Discos

De buen humor

Raúl González Arévalo
martes, 26 de mayo de 2015
Patricia Petibon: La belle excentrique. Obras de Satie (Les Courses; Grande Ritournelle; La Statue de bronze; Le Pique-nique; Allons-y, Chochotte; Je te veux; Cancan grand-mondain; Désespoir agréable) Ferré (Jolie môme; On s’aimera), Poulenc (Les gars qui vont à la fête; Voyage à Paris; Hier; La Tragique Histoire du petit René; Ba, be, bi, bo, bu; Chanson d’Orkenise; Aux Officiers de la Garde Blanche; Hôtel), Rosenthal (Rêverie, Pêcheur de lune; L’Élephant du Jardin des Plantes; Fido, Fido; Le Vieux Chameau du zoo), Fauré (Spleen; En sourdine; Les berceaux), Hahn (Pholoé; À Chloris) y Cockenpot (Automne). Patricia Petibon, soprano. Olivier Py, solista. Susan Manoff, David Levi piano. Christian-Pierre La Marca, violonchelo. Nemanja Radulovic, violín. David Venitucci, acordeón. François Verly, percusión. Un CD (DDD) de 64 minutos de duración. Grabado en septiembre de 2013 en el Teldex Studio de Berlín. DEUTSCHE GRAMMOPHON 479 2465. Distribuido en España por Universal
7,15E-05 Los recitales de Patricia Petibon para DG demuestran una versatilidad al alcance de muy pocos intérpretes, no sólo por la diversidad de ámbitos musicales abordados (barroco italiano y francés, clasicismo, canción española), sino también porque, como en esta ocasión, la intérprete presta una atención encomiable a los caminos menos transitados, con propuestas originales y atractivas. En esta ocasión el objeto de atención son las composiciones de autores “clásicos” en el universo musical del París de los "Locos Años 20".

Partiendo de una voz ligera, de espesor y volumen limitado, pone la técnica al servicio de la música con una imaginación encomiable, que la lleva desde anular por completo el vibrato hasta imitar el bufido de un gato o acompañarse de silbidos. En común las composiciones tienen por lo general la chispa y la ligereza propias del medio al que se destinaron, y aquí la Petibon se muestra intérprete consumada, plenamente identificada con el espíritu de las canciones. Pero no todo es cachondeo (desde un respeto indudable hacia los compositores). También hay momentos de delicadeza y lirismo, como la magnífica “On s’aimera”, y en ellos la soprano reina por igual.

La originalidad de la propuesta incluye a los solistas instrumentales, pues superando el manido dúo voz-piano incorpora aquí violín, violonchelo y acordeón, que suenan igual de entusiastas. Un disco para estar de buen humor.
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