España - Canarias

Exhibición

Nadia Jiménez Castro / Canarias7

martes, 22 de enero de 2002
Las Palmas de Gran Canaria, sábado, 19 de enero de 2002. Auditorio Alfredo Kraus. Compañía: Ángel Corella y estrellas del American Ballet. Obras: 'Other dances', 'Diana y Acteón', 'Sylvia', 'Jabula', 'Esmeralda', 'Who cares?', 'Carmen', 'Cascanueces', 'Raymonda' y 'En coma'. Dirección: Kevin MacKenzie. Bailarines: Ángel Corella, Nicole Rodhes, Xiomara Reyes, Gennadi Saveliev, Irina Dvorovenko, Maxim Belotserkovsky, Stella Abrera, Carlos Molina, Carmen Corella y Marcelo Gomes. Piano: Juan Francisco Parra. Auditorio Alfredo Kraus.
Tras una modificación en el programa previsto que sustituía las piezas de Tarantela y Paquita por Diana y Acteón y Raymonda, respectivamente, comenzó el espectáculo concebido como una exhibición balletística, en la que sucesivos pasos a dos y variaciones individuales, fundamentalmente de ballets clásicos, aquellos más representativos de cada obra, se engarzan entre aplauso y aplauso, en respuesta a las habilidades mostradas en cada giro o en cada salto por los intérpretes, unos más aventajados que otros.Ellas destacaron sobre ellos, en especial Irina Dvorovenko y Stella Abrera; ésta última consiguió en la pieza Jabula, junto a Carlos Molina, una comunicación casi perfecta, en un solo cuerpo que dejaba hablar a los sentidos, con coreografía de Weir, en la que ambos dibujaron en el aire y adivinaron en el suelo los ecos étnicos de la música de Zimmer, desnudaron el alma en la ejecución de su danza en uno de los contados retazos de contemporáneo que albergó la función.Por su parte, Dvorovenko, brillante en sus fouettés y preciosos arabesques, y su acompañante, Maxim Belotserkovsky en las piruetas, dieron muestra de ese rigor técnico acompañado de la delicada expresividad, que responde a la tradición de los ballets rusos, en una sentida interpretación del clásico Sylvia, con coreografía de Balanchine, para después, ya en la segunda parte de la representación, cambiar radicalmente de estilo, pero sobresaliendo de igual forma, en la acertada variación, casi contemporánea, que ofrecieron de la famosa Carmen de Bizet, de pura energía y movimiento seco y contundente, con especial importancia de los brazos más allá de las piruetas.El tan aguardado momento de la noche, aquél en el que el propio Corella bailaba, junto a la australiana Nicole Rodhes, Other dances, la pieza que en su día fuera creada para Makarova y Baryshnikov, acompañada por un piano de cola sobre las tablas interpretado en esta ocasión por el canario Juan Francisco Parra, fue menos de lo que se esperaba, pese a que el generoso público aplaudió por igual durante toda la velada. Tras una más que dificultosa salida del preciado instrumento al escenario, que mantuvo en vilo durante unos minutos a todos los presentes, pronto se pudo comprobar que Ángel Corella no tenía la mejor de sus noches, pues, pese a la evidente química que conseguía con Rodhes, no aseguraba el final de sus movimientos ni el equilibrio de sus giros, manteniendo la misma tónica en el original solo, de sorprendente y hábil iluminación, interpretado como cierre del programa, En coma.Una noche para disfrutar de la danza, entendida como recopilatorio de sus principales pasajes, en la que, contra todo pronóstico, fue el brasileño Marcelo Gomes quien brilló en sus variaciones como solista masculino por la limpieza de sus giros y la firmeza de cada uno de sus movimientos.

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