Iconografía y organología

¿Violines sin vida?

Cosima Archer

jueves, 23 de abril de 2015

No. No nos encontramos en una sala criónica de la Fundación Alcor Life Extension en el estado de Arizona sino en el museo público más antiguo del mundo, el Ashmolean Museum en Oxford.

Condenados al silencio en asépticas urnas de cristal, estos 21 Stradivari pertenecientes al Golden Period (1683-1715) son los mejores de su especie, sin embargo este silencio que reina en la sala produce una gran zozobra.

Cada violín, individualizado y exhibido en vertical, posee más de una vida... pues “la madera conserva el alma y la historia de sus antiguos propietarios y la forma encarna la intención de su constructor” [1]. Con estas palabras, Yehudi Menuhin afirmaba que el violín es un ser vivo y que se sentía un profanador de espíritus.

Exposición de 21 Stradivari en el Museo Ashmolean, Oxford. 2013, junio-agosto.

¿Es justo apartar a los violines de los músicos cuando éstos son los únicos que pueden darles vida? ¿Un gran instrumento te convierte en un gran músico? ¿Las orquestas de hoy suenan como las de ayer? ¿El Strad es un mito o es una realidad? ¿No es triste que alguien decida cuándo un determinado violín ya no se puede tocar más? ¿Qué posibilidades tiene actualmente un músico joven o no tan joven de comprar un violín antiguo? ¿Es cierto que con estos instrumentos se produce un sonido que ya no se da? ¿Cómo ha influido el mercado del arte en el mundo del violín? Pero, ¿qué oportunidad tienen los músicos actualmente de poder hacer música con estas joyas? ¿La solución para la conservación de estos instrumentos está en la colecciones privadas e instituciones con sus cámaras acorazadas? ¿Realmente los coleccionistas e instituciones han realizado una labor filantrópica con la compra a precios estratosféricos de estos instrumentos o más bien han contribuido a que los músicos no puedan acceder con sus propios medios económicos a estos violines antiguos, perjudicándoles y haciéndoles ir de un lado para otro, buscándo qué institución o qué coleccionista les permite utilizar por un determinado tiempo un Strad? Estos músicos se me presentan como si fueran una réplica del holandés errante... Una imagen triste y dolorosa.
“Un violinista tiene que pedir prestado un violín para poder serlo”, afirma Ruth Palmer en el documental In search of the Messiah, dirigido por Tim Meara.

En un mundo dominado por el valor del dinero... ¿Quienes serán los siguientes guardianes de estos bellos instrumentos de cuerda? ¿China? ¿Tailandia? ¿Japón? ¿El estado soberano de Qatar?

Ahora, la cultura del mercado ha influido tanto que coleccionistas, especuladores, acaparadores son los protagonistas en el mundo del violín.

Antonio Stradivarius, luthier de Cremona, seleccionó las mejores maderas de los abetos rojos en Paneveggio, conocido como el bosque de los violines. Durante su larga vida, creó un importante número de instrumentos de cuerda llenos de magia. Alteró el modelo de Andrea Amati y consiguió un violín riquísimo en sonidos.

Hoy, a pesar de los estudios con infrarrojos, aceleradores de partículas o resonancias magnéticas, estos avances científicos no han revelado qué es lo que hace que los Strad tengan un tono y resonancia tan únicos. Marchantes y solistas de renombre coinciden en resaltar el extraordinario valor de estos.
James Ehnes afirma que su violín posee el tipo de sonido que él mismo tiene en su cabeza. Este es un Strad perteneciente a la importantísima colección de David Fulton de Seattle, y él lo disfruta sin límite. Uno de los últimos violinistas que pudo permitirse comprar un Strad a principios de los noventa, el violinista del metro de Washington, Joshua Bell, compara su Huberman con una rica paleta de colores... como si fuera un pintor. Y asegura que trabajar con un instrumento antiguo estimula su imaginación.

Charles Beare, marchante, asegura que las orquestas sonaban mejor cuando él era joven pues, la mayor parte de los músicos podían comprar un instrumento antiguo con el sueldo de un año.

Sin embargo, hay quien afirma que las creaciones de Cremona no son mejores que los instrumentos actuales. Es más, Claudia Fritz de la Universidad de Paris IV y el luthier americano Joseph Curtin aseguran que algunos son incluso peores. [2]

A pesar de las opiniones posibles, la realidad es que siendo un nonagenario (92 años) en 1737, Antonio Stradivarius se llevó a la tumba su forma de trabajar, su gran secreto. A su muerte se descubrió en su taller un violín que había quedado sin vender. Estaba intacto. Permaneció oculto. ¿Por qué?

El Mesías

The Messiah, el Stradivarius que vive en el Museo Ashmolan de Oxford

Eran los años 30 cuando W.E. Hills & Sons donó el Strad más preciado, mítico y misterioso del mundo al Museo Ashmolean en Oxford, con una dura condición: que este violín nunca más fuera tocado.

El Mesías vive en el interior de una caja de cristal, majestuoso pero en silencio para toda la eternidad. Todo él rezuma veneración y misterio, pues no solamente permaneció oculto casi toda su vida sino que sus diferentes dueños tenían que morir antes de desprenderse de él. Durante casi dos siglos apenas fue tocado. Su estado de conservación es impecable pero esto le hace parecer ser una copia, no un original de 300 años de antigüedad. Sarasate, Nathan Milstein y Yehudi Menuhin le dieron un ligero halo de vida. Desgraciadamente está prácticamente sin usar. Escuchar su sonido nunca será posible. Esto hace que me pregunte si es ético enjaular al último pájaro cantor.

Además, desde finales del siglo XX son cada vez más los instrumentos de cuerda que siguen los pasos del Mesías. Estos terminan en salas de museos, cámaras acorazadas de bancos, o en las casas de coleccionistas exquisitos.

A Christies auction house employee holds up a 1729 Stradivari violin known as the 'Solomon, Ex-Lambert' at the auction house in central London, 23 February 2007.

En las últimas décadas del siglo XX, el Arte entró a formar parte de un tipo de fondo de inversión complejo y arriesgado. Desde entonces las operaciones de compra de objetos de arte no han cesado. El valor del Arte con mayúscula aumenta proporcionalmente al número de años que se mantiene fuera del mercado.

Al igual que en el mundo de la pintura o de la escultura, el mercado de instrumentos musicales antiguos es también escenario o lugar de fraudes y chanchullos, precios inflados y cada vez menos instrumentos auténticos. Estos pasan de las manos de los marchantes internacionales para terminar en colecciones privadas o los que es peor, en cajas fuertes de bancos en paraísos fiscales que nunca verán la luz del día o nunca serán tocados y llevados a la vida.

No son los músicos quienes hacen dinero sino marchantes, bancos y personas con ingresos estratosféricos. Por ejemplo, ya en 1994 el gran coleccionista de instrumentos antiguos David Fulton, quien posee una concentración de violines importantísima, marcó un hito cuando compró en 1994 el Lord Wilton de Guarneri del Gesù, por 6 millones de dólares. Este maravilloso violín acompañó a Yehudi Menuhin en su vida musical. Y el gran coleccionista de Seattle se considera guardián de “algo que pertenece a la raza humana”.

De 1200 Stradivari que existían, hoy tan solo existen entre 500 y 600. ¿A dónde han ido a parar la mitad? Hill opina que la solución está en la labor de custodia que realizan los coleccionistas.

Aunque no hay que olvidar que también existe una especie de fetichismo guiado por el valor del cash y la estética del llevar la delantera, de aventajar a los demás donde lo más caro y lo más viejo es lo mejor y esto no es del todo así. Por menos de 15,000 libras es posible comprar un excelente violín en el Newark School of Violin Makins.

Pero, a pesar de todo, y a fecha de hoy, en el 2015 el valor de los viejos instrumentos continuará subiendo a niveles estratosféricos siendo inalcanzables para la mayoría de los músicos.

Dietmar Machold, marchante de violines, esposado en el juicio por fraude en Viena.

Los instrumentos antiguos tienen una conexión directa con la historia de la música y con la historia de la vida

Cada uno de estos violines Stradivarius posee una bella historia, un sonido único... una vida.

The Lady Blunt de 1721, lleva el nombre de la nieta de Lord Byron, una mujer amante de los caballos árabes, artista y música. Pero su historia arranca en la España de 1864, donde fue encontrado por un marchante y luthier francés llamado Jean Baptiste Vuillaume. Cuando lo descubrió estaba intacto, “olvidado en un ático durante más de 100 años”. El violín viajó. Salió de Europa a California, a manos de un ingeniero que posteriormente lo envió a subasta. Finalmente, hoy en día es conocido por haber alcanzado una cifra récord en subasta en el junio del 2011: 11 millones de euros en la casa online Tarisio a un comprador desconocido. Con este acto la Fundación Japonesa de la Música sacrificó la joya más importante de su colección para obtener dinero para las víctimas del tsunami de Fujushima.

Han sido víctimas de naufragio o de robos. Regalo en bodas de postín. Despreciados en el metro de Washington, como le ocurrió al Huberman de Joshua Bell quien se hizo pasar por mendigo musical  en un enero frío del año 2007.

El Stradivarius viajó al Este

En 1974 Estados Unidos recibía a los Beatles y, al mismo tiempo, una nación entera se ponía a tocar el violín. La popularidad del método Suzuki se extendió como la espuma. Los taxistas de Japón comentaban qué era un Stradivarius. Y la apreciación por los violines de Cremona alcanzó un máximo histórico. Esto hizo que los precios de los violines empezasen a ser inaccesibles para los músicos por primera vez.

En Tailandia, el rey del plástico creó la Collección Chi Mei en su propia fábrica y empezó a comprar violines para asegurarse de que los músicos los tuvieran. En una cámara especial tiene 130 violines, 20 violonchelos y 20 violas. Para él el arte no tiene fronteras ni nacionalidades sino que pertenece a toda la raza humana, sin embargo, poseer importantes instrumentos de cuerda da mucho poder e influencia en el mundo de la música.

Poner pie de foto.

En el Reino Unido, es la Royal Academy of Music de Londres quien posee la mejor colección de instrumentos de cuerda. Esta colección está a disposición de profesores y estudiantes, quienes aprenden sonidos que más tarde pueden llevar a sus propios instrumentos. Sin embargo, ya desde bien temprano estos músicos saben que esto es un gran privilegio, que no pueden esperar tocar durante toda la vida un Strad. Aún y todo, hay muchos que no se conforman y buscan el apoyo de coleccionistas privados e instituciones, como la violinista británica Ruth Palmer.

¡Hay tanta vida en un violín!

Para ser famoso necesita entre ciento cincuenta y doscientos años. Y, un violinista necesita mucho tiempo para aprender a conocer un Stradivarius.

La historia de Frank Peter Zimmermann me llena de tristeza al descubrir cuál es la realidad actual de estos violines maravillosos. Pues cada vez más van a parar a museos o son codiciados por los ricos para competir entre ellos y son considerados nada más como inversión, ya que actualmente el valor de éstos no se detiene.

“Music's the food of love - just don't eat the Stradivarius”  Lady Inchiquin y Frank Peter Zimmermann.

El 22 de febrero de este año 2015, el violinista alemán tuvo que devolver a la sociedad financiera Portigon Financial Services AG de Düsseldorf, Lady Inchiquin, un Strad de 1711. El plazo del préstamo había expirado. La financiera no aceptó la cantidad ofertada por Zimmermann para comprar el violín, sobrevalorándolo en un millón de euros más. Este hecho refleja que la actual propietaria no respeta el acuerdo pactado durante la transacción entre el violinista de la Filarmónica de Berlín, Walter Scholefield quien se lo vendió al banco Westdeutsche Landesbank AG (que hoy ya no existe), con la condición de que en el futuro, se revendiera el violín al mismo precio que lo estaba haciendo él.

Actualmente, Zimmermann continúa con su programación de conciertos sin su adorada Lady Inchiquin, de quien ha dicho en varias ocasiones “Lady Inchiquin feels like part of my body... It has altered my musical ideas and how I play... It has a really rich sound that projects well, and I don´t need to use so much vibrato”. [3]

¿Qué suerte correrá Lady Inchiquin? Desde el 2001 acompañó a este gran solista. Hoy, abril del 2015, todavía no he recibido una respuesta por parte del Ministerio de Cultura de Renania del Norte-Westfalia... Lo único que sé, es que no puede salir del país. ¿Se convertirá en un Bien de Interés Cultural?

Notas

Yehudi Menuhim, citado en el documental “In search of the Messiah” by Tim Meara

The Economist, Aesthetics and Money. Fiddling with the mind.

“Lady Inchiquin siente como si fuera una parte de mi cuerpo ... ella ha alterado mis ideas musicales y en cómo yo toco... Tiene un sonido rico que se propaga estupendamente, por ello no necesito recurrir al “vibrato”.

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