Reportajes

Guerra y Paz en Monte Líbano: Festival Al Bustan

Agustín Blanco Bazán
viernes, 6 de marzo de 2015
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Terminada la guerra civil, Myrna Bustani subió de Beirut al enclave cristiano de Beit Mery en el Monte del Líbano para ver que  quedaba de su hotel, el emblemático Al Bustan. Lo que encontró fue un edificio ruinoso, ennegrecido por el fuego y perforado por las balas. Pero de cualquier manera tomó lo que describe como una decisión comercialmente errada: “Cuando miré desde allí a Beirut y el mar pensé que era una pena no hacer trabajar el hotel nuevamente. Beirut comenzaba a reconstruirse y sentí que yo debía hacer lo mismo con el hotel.” Para ese entonces (1992) no le era desconocido cómo salir adelante después de una tragedia. Cuando su padre Emil Bustani murió en un accidente aéreo en 1963, sus aliados pidieron a la hija que ocupara la banca parlamentaria  del fallecido. “Les dije que se tomaran una aspirina, durmieran bien y repasaran su idea al día siguiente ya que ni estaba preparada ni quería esta herencia. Pero ello insistieron: su padre fue el primero en tantas cosas, me dijeron, y ahora su muerte posibilita la entrada de la primera mujer en el Parlamento libanés. Y así fue que acepté pero solo hasta el final del período. Y no hice nada más que lo que se me imponía hacer: liquidar el negocio comenzado por mi padre.”

La verdadera vocación de la heredera es la cultura y la música, materias a las cuales dedica un conocimiento vastísimo, que sólo aflora en comentarios cortos y concisos, generalmente acompañados por toque humorístico y una actitud de elegante distanciamiento. “Una viaja a festivales, conciertos y óperas por Europa pero, ¡nada como tener la música en casa, y vivirla en compañía de amigos y vecinos!”

Para ello Mme. Bustani decidió alojar un festival de música en su hotel durante un mes entre febrero y marzo de cada año, a partir de 1994: “Una vez abierto el hotel me pregunté qué hacer con el salón de conferencias en el subsuelo del lobby, un lugar particularmente maltratado durante la guerra civil. La idea de un festival musical salió de algunas conversaciones con amigos que me relataron el maltrato que había recibido el excelente conservatorio de la ciudad. ¡Hasta habían tirado pianos por la ventana! Pero la idea de abrir un festival centrado en música clásica era en principio poco auspiciosa para mucha gente que me preguntaba por qué hacer un festival de música fúnebre. ¿Sabe cual es la razón detrás de este interrogante insólito?  Pues que cuando moría alguien importante, y en una guerra civil se imaginará que esto era algo muy frecuente, todas las radios pasaban ininterrumpidamente música clásica. ¡Horas y horas, pues, para  escuchar sonatas de Mozart, y sinfonías de Beethoven y Brahms! Hasta tal punto llegó la identificación de la música clásica con la muerte que un periodista empecinado en hacer un programa de música clásica finalmente logró un  espacio radial que tituló: ‘¡No se ha muerto nadie!

Momento de la interpretación del Triple concierto de Beethoven en el Festival Al Bustan 2015 de Beirut. Como solistas: Anna Tifu (violín), Lizi Ramishvili (violonchelo) y Oliver Poole (piano).

Momento de la interpretación del Triple concierto de Beethoven en el Festival Al Bustan 2015 de Beirut. Como solistas: Anna Tifu (violín), Lizi Ramishvili (violonchelo) y Oliver Poole (piano). © Festival Al Bustan 2015

Junto a una la sala de conferencias transformada en un auditorio de 450 personas , el festival se sirve de iglesias y aún el magnífico edificio art deco del museo nacional para actividades que cubren conciertos, recitales, coros y aún ópera de cámara. “Para combatir el prejuicio de quienes identificaban música clásica con la fúnebre, desde el primer festival incluimos música popular, jazz, tango, etc. “ En 2005, sin embargo, la música volvió a mezclarse con la muerte, justo el día anterior a la apertura del Festival. El 14 de febrero una bomba elevó el auto del Embajador Argentino varios centímetros del pavimento: ”Había ido a cambiar una camisa. Quizás sea eso, el Líbano, una mezcla de frivolidad y tragedia.” La bomba (1800 kg de TNT) no era para él sino para Rafic Hariri el ex primer ministro que había asumido un liderazgo fundamental en la reconstrucción de Beirut. “Fue un momento terrible”, confiesa Mme. Bustani, “y no quedó mas remedio que suspender la inauguración. Pero luego decidimos seguir adelante con el Festival, máxime cuando el segundo concierto, a cargo de un coro ortodoxo,  era en una iglesia.“ Pocas palabras, como siempre, pero otro testigo me describió con mayor énfasis la incertidumbre de aquél momento en que todo pareció volver a derrumbarse. “Mme Bustani llamó enseguida a la viuda de Hariri y le preguntó: “¿qué hacemos? ¿suspendemos todo?. La respuesta: ¡no, por favor! El festival es un mensaje de esperanza, lo único que nos queda!”

Sin un centavo aportado de fondos públicos, el festival se mantiene gracias al apoyo financiero de banqueros, aseguradores, y hombres de negocios en los ramos más variados. Según Bustani, “la política no ha jugado jamás un rol decisivo en la marcha del festival sino todo lo contrario. Los donantes y la audiencia son cristianos, musulmanes y de todas las sectas y grupos agrupados bajo estas denominaciones. Todo el mundo sabe que somos seculares y que no tenemos nada que ver con ninguna religión en particular. Es bajo estas condiciones que la música une a la gente.”

La política artística del festival se basa en una inteligente combinación de artistas internacionales en carrera ascendente, con algunos recitales de los ya consagrados, por ejemplo Katia Ricciarelli, Ermonela Iaho, Summy Jo y aún la legendaria Hanna Schygulla en una rara aparición como cantante.

La preparación de óperas en representación de cámara que incluye casi todas las mozartianas y algunas de compositores como Rossini, Getry y Poulenc, es frecuentemente encomendada a Helikon Opera (Moscu) y la Ópera de Cámara de Varsovia.  Este año, el Festival acaba de presentar la primera audición de Norma en el Medio Oriente (en versión de concierto), con Carmen Giannatassio en su debut en el papel protagónico, Nino Surguladze (Adalgisa), Arturo Chacón (Pollione) y Gocha Datusani (Oroveso) bajo la dirección de Gianluca Marcianò, que desde 2010, actúa como director principal del Festival. “Después de cinco años, este festival termina siendo como una visita de familia. Uno trabaja intensamente y ayudado por el hecho que el auditorio está en el mismo hotel donde los artistas lo compartimos todo.” Hace unos años la Orquesta Filarmónica del Líbano, compuesta por locales y extranjeros en una proporción de 50/50 interpretó bajo su batuta la Primera sinfonía de Mahler: “Me esperaron con todas las partes ensayadas por cada grupo de instrumentos y trabajamos muy arduamente, con muchos ensayos. Me hicieron muchas preguntas. El resultado fue formidable.”

Oliver Poole al piano durante un concierto presentado en el marco del Festival Al Bustan 2015

En mi caso, pude apreciar los quilates de la orquesta con una interpretación de Marcianò del Triple concierto de Beethoven con Anna Tifu (violín), Lizi Ramishvili (una excepcional intérprete de chelo de dieciocho años) y Oliver Poole (piano). Luego de la pausa, el programa se alivianó típicamente. Un genio de saxofonista, Nikita Zimin, interpretó transcripciones de la Introducción y Rondó Capriccioso de Saint-Saëns y Aires gitanos de Sarasate, este último también representado en su famosa Fantasía de Carmen por Anna Tifu, más una sorpresiva intervención final a cargo del bandoneonista Martin Palmieri.

Dos días después Oliver Poole improvisó y dialogó con el público en un idiosincrático recital de piano.

Siguió la conferencia del Festival con una conmovedora disertación del pianista argentino de origen libanés y hoy Embajador ante la UNESCO Miguel Ángel Estrella. Sus reflexiones se concentraron en el poder inspirador de la música en momentos difíciles en su caso, durante su detención y tortura en manos de militares argentinos y uruguayos en los años setenta. Su respuesta a estas vicisitudes ha sido un altruismo radical de promoción de la educación musical en cárceles, escuelas, residencias para ancianos, aparte de continuos recitales en países en desarrollo e iniciativas de paz en el Medio Oriente que merecen mejor publicidad. Debo al lector una nota mas especializada sobre esta personalidad notable, pero mientras tanto aconsejo una visita al website de la Fundación Música Esperanza, la organización no gubernamental por él fundada en 1992.

La creciente expansión de la ópera al Medio Oriente se caracteriza por construcción de salas que simbolizan un despliegue de lujo vacío de una política artística capaz de darles sentido. Frente a este fenómeno, los organizadores del Festival Al Bustán desesperan por atraer una inversión que les permita construir una sala de ópera en la ciudad mas cosmopolita del Medio Oriente. Mme Bustani: “Al principio la gente no se interesaba por la ópera para nada pero ahora hemos desarrollado una audiencia local ansiosa de ver ópera en serio. En nuestro pequeño hall sólo podemos hacer ópera de cámara o en versión de concierto. Ni siquiera tenemos foso, y en el caso de representaciones escénicas de óperas de cámara removemos las dos primeras filas de butacas para alojar a la orquesta. Necesitamos un teatro de ópera. De cualquier manera, cuando miro las paredes de este hall me hago la ilusión de que toda la música aquí escuchada las lubrica y las fertiliza”.

Ciertamente el hall es algo pequeño y la acústica algo seca, pero tal vez sea el trabajo constante en estas condiciones adversas dentro y fuera la que vitaliza este esforzado Festival para exponerlo como algo fuera de lo común por su entusiasmo y su poder de convocatoria. Dudo que haya alguno más universal por la variedad de su repertorio y el entusiasmo de un público que basta definir como “libanés” para indicar la casi surrealista variedad de culturas, religiones y políticas agrupadas en busca de un mensaje musical común. Difícil encontrar un compositor que no haya subido a Beit Mery para ser ejecutado y aplaudido, desde Monteverdi y Bach hasta Poulenc y Piazzola. Hasta un Festival Latinoamericano fue organizado en 2012, que no solo incluyó un repertorio variadísimo sino también posibilitó reencuentros entre las familias locales y algunos miembros de la expandida diáspora libanesa latina que se trasladó al Monte Libano para reencontrarse con sus raíces. En adición al auditorio, un sugestivo jardín de invierno, el “Jardín de cristal” permite ofrecer recitales de solistas y música de cámara. En el momento de escribir estas líneas el Al Bustán se prepara para conciertos que incluyen una evocación de Edith Piaf, programas Mozart, Paganini y Chaicovsky a cargo de la Orquesta Juvenil Estatal de Armenia, con solistas como Arabella Steinbacher y Sergei Krilov, y un gran final con la Misa en do menor de Beethoven.

Mi visita a Al Bustan es mi segunda experiencia en un Beirut siempre expectante de la próxima conmoción y curiosamente demostrativo de cómo se las arreglan todos para convivir a través de entendimientos y pactos insólitos, pase lo que pase. Cuando pregunté si volvería a haber un festival de Baalbek me informaron rutinaria y distraídamente que como la zona esté bajo el poder de Hezbolah, el Festival debe negociarse con este. La buena noticia es que Hezbolah parece hoy por hoy moderado en comparación con el Ejercito Islámico y hasta ha comenzado a interesarse por reeditar un festival de verano en las famosas ruinas, aunque más no sea para promover un poquitín la zona. “Claro que uno nunca sabe hasta último momento cuáles pueden ser las consecuencias de la guerra en Siria. A veces ha habido que cancelar todo con poca anticipación y esto parece amedrentar a los turistas” Quien me comentó esto lo hizo con una naturalidad similar a la de un meteorólogo informando sobre el estado del tiempo.

Y hablando de tiempo: Al Bustán, aparentemente a salvo de toda conmoción meso oriental en la cima de un enclave maronita, me recibió con una nevada intensa. Es así que pude presenciar una denodada lucha de espectadores patinando peligrosamente con sus vehículos en la subida al hotel para llegar a tiempo al primer concierto. Pero un sol intenso derritió la nieve a la mañana siguiente, como una metáfora de los abruptos contrastes que determinan la vida de este país único en su incertidumbre y su vitalidad. Así pareció sugerirlo Mme Bustani cuando recibió las alternativas de tormenta y sol con un comentario risueño: “¡Guerra y paz!“

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