España - Madrid

El romanticismo sosegado

Agustín Naval

viernes, 8 de febrero de 2002
Madrid, jueves, 31 de enero de 2002. Auditorio Nacional de Música. Orquesta Filarmonica di Torino. Alfonso Saura, director. Maurizio Moretti, piano. Programa: Felix Mendelssohn-Bartholdy: 'Las Hébridas', Obertura en si menor, op. 26; Johannes Brahms: 'Concierto para piano y orquesta nº1 en re menor', op.15: Franz Peter Schubert: 'Sinfonía nº3 en re mayor', D.200. Ciclo de Promúsica.
El ciclo de Promúsica presentó al público madrileño la Filarmonica de Turín, que acudió con tres compositores que abarcan buena parte del movimiento romántico: Schubert, Mendelssohn y Brahms. En los dos primeros casos, ofrecía el programa obras que, al repasar el imponente catálogo de ambos, no se las sitúa entre sus creaciones capitales. El concierto de piano nº1 de Brahms supuso su dilatado estreno en la gran forma sinfónica. Aunque más habitual en las salas de concierto que sus acompañantes en este concierto, siempre ha sido ensombrecido por el segundo. Pese al vehemente rechazo que del siglo ilustrado hicieron gala los románticos, la terna del pasado jueves presenta fuertes lazos de unión con la tradición musical alemana de los años precedentes. Mendelssohn bebe de las fuentes de Beethoven y Weber para su obertura La Gruta de Fingal, en la que expone en música la impresión que le causó la observación del agreste paisaje escocés. En su interpretación, la Filarmónica de Torino pasó sin sobresaltos por el paisaje norteño imaginado musicalmente por Mendelssohn y desembocó mansamente en el concierto de piano de Brahms.Tanto al público como a los intérpretes les costó entrar en calor tras la recolocación de la orquesta y hubo que esperar al Adagio para que un Maurizio Moretti algo impreciso en el primer movimiento se desenvolviera con comodidad en el segundo. El vibrante tercer movimiento escrito por Brahms contagió con su vitalidad a pianista y orquesta, quienes se aplicaron a un fecundo diálogo y ofrecieron los momentos más brillantes de la tarde.Tras la pausa, el público se acomodó sin prisa en sus localidades para asistir a la sinfonía nº3 de Schubert. El prometedor compositor de lieder que era el joven vienés de 1815 todavía no había encontrado un lenguaje propio en el género sinfónico. Nos encontramos con una sinfonía amable llena de reminiscencias haydenianas que la orquesta acometió con complacencia, deleitándose en las agradables melodías que recorren toda la obra. El público correspondió con afabilidad al trabajo de una orquesta que recompensó los aplausos con la obertura rossiniana Il Signor Bruschino, en la misma correcta línea por la que discurrió un concierto atravesado por un contenido espíritu romántico que se acercó a la fogosidad, sin llegar a tocarla, en los compases finales del concierto para piano.La orquesta Filarmónica de TurínSu creación se remonta al año 1982 y nace de la iniciativa de un grupo de músicos motivados por el deseo de interpretar música de calidad. Tras unos primeros años de trabajo autónomo, empieza a colaborar con la Orquesta Sinfónica de la RAI de Turín y la Fundación San Paolo en 1991. Se inicia así una etapa de tres años que culmina con la creación, en 1994, de la Orquesta Filarmónica di Torino.Desde entonces, ha ido adquiriendo prestigio y ha sido invitada a numerosos festivales y salas europeas. Entre los directores que han colaborado con ella cabe destacar a Aldo Ceccato, Carlo Maria Giulini, James Levine, Gennady Rozhdestvensky, Julian Kovatchev o Thomas Sanderlin, así como con solistas de la talla de Jean Pierre Rampal, Michele Campanella, Mstislav Rostropovich, Maxim Vengerov o Boris Belkin.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.