Discos

Ecos y fantasmagorías

Paco Yáñez
martes, 6 de enero de 2015
Ming Tsao: Pathology of Syntax; (Un)cover; The Book of Virtual Transcriptions; Not Reconciled; One-Way Street; Canon; Die Geisterinsel; Serenade; If ears were all that were needed... Hans Kremer y Stefan Merki, narradores. Tajana Raj y Cecilia Vallinder, mezzosopranos. Daniel Kluge, tenor. Claudio Otelli, bajo. Anthony Burr, clarinete. Seth Josel, guitarra. Charles Curtis, violonchelo. Orpheus Vokalensemble. Arditti Quartet. Ensemble ascolta. Ensemble Gageego!. ensemble recherche. Ensemble SurPlus. Staatsoper Stuttgart. James Avery, Rei Munakata, Stefan Schreiber y Jonathan Stockhammer, directores. Brian Brandt, Barbara Fränzen, Armin Köhler, Peter Oswald y Harry Vogt, productores. Linus Andersson, Christoph Gronarz, Markus Heiland, Christian Meurer y Veit Wafzig, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 79:24 y 65:26 minutos de duración grabados en Colonia, Donaueschingen, Emmendingen, Stuttgart (Alemania), Gotemburgo (Suecia) y San Diego (Estados Unidos), en los años 2001, 2008, 2009, 2010, 2012 y 2013. mode 268 y Kairos 0013372KAI
0,000911 El compositor californiano de origen chino Ming Tsao (Berkeley, 1966) es un auténtico hombre del Renacimiento de nuestro tiempo. Con estudios en composición, etnomusicología, matemáticas, filosofía, cine y poesía en universidades tan prestigiosas como Columbia, San Francisco, Berklee, Stanford, San Diego, o Berkeley, habiendo sido alumno, entre otros, de Brian Ferneyhough o Chaya Czernowin, es en la actualidad profesor de composición en la Universidad de Gotemburgo; contando, asimismo, con experiencia como intérprete de viola y violín. Además, Tsao no ha descuidado la atención a la cultura del país de sus ancestros, de ahí que su vertiente etnomusicológica se adentre en la tradición instrumental china, en la que ha estudiado especialmente el guqin, instrumento antiguo perteneciente a la familia de la cítara. Estos ecos de la música china se suman a las más que evidentes influencias de la música europea de la posguerra para conformar un catálogo con no pocas partituras que despiertan nuestro interés. En la reseña que hoy publicamos reunimos dos compactos de los sellos mode y Kairos recientemente publicados, centrados monográficamente en la obra de Ming Tsao, dos ediciones fundamentales para conocer su música, su diálogo de tiempos y espacios.

mode records

Pathology of Syntax (2006-07), primera obra que recoge la muy generosa propuesta de mode, nos pone sobre la pista de algunas de las influencias antes citadas, al no poder evitar pensar en la sonoridad del violín tradicional chino, el erhu (instrumento que ya visitó nuestras páginas con motivo del festival son[UT]opías, en 2013). La delicada sonoridad del erhu, su inasible evanescencia, parece inspirar a un cuarteto de cuerda que transita sus auras, sus fantasmagorías, portando un decurso temporal en el que Tsao experimenta multitud de técnicas instrumentales a lo largo de sus casi 16 minutos de duración. El compositor californiano se ha referido en alguna ocasión a los últimos cuartetos de Beethoven como inspiración para Pathology of Syntax; se trata de una inspiración en cuanto al continuo proceso de floración y disolución de materiales, a una renovación motívica imparable, en el caso de Tsao ya no sólo de motivos, sino de estilos y técnicas actuales. Como era de esperar, los Arditti bordan el cuarteto, conocedores como lo son de tantos mundos aquí convocados; diría que con mayor dulzura y refinamiento de lo en ellos habitual.

(Un)cover (2008) vuelve a relacionarse con Beethoven, con el primer movimiento de la Sonata para piano Nº32, así como con Thomas Mann por el análisis que de esta sonata realiza en Doktor Faust (1943-46). Las reflexiones sobre el estilo tardío en Beethoven visto a través de Mann(/Adorno) llevan a Tsao a una reconceptualización del progreso musical como forma de compactación de lenguajes tradicionales, algo que en esta partitura para ensemble lleva a cabo contraponiendo materiales que se enfrentan y buscan procesos de síntesis. Ello acaba generando una partitura laberíntica y compleja que debe no poco a uno de los principales maestros de Tsao, el antes citado Brian Ferneyhough, con sus rutas laberínticas y sus retruécanos compositivos.

Steven Kazuo Takasugi sostiene sobre The Book of Virtual Transcriptions (2004-05) que esta pieza para ensemble es la más deconstructivista partitura de Ming Tsao; obra relacionada tanto con el pensamiento del arquitecto Daniel Libeskind como con el KV. 370 de Mozart. Tsao lleva a cabo un proceso seriado a través del cual rompe la estructura de su pieza de un modo continuo, imposibilitando cualquier arquitectura plenamente definida. Desde un punto de vista tímbrico, Tsao reafina (o desafina, según queramos verlo) sus instrumentos de un modo que se pierden las referencias inmediatas, se crean intersticios microtonales en los que resulta difícil calibrar la tesitura del solista, etc. Ello hará que el oboe desarrolle la sonoridad de un instrumento magrebí, o que los metales parezcan instrumentos de la música folk; todo ello con un trío de cuerda también exógeno con respecto a su tradición, vertebrando de algún modo este juego de equívocos que cuestiona nociones de tiempo, textura y forma, con no pocos guiños de humor, en los que lo más radicalmente lachenmanniano en las cuerdas cohabita con sonoridades propias de un ámbito cómico-circense en los vientos.

Si en The Book of Virtual Transcriptions mencionábamos a Helmut Lachenmann un tanto de pasada, en Not Reconciled (2002-03) la influencia del genio alemán es ya total, articulando la música concreta instrumental buena parte del desarrollo de un quinteto realmente atractivo a situar entre las piezas más contundentes y brillantes de Ming Tsao. Quizás estemos ante su partitura más física y gestual, con una plétora de rascados, golpeos y acciones instrumentales extendidas que se adentran en el ruidismo con una enorme musicalidad y sentido rítmico, especialmente en su primera parte, realmente vibrante, para dejar paso a un posterior trabajo más amplio de las texturas y su expansión; extatismo, en todo caso, muy vivo y atacado con un trabajo de las cuerdas de la guitarra realmente agresivo, de bella sonoridad.

One-Way Street (2006) procede de un modo inverso: nace de la quietud, de las texturas expandidas y la densidad sonora, del estudio de la interioridad, para adentrarse en lo mecánico, hasta llegar a un final prácticamente de mecanismo de relojería. De por medio, todo un universo de armónicos, pedales, arpegios, glissandi, etc., que nos hablan de las sonoridades de nuestras ciudades, como pieza netamente urbana que es: verdadero estudio de la topología sonora de la metrópolis, con sus rugidos, motores, rugosidades tímbricas indefinidas, amalgamas y demás síntesis como en las ciudades se producen en tantas ocasiones sin un claro origen. Ahora bien, tal y como parece referenciar el título de este sexteto, las energías van confluyendo, y desde una gran dispersión se acaba recalando en un rítmico final, casi ligetiano.

Por último, Canon (2001) es la partitura más antigua de las aquí reunidas. Obra para clarinete y violonchelo, la Musikalisches Opfer (1747) bachiana es su referencia histórica; aunque habría que decir que una BWV. 1079 filtrada, de nuevo, a través del ruidismo lachenmanniano, con referentes muy evidentes en partituras como Allegro sostenuto (1986-88), Dal niente (1970), o Pression (1969). Desde el planteamiento de libertad que Bach concede al canon en su Musikalisches Opfer, Tsao da una vuelta extrema de tuerca en un proceso de canon deconstruido entre un motivo del clarinete recurrente, aunque polimorfo, y toda una serie de repercusiones sobre un violonchelo que expande ese material de un modo más prolijo y variado. La partitura es de un virtuosismo impactante, de una musicalidad sobresaliente, y demuestra un dominio por parte del compositor californiano de las técnicas extendidas que no hace sino reafirmar lo visto en las cinco piezas previas. Uno se podría quedar con la sensación de escuchar una propuesta camerística netamente epigonal, con transitar los ecos de todo un aparato estilístico derivado directamente de la avantgarde. Cierto es que Tsao asimila estas influencias de un modo muy explícito, pero con gran sentido musical, haciendo la audición muy gozosa. Anthony Burr, al clarinete, y el violonchelista Charles Curtis nos brindan una versión que, como las de los ensembles ascolta, recherche y SurPlus en el resto de las piezas (con dirección de James Avery y Jonathan Stockhammer), son muy notables, al tiempo rugosas en lo textural, potentes tímbricamente y bellas en cuanto a alquitarar sonoridades extendidas. Ejemplar compacto, por tanto, en cuanto a versiones.


Kairos

Todo ese cortejo de influencias que hemos señalado se hace patente a lo largo de Die Geisterinsel (2010-11), partitura que rehace la ópera homónima creada en 1798 por el compositor y director alemán Johann Rudolf Zumsteeg (1760-1802), con libreto de Wilhelm Friedrich Gotter a partir de The Tempest (1610-11), de William Shakespeare, texto en el cual Tsao se centra especialmente en Prospero, Miranda, Ferdinand, Caliban y el coro de espíritus. Los ecos estilísticos comienzan en Die Geisterinsel desde su primer número: ‘Steine’, en el cual no podemos dejar de pensar en la también Steine (1985/90) de Péter Eötvös, con su febril percusión de piedras en diversos patrones rítmico-espaciales. Otros números, como ‘In der Hülle dieses Sklaven’ son, de nuevo, lachenmannianos, por la disposición de dos narradores (aunque sin deconstrucción silábica análoga; aquí más recitado con ciertos ecos de Luigi Nono). En general, creo que Tsao acierta al rehuir el canto y optar por la voz narrada en la mayor parte de su ópera; contando, además, con las muy teatrales prestaciones de Hans Kremer y Stefan Merki. El canto queda relegado a la voz de Miranda, en números como ‘Tiefer ins Leben’, siendo el sprechgesang el modelo vocal de base para toda la ópera; un modelo con deudas explícitas -reconocidas por Tsao- con Arnold Schönberg, cuyo Moses und Aron (1923-37) cita expresamente, rescatando así el carácter de melodrama y su apuesta por lo teatral. A esa narratividad tan acusada a través de diversas modalidades e inflexiones del sprechgesang, se suman toda una serie de efectos guturales, más virulentos y ruidistas, cuya referencia ineludible son las geniales Nouvelles Aventures (1962-65) de Ligeti. Hemos de sumar, también, una proliferación en diversos momentos de recitados numéricos alla Stockhausen, efecto que aparece con tan poca sustancia narrativa y musical, tan sobado y tan viejo, que causa sopor.

A mayores, desde un punto de vista instrumental, prolifera ese coro ecoico de espíritus, ya no shakespeareanos, sino los de los grandes compositores de la contemporaneidad, cuyas técnicas son audibles desde el comienzo en ‘Steine’ -además del ya apuntado Eötvös-, como ciertos pasajes rítmicos muy incisivos de los vientos, que lindan la cita del Vortex temporum (1994-96), de Gérard Grisey (quizás muy premeditada y simbólica, cual el vórtice temporal que en no pocos momentos es Die Geisterinsel); o el Salut für Caudwell (1977) lachenmanniano, tan audible en ‘Traurige Korallen’; así como por la lluvia final de poliestireno cual nieve en Das Mädchen mit den Schwefelhölzern (1990-96), en Die Geisterinsel lluvia de arena en la conclusiva ‘Sandfall’. La suma de influencias se haría interminable, pero lo importante es que aquí se encuentran más sublimadas que en las piezas de cámara del compacto de mode, ganando un perfil más personal y brumoso (cual el drama) la ópera; bruma de la que emergen estos trazos ecoicos, estas marcas de estilo explicitadas. La versión de la Staatsoper Stuttgart, comandada por Stefan Schreiber, procede con sabiduría a conjurar fantasmas del pasado, a apre(h)enderlos y enriquecer esta verdadera galería de estilos.

Serenade (2012) es otra laberíntica partitura marcada por la complejidad estructural de Brian Ferneyhough, en la que Tsao juega con la potencia expresiva de la cita, proponiéndonos una reflexión a nivel conceptual muy interesante: «La alusión a los materiales tonales en una composición debe ofrecer más que una alternativa a materiales condicionados por los procesos ruidistas, seriales o estocásticos, tecnologías informáticas, etc., donde las citas devienen primariamente pequeñas islas de consolación humanista». Se trataría, por tanto, de brotes líricos que reubican un eco, unas cenizas que aún arden portando mundos y significados (siguiendo a Paul Celan). Esas cenizas, esos brotes ardientes, esos ecos musicales, vienen dados en Serenade por el poema de Hölderlin Hälfte des Lebens (1802), por los sonetos de Petrarca, y por la Serenade (1920-23) de Arnold Schönberg, nuevamente traído por Tsao a sus influencias reconocidas. De este modo, la mezzo Cecilia Vallinder, el Ensemble Gageego! y el director Rei Munakata se verán inmersos en un conjunto donde restallan burbujas tonales, fragmentos del ayer, en un trazo caleidoscópico no tan acusadamente ruidista como partituras previas, si bien el proceso compositivo nos conduce a una progresiva desmaterialización: lo más atractivo de la partitura, nuevamente marcada en lo vocal por el sprechgesang y una distancia contenida, circunspecta, en el recitado.

Por último, If ears were all that were needed... (2007) es una pieza para guitarra sola inspirada en ¡Bravísimo! (1798), aguafuerte perteneciente a Los Caprichos de Goya. Podríamos relacionar esta sátira con el lied mahleriano Lob des hohen Verstandes (1896), y su mordaz referencia a la crítica... Quizás, ya en este siglo XXI, este burro-crítico deba sentirse nuevamente interpelado, impeliéndolo a la duda sobre sí mismo frente a la audición de la pieza de Ming Tsao. Uno no es de largos pabellones auditivos, más sí de prolijas audiciones, e If ears were all that were needed..., en cuanto a repertorio para guitarra actual, no diría que aporte gran cosa, más allá de un comentario al grabado de Goya, muy gráfico y narrativo, apuntalado en una guitarra desafinada, cuyas cuerdas al aire portan armónicos de otros tiempos, ecos de la música tradicional rescatada por Tsao en una bagatela a modo de rúbrica final firmada por el siempre excelso Seth Josel; rúbrica para dos compactos que, más allá de la omnipresencia de influencias, muestran los no pocos destellos de calidad del compositor californiano.

Las grabaciones son, en ambos discos, magníficas; y las ediciones siguen los cánones de los respectivos sellos, en el compacto de mode records con un excelente y extenso ensayo a cargo de Steven Kazuo Takasugi, realmente informativo y lúcido; mientras que en Kairos el libreto lo firman Stefan Schreiber y el propio Ming Tsao. Si en su edición para la editorial Cátedra de The Tempest Manuel Ángel Conejero afirma que Shakespeare lleva a cabo en su pieza una «summa de su cultura acumulada a través de los años», Tsao en su texto se va a las influencias que conformaron el pensamiento shakespeareano, Michel de Montaigne incluido, con prolijas informaciones históricas, además de material gráfico sumamente interesante y bien traído. Los dos discos presentan en sus páginas diversas fotografías y ejemplos de partituras, algo más generosas en el sello austriaco.

Estos discos han sido enviados para su recensión por mode records y Kairos
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