Opinión

¡Por fin un pianista español gana en Santander!

Roberto San Juan

lunes, 10 de agosto de 2015

Cuando el pasado 5 de agosto se dio a conocer el nombre del ganador del XVIII Concurso Internacional de Piano de Santander ‘Paloma O´Shea’, muchos de los presentes en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria pensamos aquello de que ¡ya era hora…! Estoy seguro de que lo mismo les ocurrió a muchos de los telespectadores de La 2 de TVE, classicalplanet.com y rtve.es, así como a los oyentes de Radio Clásica de RNE, todos ellos medios que retransmitían en directo la gala de clausura. Y es que es necesario remontarse nada menos que a 1978 para encontrar el nombre de otro pianista español, Josep Colom, alzándose con el primer premio de un concurso que, con sus 43 años de historia, es uno de los certámenes pianísticos más prestigiosos.

Apenas hecho público el nombre del ganador, Xoán M. Carreira fue más allá y, no sin cierto tono guasón, subtituló en su cuenta de facebook la noticia publicada en MundoClasico.com [leer noticia] como “Un ciudadano de la UE gana el Premio de Piano de Santander”. Efectivamente, entre los 6 pianistas que resultaron seleccionados para la final -Jinhyung Park (Corea, 18 años), Juan Pérez Floristán (España, 22 años), Kazuya Saito (Japón, 25 años), Akihiro Sakiya (Japón, 26 años), David Jae-Weon Huh (Corea, 28 años) y Jianing Kong (China, 29 años)- solamente Pérez Floristán era de origen no asiático. Preguntado acerca de este “tsunami oriental” durante la rueda de prensa posterior a la gala de entrega de premios, el joven pianista sevillano se mostró contrario a los tópicos que ligan la nacionalidad del intérprete con una determinada manera de tocar. En lugar de países de origen y la relación de estos con determinadas escuelas pianísticas, Pérez Floristán prefiere hablar de artistas; y estos, más allá de nacionalidades, son el resultado del talento bien guiado y de trabajo, mucho trabajo.

No obstante lo anterior, parece evidente que en términos globales nos encontramos en un momento de particular florecimiento no sólo cultural, sino también económico, de Oriente. El propio presidente del jurado, Gary Graffman, señaló durante la citada rueda de prensa que en términos cuantitativos el número de niños chinos que estudian piano ha crecido espectacularmente en los últimos años -el éxito y la popularidad de Yuja Wang y, sobre todo, de Lang Lang, a buen seguro tienen que ver mucho con ello- y también es mayor tanto la implicación de los padres para proporcionar a sus hijos una educación musical como el nivel de exigencia de estos hacia sus jóvenes vástagos. Según Graffman, los padres asiáticos son más exigentes con sus hijos que los norteamericanos. Esta disciplina en el estudio inculcada desde pequeños, teniendo en cuenta la ingente cantidad de niños que tocan algún instrumento, es la responsable, a su juicio, del aumento en términos absolutos del número de niños prodigio de origen asiático. Graffman ejemplificó basándose en su propia experiencia en el Instituto Curtis de Filadelfia, su casa desde 1986, donde actualmente cuenta con tan solo cuatro estudiantes de piano, todos ellos de origen asiático.

Las palabras de Graffman hicieron recordar a quien escribe estas líneas una conversación mantenida el día anterior, durante uno de los descansos, con uno de los asistentes a los conciertos de finalistas. Se trataba de una mujer alemana que había presenciado el último concurso Chaikovski de piano celebrado hace poco más de un mes, quien me recordó que entre los escasos participantes europeos había tan sólo dos concursantes de nacionalidad alemana: Maria Mazo, nacida en Moscú pero de origen sefardí, y Miao Huang, de origen chino.

El triunfo de Pérez Floristán en Santander lo es también de todas las personas e instituciones que han colaborado en el desarrollo de este artista (“uno es trocitos de todo lo que le ha pasado en la vida”- señalaba el pianista). Comenzando por su entorno familiar más inmediato, sus padres -Juan Luis Pérez, director de orquesta, y María Floristán, pianista y su primera profesora-, para continuar con Ana Guijarro -“ella me abrió a un mundo nuevo de cómo tocar el piano”- y, más adelante, Galina Eguiazarova en la Escuela Superior de Música Reina Sofía -Paloma O´Shea confesó haberse sentido especialmente emocionada cuando conoció el nombre del ganador- y Elisabeth Leonskaja. Como contrapunto a una formación guiada por tantas mujeres, destaca ahora un hombre, Eldar Nebolsin, bajo cuya tutela el joven pianista sevillano continúa sus estudios en Berlín, ciudad donde reside desde hace dos años.

Pero no nos engañemos. El triunfo de Pérez Floristán en Santander es, en cierta medida, un fracaso del sistema público de enseñanza general y musical en España. A diferencia de lo que ocurre en otros países con un sistema académico más flexible, el sistema español no se adapta bien a las necesidades de los jóvenes. Juan cursó la Enseñanza Secundaria Obligatoria, ESO, con prisa por acabarla para poder así dedicar más tiempo al estudio del piano. Cuando dejó su Sevilla natal por Madrid, se matriculó en la modalidad de Bachillerato a distancia, ya que la modalidad presencial habría sido incompatible con sus estudios en la Escuela Superior Reina Sofía. Para entonces el joven sevillano ya había dejado atrás sus clases de música en el conservatorio (“cuando alguien tiene mucho talento lo hacen ir demasiado despacio, así que lo sacamos de allí”, -relata su madre).

Pérez Floristán se ha impuesto en Santander por méritos propios en un concurso dominado en su final por representantes asiáticos. Queda pendiente para el futuro tratar otra cuestión, en este caso de género. El jurado estuvo compuesto por 12 miembros, 10 hombres y 2 mujeres. Por otra parte, al concurso se presentaron 203 jóvenes procedentes de 32 países, el número más alto de candidatos en la historia del concurso. De ellos, 96 pianistas superaron las pruebas de preselección celebradas en Nueva York, Madrid y París, y tan sólo 20 pianistas de 11 países fueron elegidos para acudir a Santander, 18 hombres y 2 mujeres. No es mi intención abogar aquí por la pura paridad en detrimento de los méritos artísticos, pero los números hablan por sí mismos y en la dilatada historia del concurso tan sólo dos mujeres -la japonesa Ruriko Kikuchi en 1974 y la estadounidense Marioara Trifan al año siguiente- han obtenido el primer premio. Veremos lo que ocurre en la próxima edición, en 2018.

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