Reportajes

El baile es cosa de niños

Nadia Jiménez Castro / Canarias7

miércoles, 2 de enero de 2002
El Joven Ballet de Ucrania de Kharkov, que la semana pasada representó en el Cuyás "Cascanueces" durante cinco días consecutivos, lleva más de cuarenta años dedicada a la preparación de profesionales de la danzaLa pasada semana el Teatro Cuyás de la capital grancanaria se llenó de niños, ocupando sus butacas e inundando de algarabía su patio, pues, además de La casa de los cuentos montada en una carpa pensada para ellos, el Joven Ballet de Ucrania de Kharkov representó Cascanueces durante cinco días consecutivos, un cuento de siempre bailado por niños y adolescentes para todos los públicos, aunque de forma absolutamente profesional, como corresponde a una compañía que sale de gira internacional y responde con éxito al hueco que se ha hecho en los teatros de todo el mundo.Y, sin embargo, para aquellos ojos que observaban ajenos al mundo de fantasía que regala este ballet, algunos de los momentos más reveladores fueron, sin duda, los quince minutos de entreacto que cada tarde servían de descanso a la juvenil compañía. Inevitablemente, esos minutos se convirtieron en una función más al aire libre, pasando a ser los espectadores más pequeños los protagonistas de su propia danza que, lejos de sólo imitar los giros y saltos de los personajes vistos sobre el escenario, improvisaban un Cascanueces diferente y espontáneo, a un ritmo lleno de risas y naturalidad, en el que los uniformes de colegio se mezclaban por igual con los zapatos de charol que con las sudaderas y zapatillas deportivas, pero, sobre todo, lleno de posibilidades de futuro para la danza.La sensibilidad e interés por este arte despierta, por lo general, desde edades tempranas, y casi siempre suele ser visual ese primer contacto que revela tal inquietud, a través de una función televisada o, en el mejor de los casos, en directo. De ahí la importancia de que se haga partícipe a los niños de la oferta cultural, tanto desde las instituciones como, fundamentalmente, desde el propio entorno familiar, pues se detectan y encauzan a tiempo las aficiones y vocaciones que de otra manera podrían pasar desapercibidas y, en el peor de los casos, perderse por descubrirlas demasiado tarde.Pero a partir de ese instante, el papel clave de formar correctamente al alumno le corresponde a la academia de danza, respondiendo a las ilusiones del aspirante con igual grado de profesionalidad en su enseñanza.Un gran ejemploUn ejemplo de ese rigor que cosecha frutos en el competitivo ámbito del ballet es la Escuela de Kharkov que, a cargo de profesores de San Petesburgo, Moscú y Kiev, y germen de la mencionada compañía procedente de Ucrania, lleva más de cuarenta años dedicada a la preparación de profesionales de la danza, lo que le ha llevado a recibir importantes premios nacionales e internacionales.Según su directora, Natalia Rzhevskaya, «trabajar con ellos me aporta bondad y amor, porque me transmiten sentimientos de un mundo desconocido a través de una información diferente. Además, los niños del nuevo siglo son distintos y también yo quiero aprender de ellos, estoy convencida de que, en el fondo, la cultura es economía de futuro».Esta academia, que imparte su enseñanza desde edades tan tempranas como los tres años, se caracteriza por proporcionar una formación integral, puesto que se hallan contiguos los edificios dedicados a la educación básica de cualquier alumno y los destinados al adiestramiento artístico, con la finalidad de facilitar al máximo la agenda diaria del niño que opta por esta carrera.

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