Italia

Estreno mundial de la última ópera de Battistelli

Jorge Binaghi
jueves, 11 de junio de 2015
Milán, viernes, 29 de mayo de 2015. Teatro alla Scala. CO2. Libreto de Ian Burton, música de Giorgio Battistelli. Puesta en escena: Robert Carsen. Escenografía: Paul Steinberg. Vestuario: Petra Reinhardt. Iluminación: Robert Carsen y Peter Van Praet. Vídeo: Finn Ross. Coreografía: Marco Berriel. Intérpretes: Anthony Michaels-Moore (David Adamson), Orla Boylan (diversos roles), Sean Panikkar (Adán, cantante del templo hindú), Pumeza Matshikiza (Eva), David DQ Lee (Serpiente), Jennifer Johnston (Gaia), Nathan Berg (diversos roles), y otros. Coro (preparado por Bruno Casoni) y Orquesta del Teatro. Dirección: Cornelius Meister
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Battistelli es un autor interesante y que no parece propenso a repetirse, al menos en cuanto a la búsqueda de temas en sus obras para el teatro lírico. Se trate de la nueva versión ‘completada’ de Le duc d’Albe de Donizetti, o de sus creaciones sobre Shakespeare (Richard III, como otras pendiente de estreno en Italia) o sobre clásicos del cine italiano (yo le he visto sólo Prova d’orchestra sobre el film de Fellini, pero ahí está Miracolo a Milano de De Sica, que ciertamente no tienen muchas afinidades entre sí, aparte de ser, en teoría al menos, ‘comedias’) nos movemos en distintos momentos de la historia y en distintos géneros.

En este estreno ha dado otro paso más, ya que cuesta pensar en el recalentamiento de la atmósfera como tema operístico. El propio autor declara que había comenzado sobre otro texto cuando cambió de director de escena, también de fecha, y le pidió ayuda a Burton, que ya había escrito el libreto para el drama histórico de Shakespeare (que, de todo lo visto, es lo que más me convence). Y hay poco de ‘drama’, aunque sí bastante acción (prólogo, nueve escenas y epílogo sin pausa) en la historia de la conferencia de un científico de nombre simbólico (Adam-son) que se ve interrumpida por evocaciones de momentos ‘clave’ del pasado y del presente (lo que da lugar a cambio de lenguas, aunque mayoritariamente el texto está en inglés, pero hay también momentos en sánscrito, griego clásico y latín, por ejemplo) hasta que al final de la conferencia, con la aparición de la Madre Tierra (Gea) al científico le quedan pocas certezas y muchas preguntas, que se resumen en la triple final: "Si éste no es mi planeta, ¿de quién? Si esta no es mi responsabilidad, ¿de quién? Si soy la causa, ¿no soy entonces la curación?”.

 

CO2 de Giorgio Battistelli. Dirección musical: Cornelius Meister. Puesta en escena: Robert Carsen. Milán, Teatro alla Scala, mayo de 2015

 

Para una idea de conjunto, la escena primera habla de la creación, la segunda es un caos en el aeropuerto por una huelga de controladores, la tercera transcurre en Kioto donde los diversos delegados polemizan y hasta pelean, la cuarta se ocupa de los huracanes, la quinta nos lleva al Edén en el momento del pecado original, la sexta es la visión de un supermercado lleno de productos sofisticados y exóticos, la séptima el primer aniversario del tsunami de Tailandia, la octava la aparición de la Tierra (Gaia), en la novena Adamson prevé un fin apocalíptico del mundo.

Como se ve, hay material abundante, sólo en apariencia inconexo, y de distinta localización espacial y temporal. Tal vez sea mucho aunque la obra dura unos ochenta minutos, y, por ejemplo, la escena del tsunami podría suprimirse sin remordimiento (pese a algún momento orquestal bello). La música se adecua a la variedad, sobre todo en la parte instrumental, que va de lo interesante a lo eficaz y a lo estéticamente notable (no necesariamente por bello: una de las cosas más conseguidas es la babel no sólo lingüística de la escena de Kioto). En algunos momentos Battistelli parece más cómodo en la escritura orquestal que en la línea vocal: ahí no renuncia a agudos difíciles y bruscos, gritos o falsetes que ya llevan tiempo haciendo estragos, pero también demuestra que sabe salirse de senderos conocidos. La escritura de los coros (y en particular los dos en latín y griego clásico) es simplemente extraordinaria; los momentos ‘solistas’ de la escena del Edén, conseguidísimos (en particular, la serpiente), pero también el de la primera, con el canto del cantor hindú. La de Gaia es buena, pero podría serlo aún más si se superara la chatura de algún momento. Lo mismo pasa con la escritura del protagonista, nada fácil, y que alterna momentos de los señalados (de un tipo y otro: en el epílogo hay un pianísimo sobre la palabra ‘crying’ absolutamente fantástico por lo demoledor que resulta y que requiere de un intérprete superlativo).

 

CO2 de Giorgio Battistelli. Dirección musical: Cornelius Meister. Puesta en escena: Robert Carsen. Milán, Teatro alla Scala, mayo de 2015

 

La gran suerte de Battistelli es haber contado, tras dos intentos diferentes e interesantes, con la colaboración de Robert Carsen que en esto no tiene prácticamente rival, y ha trabajado con su equipo y los cantantes en profundidad y con un sentido del movimiento, de la luz, del color que dejan estupefacto (hubo algún momento en que había que forzarse a escuchar ‘también’ la música, tal era el magnetismo del espectáculo). Por supuesto que las proyecciones y los vídeos tiene su lugar, como la coreografía, pero no son nunca un fin en sí mismo ni sirven para ‘distraer’, sino que uno ve y siente que el director, como el compositor y seguramente el libretista, cree muy sinceramente en lo que hace y en por qué hay que hacerlo.

El coro de la Scala no necesita ya más elogios ni presentación, pero la insistencia del aplauso al aparecer al final de la función Casoni, su director, es bien elocuente. Súmese además la intervención del coro de voces blancas de la Academia del Teatro.

La orquesta no lo tuvo fácil y lo hizo muy bien, y Meister, un hombre joven al que oía por primera vez, lo hizo bien o muy bien, en particular en la coordinación de los diversos elementos.

 

CO2 de Giorgio Battistelli. Dirección musical: Cornelius Meister. Puesta en escena: Robert Carsen. Milán, Teatro alla Scala, mayo de 2015

 

La lista de cantantes es larga, con muchos pequeños roles confiados a solistas de la mencionada Academia (en su mayor parte no europeos), y todos parecían participar con ganas y en consecuencia nadie presentó el flanco a la crítica.

De los demás hay que destacar el protagonista de Michaels-Moore, un cantante que no sé si por decisión propia o por qué hoy en día aparece poco en la escena lírica. Es una lástima porque sigue contando con una voz de importancia, de sólida técnica (el aludido pianísimo fue claro al respecto, como también los falsetes que tuvo que utilizar antes), se mueve con gran distinción sin ser ‘frío’, y, primera vez que lo oigo cantar en su lengua materna, tiene una dicción y articulación del inglés que tiene un valor agregado incalculable.

Orla Boylan pareció alguna vez algo estridente, y no he podido darme cuenta del real estado vocal de Nathan Berg, un cantante que prometía y luego su nombre dejó de sonar. De quienes oía por primera vez hay que destacar al contratenor David DQ Lee (serpiente), Jennifer Johnston (una buena mezzo como Gaia), y muy especialmente el tenor Sean Panikkar, en su doble papel de Adán y el cantor del templo. Hubo cosas interesantes también en la Eva de Pumeza Matshikiza, pero debería escucharla en otro papel.

El público no colmaba la sala, pero no éramos pocos, y los aplausos fueron bastante convencidos, no sólo de cortesía (en platea, sólo dos personas se levantaron al poco tiempo de haber comenzado la representación para marcharse).

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