DVD - Reseñas

Singing Las Vegas

Raúl González Arévalo
martes, 21 de abril de 2015
Giuseppe Verdi: Rigoletto, melodrama en tres actos (1851). Michael Meyer, producción. Christine Jones, escenografía. Susan Hilferty, vestuario. Kevin Adams, iluminación. Steven Hoggett, coreografía. Intérpretes: Željko Lučić (Rigoletto), Diana Damrau (Gilda), Piotr Beczala (Duca di Mantova), Štefan Kocán (Sparafucile), Oksana Volkova (Maddalena), Maria Zifchak (Gioanna), Robert Pomakov (Monterone), Jeff Mattsey (Marullo), Alexander Lewis (Borsa), David Crawford (Ceprano), Emalie Savoy (condesa de Ceprano). Coros y orquesta del Metropolitan Opera House. Michele Mariotti, director. 1080i HD / 16:9 1. PCM Stereo, DTS-HD Master Audio 5.1. Subtítulos en inglés, alemán, francés, español, chino y coreano. Blu-ray de 136+15 minutos de duración. Grabado en el Metropolitan Opera House de Nueva York el 16 de febrero de 2013. Deutsche Grammophon 073 5013. Distribuidor en España: Universal
0,0001537 Los dramas verdianos suelen tener la cualidad de resistir prácticamente cualquier adaptación que se les ofrezca. En esta ocasión a la producción más tradicional de Otto Schenk de 1989 le ha seguido otra más propia de Broadway. No en vano el cerebro de la operación, Michael Meyer, tiene amplia experiencia sobre las tablas por excelencia del musical americano, y ha ido sobre seguro -desde su óptica- trasladando la acción de la Mantua del Renacimiento a Las Vegas de los años 60. Las distintas estancias de un hotel proporcionan ambientes diferenciados. En cualquier momento podría aparecer por la puerta el Robert de Niro de Casino. De hecho, el duque de Mantua es el patrón de un casino -luces de neón incluidas- que comparte con la corte italiana el gusto por el dinero, el exceso, el sexo, el poder, la corrupción, la depravación y, aquí de forma lógica y evidente, la mafia. Se trata de una transposición temporal que, en realidad funciona muy bien. Así, no sorprende ver a Monterone convertido en un jeque árabe -más propio tal vez de Marbella-. El vestuario y los complementos también va acorde. Regietheater en toda regla.

El trío protagonista ya había grabado sus papeles. Más aún, Lučić y Damrau habían coincidido en Dresde (Virgin 2008) y esta nueva grabación confirma pero no supera la prestación de entonces. Por el contrario, Beczala rinde mejor. Mariotti tiene su primera oportunidad dirigiendo y el Met saca un nuevo registro en HD.

Željko Lučić lo tiene difícil en una galería de jorobados -aunque aquí cante derecho- con instrumentos más bellos y brillantes que el suyo. Efectivamente, la voz es robusta, de verdadero barítono; la línea de canto firme, sólida, compacta, el acento cuidado... pero, dejando de lado el timbre mate, en particular en los agudos, la variedad de la palabra no alcanza el dominio en tiempos recientes de un Nucci -por no hablar de Bruson o, citando un ejemplo extranjero, el milagro de Fisher-Dieskau- de modo que los recitativos clave del personaje (“Pari siamo”) no convencen. En consecuencia, ni el padre es todo lo amoroso que podría, ni el vengador es implacable.

Piotr Beczala está mejor, pero tampoco rinde como en sus mejores papeles italianos. La voz no ha entrado del todo en calor con “Questa o quella”, de modo que está mejor en la segunda aria (“Parmi veder le lagrime”) y, sobre todo, la tercera (“La donna è mobile”), donde el aplauso del público es más fácil. El registro sobreagudo aparece dificultoso, como revela el re4 en la conclusión al unísono con la soprano de “Addio, addio, speranza ed anima”; posteriormente evita coronar “Possente amor mi chiama” con el re bemol4 clásico. Las escalas de la canción son abordadas con cierta prudencia. Son pegas aquí y allá que impiden una prestación más redonda, pues en realidad el intérprete es participe en su actuación, con mucha más soltura escénica que en la anterior grabación desde Zurich (ArtHaus 2006) y el timbre es atractivo como siempre. La óptica del espectáculo aleja cualquier signo aristocrático clásico en el papel.

La tercera principal, Diana Damrau, repite su conocida Gilda, facilísima toda la línea, con coloraturas de manual, sobreagudos radiantes -un tanto ácidos al principio- y legato inmaculado para aguantar los tiempos lentísimos que impone Mariotti en los dúos con su padre, particularmente eficaces en “Tutte le feste al tempio” y “V’ho ingannato, colpevole fui”, donde el canto transmite una tristeza intrínseca sin recurso a efectos de mal gusto al alcance de pocas. La variedad de la palabra no alcanza el puntillismo de una Dessay -comparación tal vez absurda en vista de que se ha retirado de la escena lírica y siempre desdeñó esta Gilda- pero noquea a la clásica muñequita ingenua tipo Gruberova y la sitúa como la mejor intérprete de toda la videografía. Histórica.

Štefan Kocán no es precisamente un cantante sutil, pero el carácter rudo sienta muy bien a este Sparafucile, mientras que Oksana Volkova es tan vulgar como se pueda desear, en el canto -a pesar de unos medios estupendos para Maddalena- como en la escena. El resto del reparto juega bien sus cartas, como el coro, del que ya no se sabe qué decir por la capacidad para matizar sus intervenciones y la soltura teatral. Michele Mariotti sigue su marca personal, no se conforma con una dirección fácil y eficaz teatralmente, sus tiempos están constantemente pensados, ponen en discusión la tradición sin traicionarla y busca sacar a la luz el drama oscuro que quiso Verdi. Más que una garantía, como siempre, es revelador por momentos. 

En definitiva, un opción que gustará a los que quieran algo nuevo, y desagradará a los amantes de la tradición en el sentido más absoluto.
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