Reportajes

¿A qué espera la Reina?

Bellerofonte
miércoles, 2 de enero de 2002
0,0001006 Como me gusta navegar contra viento y marea, no me referiré aquí, como hace casi todo el mundo, al primer concierto del año (es decir, al de la Ópera de Viena), sino al último concierto del año (o sea, al que tuvo lugar el pasado lunes en el Wigmore Hall de Londres). Bueno, no es más que una excusa para dedicarle este artículo al protagonista de dicho acontecimiento musical, el contratenor James Bowman, el cual, acompañado por el King's Consort, dedicó el programa a quien ha sido su norte en sus más de tres décadas de brillante andadura profesional: George Frideric Händel.No sentiría la pasión que siento por la música barroca si no hubiera escuchado, hace ya de ello unos cuantos años, a Bowman. Hasta ese momento, para mí, como para tantos otros melómanos, la palabra contratenor estaba únicamente vinculada a Alfred Deller. No era de extrañar, por tanto, que los contratenores fueran considerados por muchos cantantes de segunda (el pobre Deller le ponía volutad, pero...). Sin embargo, Bowman nos hizo ver que los contratenores iban mucho más allá de la anécdota y que podían rivalizar en igualdad de condiciones con la mezzo-sopranos a la hora de interpretar papeles operísticos que en su día fueron compuestos para 'castrati'.La voz de Bowman tenía (y aún hoy lo sigue teniendo) algo de extraterrestre. A una considerable potencia, Bowman unía un gusto exquisito y un perfecto conocimiento del lenguaje barroco, aunque él no se dedicara con carácter exclusivo a ese repertorio. La voz de Bowman cautivaba y a sus encantos sucumbió el mismísimo Benjamín Britten, quien pensó en Bowman para el papel de 'Oberon' cuando compuso, en 1967, A Midsummer Night's Dream.Bowman cumplió 60 años el pasado 6 de noviembre y lo hizo al pie del cañón, cantando, como siempre. Bowman está en plena forma, aunque sus agudos hayan perdido, por la edad, parte del brillo de antaño. Bowman sigue grabando (magnífico en el papel principal de la ópera Silla, una de las pocas que quedaban por grabarse del repertorio handeliano) y sigue actuando en directo, si bien, con motivo de sus bodas de plata, tuvo la tentación de abandonar los escenarios de forma definitiva. Y, a tenor de su estado físico y del entusiasmo que despliega, a Bowman le queda cuerda para rato, lo cual es un motivo de alegría para todos los amantes de la música.A pesar de que él nunca ha querido limitarse a la música antigua, sus mayores y más interesantes esfuerzos se han centrado en ese repertorio, especialmente el barroco. Habitual colaborador en sus inicios del Early Music Consort del malogrado David Munrow y, posteriormente, de las agrupaciones inglesas punteras dentro del movimiento historicista (Academy of Ancient Music, English Concert, King´s Consort o Sixteen), Bowman ha tocado casi todos los palos y en todos le ha acompañado el éxito, aunque su más cotas artísticas las ha alcanzado siempre con Handel o con Henry Purcell, dos ingleses como él.Sí, ingleses... No creo que Su Graciosa Majestad, es decir, la reina de Inglaterra, sea lectora habitual de Mundoclasico.com, pero me atrevería desde este apartado rinconcito a pedirle un favor. El pasado verano se puso en marcha una iniciativa para que Bowman, en su sexagésimo cumpleaños, fuera nombrado Sir. La cosa está un poco parada, así que, Majestad, dele usted, que puede, un empujoncito. Él se lo merece bastante más que otros a los que usted, doña Isabel, ya a concedido esa distinción. Sería el primer contratenor que disfruta de ella. Sir James Bowman. Suena bien, desde luego.
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