España - Madrid

Promesas de Japón

Rúbén Gutiérrez del Castillo

jueves, 3 de enero de 2002
Madrid, jueves, 27 de diciembre de 2001. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Sala 34. !Mira la música! MNCARS/CDMC. John Cage: Ryoan-ji; Carlos Galán: Ryoan, op.50, Música Matérica XII. Grupo Cosmos 21. Alessandra Rombolá: flauta. Director: Carlos Galán. 150 personas.
El Templo Ryoan-ji, construido a las afueras de Kyoto a principios del siglo XV (tan solo a unos kilómetros del Templo Kinkaku-ji y su Pabellón Dorado, al que Yukio Mishima dedicó uno de sus más leídos trabajos), posee el famoso jardín de piedra diseñado por Soami en 1499. Se trata de un espacio compuesto por quince piedras dispuestas a lo largo de una superficie cubierta de grava blanca. Las piedras están agrupadas en cinco conjuntos, de 5, 2, 3, 2, y 3 piedras respectivamente, y su organización espacial es tal que desde cualquier perspectiva humana resulta imposible vislumbrar las quince piedras simultáneamente, ya que siempre al menos una quedará oculta en la sombra de otra de la las piedras.Espacio de peregrinación para los practicantes y simpatizantes del budismo Zen, el jardín de piedras del Templo Ryoan-ji ha resultado, por su composición, por su quietud explícita y por su energía potencial, un importante motivo de inspiración para músicos como aquellos cuyas obras se presentaban en el concierto ahora reseñado.John Cage (Los Angeles, 1912-New York, 1992), interesado desde su juventud en el pensamiento oriental, conoce en la Universidad de Columbia a D.T. Suzuki, quien le revela los secretos del budismo Zen. Desde entonces, el pensamiento Zen influye de manera determinante en la práctica musical de Cage. La indeterminación, el azar y la eliminación de cualquier jerarquía a la hora de enfrentarse al fenómeno sonoro, que caracterizaron en buena medida el trabajo de Cage, tienen su origen en el pensamiento Zen. Ryoan-ji (1983-1985), la obra presentada en el Museo Reina Sofía es, pues, un homenaje a una de las fuentes de su pensamiento musical. Inspirado en el canon simple, pero cambiante, de la estructura de las piedras en el jardín de Ryoan-ji, Cage concibe una obra (múltiples obras en realidad, ya que el mismo autor propone distintas versiones) estructurada alrededor de una especie de acorde en descomposición, acorde repetido a lo largo de toda la pieza pero nunca igual. Entre este sonido y su repetición, silencio. Y sobre el silencio la voz solista de la flauta desarrollando aspectos sonoros implícitos en el motivo principal.La interpretación de la obra por el rejuvenecido Grupo Cosmos 21 fue buena a pesar de la extrema dificultad de la pieza.Carlos Galán (Madrid, 1963) presentó Ryoan, Op. 50, una de sus obras de Música Matérica, concepto desarrollado desde mediados de los años 90 con el que el autor intenta "mostrar toda la energía que atesora el sonido per se, liberándolo de toda presencia rítmica o interválica, creando un lenguaje en el que está eliminada la más mínima retórica y donde la desnudez propuesta, sin embargo, no está reñida con su siempre sorprendente singularidad". Si bien es cierto que tras este concepto original, el oyente reconoce en las audiciones de obras matéricas, el eco de Helmut Lachenmann, Salvatore Sciarrino y de Giacinto Scelsi, las obras de Carlos Galán destacan por una fuerza expresiva y por una curiosidad sonora que le confieren personalidad propia en el panorama español e internacional. Ryoan, Op. 50 supone una abstracción del jardín de piedra del Templo Ryoan-ji, dotando a la superficie de grava y a sus accidentes de piedra de unos equivalentes sonoros. Se trata de una composición compleja con reminiscencias de las estructuras fractales dominada por una maravillosa combinación tímbrica que explicita la energía que, como todo fenómeno físico, el sonido y las piedras de Ryoan-ji tienen en su interior.Así pues, con el esfuerzo del Grupo Cosmos 21, y con los lienzos de Antoni Tapies como entorno (lienzos matéricos, con fuertes influencias también del pensamiento Zen), los presentes pudimos disfrutar, desde la madrileña plaza de Atocha, de dos personales recreaciones un Japón prometido pero aún lejano.

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