DVD - Reseñas

Pavarotti & (Operatic) Friends

Raúl González Arévalo
viernes, 13 de noviembre de 2015
Pavarotti Plus at the Royal Albert Hall. 20th Anniversary Edition. Arias, dúos y escenas de Puccini (Tosca, La Bohème, Manon Lescaut), Verdi (Il trovatore, La traviata, Aida, La forza del destino, Macbeth, Otello, Rigoletto, I lombardi alla prima crociata), Leoncavallo (Pagliacci), Gounod (Faust), Thomas (Hamlet), Chaicovsqui (Eugenio Oneguin), Donizetti (L’elisir d’amore). Luciano Pavarotti, Giuseppe Sabbatini, tenores; Piero Cappuccilli, Dwayne Croft, Leo Nucci, barítonos; Francesco Ellero d’Artegna, bajo; Natalie Dessay, Nuccia Focile, Kallen Esperian, Leah-Marian Jones, sopranos; Dolora Zajick, mezzosoprano. Royal Philarmonic Orchestra. Leone Magiera, director. Subtítulos en inglés, francés, alemán, español, chino y coreano. NTSC 4:3. LPCM Stereo, DTS Digital 5.1 Surround. Un DVD de 128 minutos de duración. Grabado en directo en el Royal Albert Hall de Londres el 8 de mayo de 1995. DECCA 074 3864. Distribuidor en España: Universal
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Confieso que hace un tiempo albergaba prejuicios contra productos como éste, autocelebrativos, llenos de grandes momentos operísticos rara vez cantados con la teatralidad de una representación de la obra original. Sin embargo, hace menos tiempo me dí cuenta del valor artístico intrínseco que tienen. Lo que más me gusta, más allá del carácter festivo y desenfadado de estas veladas, es la posibilidad que otorgan de disfrutar de momentos que, de lo contrario, no se habrían fijado en el disco. Y me explico.

Los programas de estas reuniones de amigos no tienen más hilo conductor que el de permitir el lucimiento de los artistas que participan en ellas. Pero, más allá del mero capricho, lo curioso es que con frecuencia es posible encontrar desde interpretaciones de papeles asumidos en el escenario pero no grabados, hasta otros que nunca se abordaron completos. Así por ejemplo, Pavarotti, protagonista absoluto de la velada, no tenía los medios para cantar Otello, pero se dio el capricho de cantarlo y Decca el lujo de grabarlo con la batuta nada menos que de Solti. Por el contrario, teniendo mejores bazas para el Álvaro de La forza del destino, hasta donde sé no pasó de este dúo 'Invan Alvaro'. De la misma manera, Natalie Dessay decidió que nunca cantaría Gilda de Rigoletto porque le aburría soberanamente y no le veía interés dramático alguno. Ha grabado en disco, es verdad, 'Caro nome'; pero en esta ocasión la podemos escuchar, además, en el dúo con el duque de Mantua, lo que permite entrever lo que habría podido ofrecer la francesa si no hubiera tenido tantos prejuicios hacia el papel. Para acabar de rematar la faena, le acompaña como tenor Giuseppe Sabbatini, uno de esos cantantes de voz no particularmente bella pero artista inteligente, que no tuvo gran apoyo de las discográficas y que de hecho este ‘duca’ no lo grabó, a pesar de haberlo encarnado en múltiples ocasiones.

El tenor italiano era un artista versátil, igualmente cómodo en el repertorio italiano que francés, de los que aporta otros dos personajes inéditos discográficamente, comenzando por su buen Faust. Su canto, no exento de señorío, se adaptaba mejor al personaje goethiano que al sencillo Nemorino de Donizetti. Por el contrario, sí grabó un buen Rodolfo de La bohème, aquí también presente. Otra artista interesante de finales de los 90 con cierto predicamento discográfico fue la soprano italiana Nuccia Focile. Igualmente versátil, sus apariciones como Marguerite de Faust y Tatiana de Eugenio Oneguin confirman la capacidad dramática que le atribuían las crónicas de la época, en particular a su Mimì, con la que triunfó en el Metropolitan por las fechas de esta gala.

Otros nombres se han quedado por el camino de las crónicas: es el caso de Kallen Esperian, a quien ganar el concurso de canto patrocinado por Pavarotti -de ahí su presencia en el concierto– no sirvió para consolidar una carrera internacional, quedando confinada prácticamente a los escenarios americanos. Su participación como Mimì, Aida y Desdemona revela un material apreciable como soprano lírica. También Dwayne Croft ha desarrollado una carrera fundamentalmente estadounidense, aunque en su caso los medios son más interesantes, como revela el dúo de amor de Hamlet junto a la ya magnífica Ophélie de la Dessay, que aún debía llevar el personaje a cotas más altas. Por el contrario, Leah-Marian Jones –presentada como soprano en los créditos, aunque ha desarrollado una carrera de mezzo– se quedó a este lado del Atlántico, frecuentando los escenarios británicos y algunos del continente.

Queda así Leo Nucci, que aún no había alcanzado la categoría de mito que disfruta a día de hoy, pero reivindica sus razones con dos personajes clave de su repertorio, el verdiano Carlo y el donizettiano Belcore. Y el protagonista absoluto de la velada y de la grabación, Luciano Pavarotti, en el ápice de su fama con las giras de los Tres Tenores. El sentido del concierto, en apoyo a la Cruz Roja británica, permite pasar por alto que se presenta con algunos papeles que no son los que más convenían a su vocalidad, los caprichos de los que hablaba antes. Pero junto al Otello y Alvaro verdianos aparecen también dos personajes de los que fue dueño y señor absoluto, el Rodolfo pucciniano y el Oronte verdiano, sin olvidar su maravilloso Macduff. Aunque las grabaciones referenciales de juventud quedaban lejos, la luminosidad del timbre, la facilidad todavía asombrosa de los agudos, la dicción clarísima y la capacidad de comunicación estaban prácticamente intactas, recordándonos la maravilla que fue. Y aquí el disfrute es total, imposible no rendirse a los pies del mito.

Leone Magiera, ex-marido de su hermana de leche y compañera de tantas veladas y grabaciones memorables, Mirella Freni, dirige complaciente, acorde con el espíritu de la velada una estupenda Philarmonic Orchestra sin grandes propósitos dramáticos.

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