Reino Unido

Aquellos horrores de antaño

Jesús Garrido

lunes, 4 de febrero de 2002
Londres, martes, 15 de enero de 2002. Martes, 15 de enero de 2001. Royal Opera House, Covent Garden. B. Britten, The Turn of the Screw (Otra vuelta de tuerca), Ópera en un prologo y dos actos con libreto de Myfanwy Piper, basada en el relato de Henry James Otra vuelta de tuerca. Producción original: Deborah Warner. Dirección de escena: Jean Kalman y Tom Pye. Escenografía: Jean Kalman y Tom Pye. Vestuario: John Bright. Iluminación: Jean Kalman. Elenco: Ian Bostridge, Prologo/Peter Quint; Joan Rodgers, Institutriz; Julian Leang, Miles; Caroline Wise, Flora; Jane Henschel, Mrs. Grose; Vivian Tierney, Miss Jessel. Orquesta de la Royal Opera House, Covent Garden. Dirección musical: Daniel Harding. Ocupación: 85 %
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Recuerdo que durante los años de mi niñez, el invierno solía ser cuando mis hermanas se entregaban a uno de sus pasatiempos favoritos, asustarme con historias de fantasmas y aparecidos; supongo que este era un juego que todos los hermanos y hermanas mayores imponían a sus hermanos más pequeños, una entrañable costumbre que la generalización de la familia nuclear y el éxito de los juguetes electrónicos de bolsillo ha relegado al olvido. También es cierto que las largas noches de Invierno invitan la lectura de relatos de aparecidos. Quizás sea esta la razón por la que la Royal Opera House ha decidido inaugurar el año 2002 con la reposición de la opera de Benjamin Britten, Otra vuelta de tuerca. Otra razón de más peso es la paulatina recuperación del legado artístico de Britten que la Royal Opera House está llevando a cabo pues, de manera paradójica, las relaciones entre las compañías de opera británicas y Britten, un compositor entregado a la música vocal, estuvieron marcadas siempre por una desconfianza mutua. Otra vuelta de tuerca fue fruto de un encargo en 1953 de la dirección de Biennale de Venecia para el festival de 1954 y su estreno tuvo lugar en Septiembre de ese mismo año en el teatro de La Fenice. Britten ya había discutido años antes la posibilidad de poner música al relato de Henry James con Myfanwy Piper, escritora y esposa del pintor John Piper, colaborador habitual del Festival de Aldeburgh. El encargo de la Biennale fue el empujón definitivo y Britten buscó entre sus conocidos ideas para la adaptación del cuento. Al final, fue Piper quien recibió el encargo de preparar el libreto para la opera, iniciándose así una colaboración que se extendió a otras dos operas, Owen Wingrave y Muerte en Venecia. Uno de las razones detrás del éxito del libreto de Britten y Piper radica en que éste conserva gran parte de la ambigüedad del cuento original. El relato, publicado en 1897, se caracteriza por su subjetividad, que consigue a través de la ausencia de otra voz que no sea la de la narradora. La historia obtuvo un éxito inmediato y resucitó la carrera de su autor. James, bajo el subterfugio de narrar una sencilla historia de fantasmás, destinada al publico adolescente, aprovechó la ocasión para examinar temás tan malditos en la represiva atmósfera de finales del siglo xix como la corrupción y subsiguiente destrucción de la inocencia, las relaciones homosexuales, el abuso sexual y la complicidad que este puede crear entre la víctima y su verdugo. El tema de la pérdida de la inocencia en especial es una de las constantes en la obra de Britten y aparece en numerosas de sus operas. Tanto Britten como Piper eran, pues, conscientes de las múltiples lecturas del relato de James y de los muchos escollos que ofrecía la historia. Dar voz tanto a los niños como a Mrs Grose, el ama de llaves, no ofreció problema, pues el texto de James da detalles suficientes. El problema principal fue la existencia de los fantasmás, Peter Quint y Mrs. Jessel. ¿Son fruto de la imaginación de la institutriz o existen en realidad? Britten decidió seguir fielmente el relato de James pues su presencia, en especial la de Quint, es esencial. Si bien esta presencia física parece confirmar la historia de la institutriz, la instrumentación de la música asociada con estas apariciones la desmiente de inmediato. Para conservar la atmósfera opresiva del texto, Britten y Piper concibieron la opera como un conjunto de dieciséis escenas independientes y un prologo que, a manera de fotogramás cinematográficos, contienen la narración de la institutriz. La estructura musical esta unida de tal manera con la trama, que llega a ser inseparable, creando un estilo propio a esta opera, or ejemplo, cuando la institutriz cree ver una silueta másculina en una ventana, la audiencia 'oye' el reflejo musical de esta silueta. Siguiendo el ejemplo marcado por el éxito que Francesca Zambello obtuvo con su producción de Billy Budd en 1995, la dirección artística de la producción estuvo a cargo de la conocida directora británica Deborah Warner. Paradójicamente, esta reposición es el estreno de la opera en Covent Garden pues la producción original se presentó en 1997 en el teatro del Barbican Centre de Londres, cuando Covent Garden estaba en medio del amplio programa de renovación. La producción original fue la introducción de Deborah Warner en el mundo de la opera, una introducción que confirmó su talento dramático, si acaso este necesitase confirmación tras sus éxitos con la Royal Shakespeare Company y el Royal National Theatre. Deborah Warner concibió la opera más como una tragedia donde dos de los personajes son espectros que como un cuento de horror, ocultando la posibilidad del abuso detrás del afecto que se muestran los personajes. Una de las características de Warner es el uso casi minimalista de los accesorios teatrales, en este caso, reducidos a un piano de cola, unas sillas, una pizarra y varias decenas de pinos en grandes macetas a modo de barrera entre bastidores y el escenario, un símbolo del aislamiento de Bly. Detrás de la barrera, ya en la caverna de los bastidores, un andamio que servia como torre. Este espartano enfoque tuvo su contrapunto en los personajes y sus elegantes atuendos de época. Otro contraste fue el que existia entre Quint y Mrs Jessel; la institutriz, con su cara cerúlea y un sencillo traje de colores grisáceos, era una triste visión, mientras que el ayuda de cámara daba la impresión de estar todavía vivo. Este contraste se refleja así mismo en la música de ambos, la música de Quint es la más seductora de la opera, siendo la de Mrs. Jessel, su amante, un pálido reflejo de aquella. Otro de los aciertos fue mantener la ambigüedad del relato, evitando en todo momento subrayar la corporeidad de las apariciones. Musicalmente, Britten mantuvo la ambigüedad componiendo la opera alrededor de una serie de doce notas, pero sin abandonar la tonalidad; de esta manera, la música asociada con los diferentes personajes es diferente pero tiene el mismo origen. Subrayando ese efecto claustrofóbico, esa serie sirve de motivo base para un conjunto de variaciones que unen entre si las diferentes escenas. Dramáticamente, esta atmósfera claustrofóbica es más difícil de sostener pues Quint y Mrs. Jessel son parte íntegra de la trama e interactúan con los otros personajes. Para evitar este escollo, Warner desdobló la acción en dos planos tangenciales, Bly y los fantasmás, siguiendo al mismo tiempo una cierta estética realista, que le permitió explicar los acontecimientos sin necesidad de recurrir a intervenciones del más allá. Los espíritus actúan a modo de memorias, por eso la lucha de la institutriz es en vano, cuanto más se esfuerza, más terreno pierde. Si Miles robó la carta de la institutriz, lo hizo empujado más por su curiosidad que por seguir las indicaciones de Quint. La lucha de la institutriz por conservar el afecto de Miles tiene más que ver con su inexperiencia y su reprimida sexualidad que con salvar el alma del niño. El desenlace de la opera, el cadáver de Miles en los brazos de la desesperada institutriz y Quint desapareciendo tras besar y acariciar el cadáver, revela que todos perdieron. La reposición mantiene el reparto de la producción original con la excepción de los niños que interpretan Flora y Miles. Britten compuso Flora pensando en una soprano, sin embargo, Warner ha preferido usar una adolescente, Caroline Wise, de esta manera, la diferencia de edad entre ambos hermanos no fue muy pronunciada y añadió, además, un toque de realismo. Julian Lang, un corista de la catedral de Saint Paul, desempeñó el papel de Miles con gran competencia, en una parte que aunque vocalmente no requiere de gran habilidad, se sitúa dramáticamente en el corazón de la obra. Peter Quint correspondió al tenor Ian Bostridge, uno de los mejores cantantes ingleses de los últimos años. Dotado de una voz bellísima, una dicción perfecta y una apariencia física singular, alto y delgado, se amoldó como un guante al papel de Quint, prestándole una insospechada dulzura e humanidad; la belleza y el afecto con que cantó el largo melisma sobre el nombre de Miles que abre su intervención vocal es difícil de olvidar y presidirá su relación con el niño. A todos los efectos ha relegado a un segundo plano la presencia de Sir Peter Pears, el creador y dedicatario del papel. El papel de la institutriz estuvo a cargo de la soprano inglesa Joan Rodgers quien lo interpretó dando veracidad a la fragilidad del personaje y su paulatina desesperación ante el entrevisto fracaso. La institutriz es una joven en su primer trabajo, falta de experiencia, que necesita del cariño y aprobación de los que la rodean. Desde este punto de vista, Quint es un competidor contra el que no puede ni sabe luchar como Miles parece reprocharla en el segundo acto. Rodgers, con impecable dicción y voz segura, representó con gran habilidad e inteligencia esta difícil tarea. La mezzosoprano americana Jane Henschel y la soprano inglesa Vivien Tierney prestaron su voz respectivamente al ama de llaves, Mrs. Grose y a la institutriz, Mrs. Jessel. Ambos caracteres, en cierta medida menores, fueron impecables; Mrs. Grose, representa, en apariencia, la voz del sentido común, pero el transcurso de la opera nos revela un lado más siniestro pues sus comentarios sobre el carácter moral de Quint deja entrever que ha preferido ignorar lo que sucedía a su alrededor. Mrs. Jessel es la otra victima de Quint; como tal, su fantasma busca refugio en el cariño sin compromisos de Flora. La dirección musical corrió a cargo del joven director ingles Daniel Harding, en su primera trabajo con la compañía de la Royal Opera House. Su dirección supo transmitir el entusiasmo que siente por esta opera, acompañando a los cantantes con extremo cuidado. El publico supo recompensar con varias rondas de aplausos la intensidad que los cantantes y la orquesta prestaron a la representación. Sinopsis Tras un breve prologo que subraya la fiabilidad del relato de la institutriz, cuyo nombre ignoramos, ésta domina el primer plano de la narración y nos presenta, en primera persona, sus experiencias de juventud, cuando falta de experiencia, aceptó su primer empleo, ser la institutriz de dos hermanos huérfanos, Miles y Flora. El puesto conllevaba la extraña condición de no molestar, bajo ninguna circunstancia, al tutor de los huérfanos, su tío. Una vez en Bly, la aislada mansión rural donde residían los huérfanos, sus dudas desaparecieron ante la belleza del lugar y el buen carácter de los niños y el ama de llaves, Mrs Grose. Este idilio se empieza a resquebrajar cuando una carta le anuncia la expulsión de Miles de su escuela, debido a su comportamiento, pero sin más explicaciones. Poco después, la institutriz creerá ver un visitante en la casa. Mrs. Grose, en base a la descripción de la institutriz, identifica esta persona como Peter Quint, el difunto valet del tutor. En seguida, otra presencia, una mujer, se hacer notar. Mrs. Grose, que no puede sentir estos fantasmás, la identifica como Mrs. Jessel, la antigua institutriz y amante de Quint, asimismo fallecida. Nuestra joven protagonista creerá desde ese instante que tanto Miles como Flora están sucumbiendo o han caído ya bajo la malévola influencia de los dos fantasmás y que su deber es salvarlos. La ausencia de Flora una noche desencadenara la tragedia; Flora, de regreso a la casa, niega saber nada de los fantasmás y huye de la presencia de la institutriz, quien tras admitir su derrota a Mrs Grose, decide enviar la niña junto a su tío. A la mañana siguiente, Mrs Grose, quien ha pasado la noche escuchando a Flora hablar en sueños, admite la existencia de los fantasmás y dejara Bly con la niña mientras Miles y la protagonista permanecen en Bly. Esa noche, la institutriz ve a Quint junto a Miles y fuerza al niño a identificar la presencia del fantasma. Miles asustado por el giro de los acontecimientos fallecerá en los brazos de la institutriz tras gritar el nombre del sirviente, Peter Quint.

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