Alemania

Yo no quiero ser famoso, que quiero ser popular

Maruxa Baliñas y Xoán M. Carreira
viernes, 28 de agosto de 2015
Fránkfurt, sábado, 4 de julio de 2015. Bockenheimer Depot. Bohuslav Martinu, Drei Einakter: Larmes de couteau (París, 1928, sobre texto de Georges Ribemont-Dessaignes), Alexandre bis (París, 1937, sobre texto de André Wurmser) y Veselohra na moste (París, 1935, ópera para la radio, sobre texto del compositor basado en Vaclav Kliment Klicpera). Beata Baron, dirección escénica. Yassu Yabara, decorados. Gwendolyn Jenkins, vestuario. Joachim Klein, iluminación. Mareike Wink, dramaturgia. Larmes de couteau: Elizabeth Reiter (Eleanora), Katharina Magiera (Madre) y Sebastian Geyer (Satán). Alexandre bis: Anna Ryberg (Armande), Sebastian Geyer (Alexandre), Simon Bode (Oscar), Katharina Magiera (Filomena, Narradora) y Thomas Faulkner (Retrato y Narrador). Coro y Orquesta del Teatro. Nikolai Petersen, dirección musical.
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La Ópera de Fránkfurt ha cerrado su temporada con un homenaje al 125 aniversario del nacimiento de Bohuslav Martinu (1890-1959), uno de los autores más originales y polifacéticos del teatro musical de entreguerras, en el cual se han programados cuatro de sus nueve dramas musicales compuestos en París en este período. Junto a una espléndida producción de Julietta [leer reseña] en la sala principal de la Ópera de Fránkfurt, esta institución preparó también un espectáculo musical en el Bockenheimer Depot -su sala experimental- a cargo de Beata Baron, donde se reunían tres de sus óperas en un acto: Larmes de couteau (1928), Alexandre bis (1937) y Veselohra na moste (1935, originalmente escrita para la radio).

Baron le dio unidad dramática a tres obras que a primera vista tienen poco que ver entre sí, pero que -como se señala en el espléndido programa de sala- son coherentes con las grandes preocupaciones e intereses de Martinu y de las corrientes más avanzadas del teatro de entreguerras. En las tres conviven el nihilismo dadaísta con los refinamientos simbólicos de la commedia dell'arte, la retórica onírica con el humor negro, y sobre todo -como en las mejores obras de Kurt Weill o Pablo Sorozábal- hay una denuncia explícita de la violencia por más que se utilicen alegorías sentimentales o máscaras deformantes. Todas ellas pertenecen por derecho propio a la corriente neoclásica, el más poderoso manantial de modernidad de aquellas dos décadas, fracturadas por las ilusiones desesperanzadas y por la crisis económica, política, social, cultural y -sobre todo- moral. Se trata de una música pegada a las estructuras canónicas, iluminadas por las armonías del jazz y vivificadas por las melodías y gestos de la música popular urbana, con participación en el elenco orquestal de instrumentos de timbre tan característico como el banjo o el acordeón, tan amado por Martinu.

Momento de la representación de 'Drei Einakter: Larmes de couteau' de Martinu. Ópera de Fránkfurt, julio de 2015

Larmes de couteau H 169 es una ópera en un acto compuesta entre el 15 y el 24 de marzo de 1928 sobre un libreto de Georges Ribemont-Dessaignes (1884-1974), que en Frankfurt se cantó con el texto alemán de Iris Wenderholm. La primera representación tuvo lugar el 22 de octubre de 1969 en el Teatro Nacional de Brno, con más de 40 años de retraso, ya que en principio Martinu tenía previsto que se estrenara en el Festival de Música Contemporánea de Baden-Baden en el verano de 1928. Sin embargo la obra fue considerada demasiado vanguardista y arriesgada -Martinu pasaba por una etapa profundamente dadaísta- en especial desde el punto de vista del texto, y a instancias de Hindemith, Martinu acabó estrenando una pieza orquestal totalmente distinta, Le Jazz H 168, que había escrito en enero de ese mismo año.

Alexandre bis o Zweimal Alexander H 255, sobre texto de André Wurmser (1899-1984), en la adaptación al alemán de Kurt Honolka, tardó también en ser estrenada. La ópera fue compuesta en los primeros meses de 1937 y terminada el 8 de marzo de ese año. Como en el caso de Larmes de couteau, tampoco Martinu llegó a ver la ópera estrenada: en este caso fue la 2ª Guerra Mundial la que impidió el estreno y la primera representación fue el 10 de febrero de 1964 en el Nationaltheater de Mannheim.

Veselohra na mostě H 247 (Comedia en el puente) tiene libreto del propio Martinu, basado en una comedia de Václav Kliment Klicpera (1792-1859), uno de los fundadores del teatro checo. En esta ocasión la composición fue algo más lenta ya que Martinu no podía dedicarse sólo a ella y le ocupó casi cinco meses desde el verano de 1935. La partitura está firmada el 10 de diciembre de 1935 y el estreno tuvo lugar el 18 de marzo de 1937 en la Radio de Praga. Existe una traducción alemana de Ernst Roth, pero en este Drei Einakter se usó una nueva versión alemana de Nikolai Petersen y Mareike Wink a partir de Roth. La primera representación en escena fue en el Hunter College de Nueva York el 28 mayo de 1951, con asistencia de Martinu, que por entonces vivía en EEUU.

Momento de la representación de 'Drei Einakter: Comedia en el puente' de Martinu. Ópera de Fránkfurt, julio de 2015

Volviendo ya a la representación de Drei Einakter, lo primero que llama la atención es la agresividad del planteamiento de Beata Baron y en general de la Ópera de Fránkfurt. Las dos primeras óperas fueron clasificadas por Martinu como "cómicas", la tercera está destinada a la radio y nuevamente en su presentación Martinu insiste en que se trata de una ópera sencilla, un argumento popular, una farsa. Y sin embargo lo visto en el Bockenheimer Depot no tuvo nada de "sencillo": las tres obras, relacionadas entre sí por la reaparición de personajes secundarios o incluso añadidos de unas en otras -unos ciclistas, algún soldado-, además de la coincidencia de escenario, me parecieron profundamente trágicas y cargadas de sentido. Pero nadie hubiera definido como 'cómica' a ninguna de ellas -quizá la más desenfadada fue Alexandre bis- y en el caso de Veselohra na mostě nos resultó francamente agobiante. Y es que hay cosas enormemente risibles pero que no tienen ninguna gracia, como esos campesinos atrapados en un puente, que han perdido su documentación por una decisión bélica ajena a ellos que no entienden, y se encuentran repentinamente en "tierra de nadie", sin patria y sin derechos. Pensar en los refugiados sirios y tantos otros que llenan las pantallas de televisión es inevitable.

Para reforzar este carácter trágico, Baron cambia el final de Veselohra na mostě, la ópera que cierra la trilogía, convirtiendo un problema cotidiano de cuernos que se debía resolver con la salida del puente, en un baño de sangre al que nadie sobrevive. Todos son tiroteados hasta la muerte, incluso los personajes de las óperas anteriores. Pero Baron no se inventa nada, el libreto de Veselohra na mostě plantea el problema lógico de cómo escapa un ciervo cuando cae en una emboscada de cazadores y la cruel respuesta final: "muerto". En un feroz sarcasmo digno de Georges Grosz, Baron transforma el destino de sus personajes a semejanza del problema del ciervo y también ellos mueren porque no hay otra salida para aquel que ha sido atrapado en la violencia sin sentido.

Momento de la representación de 'Drei Einakter: Alexandre bis' de Martinu. Ópera de Fránkfurt, julio de 2015

Esta violencia retórica filtrada por la lente del esperpento contrasta con la patente alegría de la orquesta, el director musical y los cantantes, indisimuladamente ilusionados con este proyecto a la par modesto y ambicioso de la Frankfurter Oper. El joven Petersen exhibió un amplio conocimiento de los estilemas, recursos y manieras del teatro musical occidental de entrreguerras, consiguiendo fusionar los elementos cultos y populares, la radio, el teatro, la alta cultura, y todos los demás elementos que componen el lenguaje musical de estos años y especialmente el de Martinu, lo que incluye el empaste y ubicación de color y expresión de los instrumentos inusuales como el banjo y el acordeón. Esta interpretación integral fue puesta al servicio de la dramaturgia con sutileza y seguridad a pesar del handicap de la ubicación de la orquesta en el lateral izquierdo de la escena.

Entre los jóvenes cantantes destacó Katharina Magiera, a la que escuchábamos por primera vez, y que cantó en las tres óperas mostrando una gran versatilidad, especialmente como Madre en Larmes de couteau. Sebastian Geyer también cantó en las tres e hizo un espléndido Satán en Larmes de couteau, además de ser un marido atrapado en sus sentimientos y su imagen en Alexander bis y el sencillo Pescador en la Comedia del puente, tres roles bien distintos que demuestran su sobrada capacidad actoral. Anna Ryberg, Simon Bode y Elizabeth Reiter son cantantes fijos del elenco de la Ópera de Frankfurt y como en ocasiones anteriores mostraron una solvencia que los convierte siempre en un placer. Lógicamente todos los cantantes debutaban en sus roles, ya que estas óperas están totalmente fuera de repertorio. Sería injusto no mencionar también a los anónimos figurantes de la compañía de la ópera cuyas esporádicas intervenciones fueron a menudo claves en la dramaturgia de esta inteligente producción.

En resumen, y a pesar de las crueles condiciones atmosféricas -temperaturas cercanas a los 40 grados y sin ventilación en un antiguo almacén poco acondicionado- este Drei Einakter es una de las producciones más atractivas que hemos tenido ocasión de ver en la pasada temporada. Altamente recomendable -junto con Julietta- para todo aquel que quiera descubrir nuevas óperas. Sólo cabe esperar que Martinu se incorpore al repertorio operístico con normalidad, como ya lo están empezando a conseguir Enescu y Szymanowski.

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