Cartas a la directora

¡Silencio, por favor!

Aitor Merino Martinez

lunes, 9 de marzo de 2015
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Con toda la ilusión del mundo, he decidido acercarme al concierto “Un universo propio”, la carta blanca que la OCNE ha ofrecido en honor del músico estonio Arvo Pärt, ideólogo del minimalismo sacro y la técnica del Tintinnabulum.

La mayor motivación para acercarme ha sido ver en el programa Frates y Tabula Rasa, dos de sus mayores éxitos, ampliamente justificados, pues seducen desde la primera escucha.

No obstante, para mi desgracia, me he topado con un público no excesivamente interesado en las corrientes de la segunda mitad del siglo XX, ya que antes de comenzar, se oían comentarios desprestigiando el concierto, sin ni tan siquiera otorgarle el beneficio de la duda.

Es por todos conocido el carácter introspectivo de la música de Arvo Pärt, semejante a la simbiosis Rothko-Feldman en su famosa capilla. Bueno, disculpen, retiro la afirmación, hoy se ha demostrado sobradamente que un sector del público lo desconocía.

Caramelos, melodías de móviles, notificaciones de WhatsApp, gente “generosa” que compartía su opinión en mitad de la interpretación… nada nuevo en un concierto, pero que hoy han obligado a John Storgårds (que desempeñaba una doble función: director/violinista) a detener la interpretación del Ludus de Tabula Rasa y realizar un forzado da capo.

Arvo Pärt, en quinta fila de patio de butacas, se llevaba las manos a la cabeza en una mezcla entre indignación y sorpresa, produciéndonos vergüenza ajena a cuantos habíamos decidido acompañarle en esta velada. 

Ya es suficientemente triste que el Auditorio Nacional haya tenido que colgar carteles dando indicaciones sobre cómo actuar en caso de un ataque de tos. Por favor, guarden silencio, la interpretación ha comenzado y nadie se merece tan bochornoso espectáculo.

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