta versión o de una supuesta grabación procedente del Domaine Musical parisino) es primorosa al respecto, si bien resulta del mismo modo unitaria como pocas, con un sonido acerado, potente, rotundamente expresivo, escorado hacia Schönberg, que sin duda subyace como una referencia para este ballet, como un punto de encuentro entre ambos genios (síntesis en la que agudizarían numerosos compositores posteriormente, con especial mención para Elliott Carter). Aunque contamos con lecturas de Agon a tener muy en cuenta, tanto las antiguas del propio Stravinsky (CBS/Sony) o la de Mravinsky (Melodiya), como las modernas de los Ashkenazy (Decca) o Tilson Thomas (RCA), quizás mantenga como mis referencias ésta de Hans Rosbaud, monolítica y firme, y la grabación radiofónica de Riccardo Chailly con su entonces Concertgebouworkest, el 16 de septiembre de 2001 (Muziekgroep Nederland MCCM 97033), más plural, rica y exuberante en timbres. 

Una cuestión más a destacar en esta edición de Wergo, realmente curiosa y que parece un despiste mayúsculo: tras los últimos cuatro tríos que cierran Agon, se ha incluido el ‘Präludium. Langsam’, primera de las 3 Orchesterstücke de Alban Berg, en un ‘corta-y-pega’ directo de las ediciones que tanto en Adès como en DG se comercializaron de este registro (que además incluían a Webern). Habida cuenta que en los datos del compacto nada se señala, debemos pensar que no se trata de un bonus, sino de un error de montaje (pena que el error no se estirase al resto de las piezas bergianas, que dado la raquítica duración de este disco hubiese compensado un poco este ‘sí-pero-no’).

También de la cosecha fundacional del sello Wergo es, precisamente, el que fue su primer LP lanzado al mercado, en 1962, que contenía el Pierrot Lunaire (1912) de Arnold Schönberg (Viena, 1874 - Los Angeles, 1951) con dirección de Pierre Boulez en 1961 a un ensemble instrumental en el que brillan los Luben Yordanoff, Louis Montaigne, Guy Deplus, Serge Collot, o Jacques Castagner. Pulcra interpretación, la suya, no tan brillante técnicamente como la del propio Boulez en 1977 para la CBS (Sony SMK 48466), que me parece preferible a la grabada en 1997 para la Deutsche Grammophon (457 630-2). Desde un punto de vista meramente instrumental, sigo considerando la lectura de Péter Eötvös con el Ensemble Modern (RCA 09026 61179 2) como la más contundente, la más expresionista; pero es que, precisamente, Boulez apostaba en 1961 por otra cosa, por una suerte de contención, de distancia, de suspensión, con un punto afrancesado, pero también con una transparencia y una frialdad más propias de lo stravinskiano. El resultado es delicioso, hipnótico, sombrío aunque no gris, sin rehuir lo poético y con un toque curiosamente grotesco que no deviene expresionista, y en el que resulta crucial la grandísima protagonista de este registro (junto con la reveladora dirección de Boulez): la recitadora Helga Pilarczyk, que da una lección de sprechgesang a la altura de lo mejor en esta partitura, cercana a otra gran lectura vocal del Pierrot, la de Mary Thomas en 1973 con David Atherton (Decca 425 626-2). Sólo por escuchar a Pilarczyk el disco se recomienda solo. Si añadimos una pulcritud inmaculada y un sentido musical que nos suspende en una suerte de bruma que nos atrapa a lo largo de toda la obra, casi delirante, podemos decir que estamos ante una de las versiones referenciales, de obligado conocimiento de una de las partituras axiales del siglo XX, lo cual no es decir poco. En todo caso, esa bruma no quiere decir que el tempo sea estático o lento, pues es una versión más rápida que todas las antes citadas, en buena medida por lo agudizado de sus contrastes, ya que en las partes más ágiles demuestra ser un registro de los años sesenta del pasado siglo: vivo y aristado.

Por lo que al sonido se refiere, ambos discos fueron remasterizados en DSD en el año 2012, con resultados excelentes que superan lo anteriormente conocido para ambas grabaciones. En el caso de Stravinsky, el cuerpo sonoro es potente, bien definido y razonablemente espacializado para tratarse de un registro mono. En Schönberg, la limpieza de la edición del 2012 es total, apenas se escucha ningún ruido de fondo, con una calidez y una definición tanto de la voz como de los instrumentos impactante, que ayuda mucho a disfrutar de esta versión primorosa. Los libretos son otro de los puntos fuerte de Studio Reihe: 72 páginas para el Stravinsky; 76, para el Schönberg, no especialmente prolijos en fotografías y dibujos (que los tienen), sino volcados en ensayos sobre las obras, explicaciones en profundidad a cargo de Helmut Kirchmeyer para Agon; y del propio Kirchmeyer y Pierre Boulez para el Pierrot Lunaire. Se justifica así, de algún modo, el elevado precio de estos compactos, habida cuenta su brevedad y el hecho de tratarse de reediciones; aunque, al fin y al cabo, ¿no es preferible una excelente edición de versiones históricas en serie alta que una anodina versión más en serie económica?

Estos discos han sido enviados para su recensión por el sello Wergo
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