Entrevistas

Ángel Corella: 'Busco romper barreras con el público y hacerlo bailar'

Nadia Jiménez Castro / Canarias7

martes, 15 de enero de 2002
Ángel Corella, uno de los mejores bailarines del mundo, actuará el viernes 18 de enero, junto a las estrellas del American Ballet, en el Auditorio Alfredo Kraus. Nacido hace 26 años en Madrid, lleva seis ediciones consecutivas abriendo la temporada de danza del Metropolitan Opera House de Nueva York. El programa que presentará en Las Palmas, 'Other Dances', es una ocasión de oro para disfrutar de unas de las más brillantes zapatillas de baile que han pasado por Canarias en los últimos años. En la presente entrevista, Corella hace un repaso de su trayectoria artística.Pregunta: Empezó a recibir clases de danza, junto a sus dos hermanas, con sólo siete años, tras abandonar las de judo al ver cómo le partían la nariz a un compañero... Inevitablemente, recuerda al de la película Billy Elliot en la que el niño protagonista cambia los guantes de boxeo por las zapatillas de ballet.Respuesta: En realidad, casi todas las historias personales de los bailarines de clásico son similares, puesto que, socialmente, no es fácil para un chico dedicarse al ballet. No está bien visto, o, sobre todo, no lo estaba antes, tanto en el colegio, por ejemplo, como a nivel familiar, aunque yo en este último ámbito tuve menos problemas, ya que mis hermanas acudían también a clases de danza. Sin embargo, en el cole los niños me pegaban y me tiraban piedras, hasta el punto de que cuando salía, hacía corriendo el trayecto hasta casa, era otra época... Ahora, la mentalidad de la gente ha cambiado y, a fin de cuentas, los niños actúan según lo que ven en casa, hoy existe más tolerancia y casi todo el mundo aprecia las diferencias entre el baile del hombre y el de la mujer.P: Ha estudiado con nombres como Karenia Moreno, Víctor Ullate, John Neumeier o Nacho Duato, ¿quién marcó más a la figura en la que se ha convertido Ángel Corella?R: No ha habido nadie en particular que haya pesado más que otro, pero reconozco en Víctor Ullate a mi maestro, aún cuando fue su alumna, la también internacional María Giménez (Premio Nacional de Danza 1998), quien me impartió un mayor número de clases, físicamente hablando. Aprendes de todos mientras vas desarrollando tu propia personalidad, y no sólo de aquellos que conforman el mundo del ballet, pues lo que verdaderamente importa eres tú como persona y es eso lo que se refleja sobre el escenario, porque, además, nunca dejas de formarte. Por ejemplo, cuando llegué a New York, si bien técnicamente ya estaba instruido, allí reaprendí por completo, pues abordé aspectos por mí desconocidos hasta ese momento, como la mímica.P: ¿Recuerda cuál fue la primera pieza que bailó?R: Un baile ruso cuando tenía siete u ocho años, y... ¡no se me olvidará jamás, ya que parecía un ratón debajo de una cacerola, con aquel gran gorro! (risas), cada vez que veo ese vídeo me asombro conmigo porque hacía cosas que ahora no podría hacer, como bailar agachado o terminar un jeté tirándome abierto al suelo (risas). Más seriamente, recuerdo como un día de gran responsabilidad la primera vez que, en 1996, actué en la ceremonia de apertura de la temporada de danza del Metropolitan Opera House de Nueva York, con El Quijote completo como repertorio. De todos modos, debo decir que cada día que actúas es un compromiso con el público que espera verte, al que debes demostrar quién eres y salir a disfrutar, dar lo mejor es impregnarte de la energía positiva de todos aquellos que desean descubrir.P: Y enseguida llegaron los premios, España en el 91 con sólo 16 años, y Francia en el 94, obteniendo el grand prix del Concurso Internacional de Danza de París. ¿Causa vértigo ese nivel de éxito a una edad tan temprana?R: Bueno, en ese sentido, mis padres siempre me enseñaron a ser persona antes que bailarín, yo nunca he llegado a creérmelo y, cada vez, recibo los premios con alegría y con sorpresa, porque podría haberle tocado a otro al igual que a mí. Si algún día tengo que dejar de bailar, sé quien soy, me seguiré llamando Ángel Corella y, mientras tanto, sigo ofreciendo al público lo mejor: el entretenimiento de la danza.P: Además de primer bailarín del American Ballet, posición que ocupa desde 1996, es estrella del Royal Ballet de Londres, ¿cómo surge esa doble relación?R: Hace dos años el Royal Ballet se puso en contacto conmigo porque necesitaba primeros bailarines varones y me ofrecieron hacer Coppelia para la reapertura del Covent Garden de Londres, después vinieron Cascanueces, El Quijote con intervalos de parón por la colaboración con otras compañías en Australia o Venezuela, entre otros, pero, próximamente, les llegará el turno a La Bayadère y Giselle otra vez en Londres. La participación entre estas dos casas resulta más fácil por la estrecha colaboración que existe entre ambos directores, ¡ambos me comparten!, (risas).P: ¿Y qué diferencias encuentra entre la escuela americana y la europea, puesto que participa de ambas?R: Tienen culturas distintas, en América es todo a lo grande, es explosiva, como los fuegos artificiales y se dedica más a formar a estrellas, así, las compañías no tienen escuelas propias, salvo el New York Ballet con Balanchine; mientras que en Europa, la forma de bailar es más conservadora, más al estilo de Ashton (Frederick, 1909/1988, bailarín y coreógrafo, maestro de ballet y director artístico británico educado en Lima, realizó el primer solo para Nureyev). En cualquier caso, existe una complementación, ya que muchos bailarines europeos emigran a América, hasta el punto de que el 80% de los integrantes del American Ballet no son americanos.P: El repertorio del American Ballet va del clásico hasta el contemporáneo, ¿cómo ve la creación actual?R: Resulta difícil responder a esa pregunta, porque considero que el resultado final depende, en buena medida, del bailarín que ejecuta la creación. En el caso del clásico, si no está bien hecho puede resultar un desastre, mientras que en el neoclásico, resulta más fácil de cubrir un fallo al permitir una visión más personal; por lo que respecta al contemporáneo, aunque yo respeto la labor de todo coreógrafo, pienso que hay quien hace pasar al público por tonto y, a veces, se ofrecen bodrios que no entiende nadie y que, sorprendentemente, reciben más apoyo que otros trabajos, a priori, más serios. Para mí lo bonito de la danza es hacer soñar, que todos los que acuden a verla encuentren algo que ellos no pueden hacer.P: En 1999, la prestigiosa crítica del The New York Times lo comparó en elegancia y precisión con Rudolf Nureyev, ¿qué sintió y cuál es la figura mundial del ballet en la que desearía mirarse?R: Me sentí muy halagado, por supuesto, porque fue uno de los más grandes y estaba además, junto al de Baryshnikov, entre los nombres que más admiraba desde pequeño. Pero, por otro lado, nunca he querido mirarme en un espejo que no fuera el mío propio, es una cuestión de personalidad, y, aunque he tenido el placer de bailar con muchas figuras, incluso con célebres cantantes de ópera sobre el escenario, pocas veces he disfrutado tanto como al formar pareja con mi hermana Carmen, también integrante del American Ballet, pues juntos hemos compartido tantas cosas que la conexión es insustituible. Desde luego, siempre hay alguien con quien desearías bailar, aunque luego no sepas qué tal va a resultar esa conexión, en mi caso, me encantaría formar tándem con Sylvie Guillem, pero lo veo improbable por una cuestión de estatura...P: Hablando de figuras, la propia Natalia Makarova describió "su trabajo como extraordinariamente increíble", y hechos como el que usted lleve seis años inaugurando la temporada de danza del Metropolitan Opera House de Nueva York, no dejan lugar a dudas de su categoría. ¿Le estimulan circunstancias como estas o, por el contrario, le condicionan?R: Hombre..., cuanto más suena tu nombre, mayor es el nivel de exigencia y de responsabilidad, pero, en realidad, todo se reduce a ser portadores de una atmósfera especial, a ser capaces de romper barreras con el público y acaparar hasta tal punto su atención, que ellos sientan que también bailan. Suena la música y no piensas en nada más.P: Hace ya algunos años declaró que "cuando bailo, me siento como si alguien me moviera desde afuera ...",¿sigue siendo así su percepción íntima de la danza?R: Sí, no sé quién o qué me mueve, pero he hecho cosas sobre el escenario que yo mismo no creo al verlas luego en vídeo. La sensación al bailar es indescriptible, es una acumulación tan grande de energía, entre las vibraciones positivas de los deseos del público y mi propia adrenalina, que te hace volar.P: Háblenos del programa que traen al Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, Other dances, con la que obtuvo el premio Bernois de la danse 2000.R: ¡Pues es verdad, así fue y ya no me acordaba del premio!, vivo el día a día porque igual mañana ya no te despiertas... Esta pieza fue creada para Makarova y Baryshnikov cuando, en pleno auge de sus carreras, acababan de desertar. Son 20 minutos, con el piano sobre el escenario, de pasos a dos y variaciones individuales que se les ha permitido bailar a muy pocos, Sylvie Guillem en la Opera de París o Julio Bocca con Alexandra Ferri. Asimismo, el programa se completa con otras variaciones, no sólo clásicas, entre ellas, una creada para mí por un coreógrafo ruso, del antiguo Bolshoi, residente en Barcelona, llamada En coma, muy intensa y un poco fuerte, más libre.

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