España - Euskadi

Un fantástico Trovatore para cerrar la temporada de la ABAO

Patxi Madariaga

viernes, 8 de marzo de 2002
Bilbao, lunes, 18 de febrero de 2002. Palacio Euskalduna. Bilbao, 18 de febrero de 2002. G. Verdi, Il Trovatore. Ópera en cuatro partes con libreto de Salvatore Cammarano, basado en "El trovador" de A. García Gutiérrez (Estren: Roma, Teatro Apollo, 19 de enero de 1853). Pier Luigi Pizzi, Dirección de escena, Escenografía y Vestuario. Vincenzo Raponi, Diseño de iluminación. Richard Margison (Manrico), Sondra Radvanodsky (Leonora), Larissa Diadkova (Azucena), Genaro Sulvaran (El Conde de Luna), Arutjun Kotchinian (Ferrando), María Mendizabal (Inés), Pedro Calderón (Ruiz), Ales Pérez (Un gitano), Fernando de la Fuente (Un mensajero). Orquesta Sinfónica de Euskadi. Coro de Ópera de Bilbao. Pier Giorgio Morandi, Director Musical. Una co-producción del Maggio Musicale Fiorentino, Teatro Massimo de Palermo y Teatro Nacional San Carlos de Lisboa. Ocupación: 100 %.
En todas las ocasiones en las que hasta ahora había visto Il Trovatore en teatro sentía que faltaba algo para que estuviera ante una función completamente redonda y divertida. Me faltaba que apareciera en un palco, antes de levantarse el telón, Otis P. Driftwood (o en su defecto Groucho Marx) y nos hablara de las melodías de famosa obra de Verdi que iban a acariciar nuestros oídos "como los cheques de la Sra. Claypool acarician nuestros bolsillos" para luego informar que la función iba a comenzar con pocas pero precisas palabras:"Y ahora adelante con la ópera. Que la alegría se desborde, que los porteros bailen en el vestíbulo y que todos se emborrachen en los palcos. Música, Bartolo".Esta vez, la voz de Mr. Driftwood tampoco se oyó. Tan solo la amable señorita de todas las representaciones nos informó con el tono aséptico acostumbrado que estaba prohibido fumar, excepto en la cafetería, que no se podían realizar fotografías, filmaciones o grabaciones en el interior de la sala. Y que, por favor, apagáramos los teléfonos móviles. Y en lugar de Bartolo ocupo el podio Pier Giorgio Morandi.La música comenzó a sonar y cuando los músicos pasaron la primera página de la partitura….siguió sonando la música de Verdi, en vez de "Take me out to the ball game".Pero esta vez (y ahora mejor me pongo serio antes de que algún adalid de la ortodoxia me fulmine con contundente anatema) no me importó porque estaba en una magnífica representación del Trovador.Sobre todo por la soprano Sondra Radvanosky, que interpretó una 'Leonora' magistral. Su voz no tiene un color especialmente bello, aunque domina, con medios sobrados y control absoluto, todos los registros. Su línea de canto, en la que no faltan los acentos dramáticos precisos, es impresionante y de acusada personalidad. Emocionó en su primera intervención ,"Tacea la notte placida" , donde mostró un ejemplar canto legato, y consiguió en el cuarto acto, mientras cantaba "D'amor sull'ali rosee", uno de esos raros momentos en los que la respiración del público parece quedar suspendida. Incluso ese personaje, que está en cualquier función y aprovecha el primer silencio que se produce para toser, se calló ante el despliegue de sutileza, matices y resortes interpretativos que demostró poseer la soprano. Maravillosa.Importante también la actuación de Larissa Diadkova, que creó una espléndida Azucena. Posee una gran voz de mezo, con la potencia, volumen y extensión que exige el personaje.El tenor Richard Margison tiene una voz demasiado lírica para el papel de 'Manrico', lo que lo puso en apuros en más de un momento. Además, se encontró junto a las dos magníficas interpretes femeninas lo que oscureció aún más su actuación. A pesar de esas limitaciones, cantó bien e incluso demostró arrojo cambiando de vocal (de la 'a' a la 'i') en el agudo final de la pira, algo que grandes cantante evitan hasta en las grabaciones.Por su parte, el barítono Genaro Sulvarán ofreció un 'Conde de Luna' de escasos matices. cantando permanentemente sfogato y dando la sensación en ocasiones de no controlar la emisión de la voz.Correctos el bajo Arutjun Kotchinian y el resto de los interpretes y ajustada actuación del Coro de Ópera de Bilbao.Al frente del conjunto estuvo, como ya quedó dicho más atrás, Pier Giorgio Morandi, quien realizó una eficaz labor de contención de la Orquesta Sinfónica de Euskadi para evitar que la desigual y en ocasiones ruidosa partitura orquestal tapara lo verdaderamente importante desde un punto de vista musical de esta ópera, es decir, lo que va ocurriendo en el escenario.El montaje escénico de Pier Luigi Pizzi es clásico, pese a que hay un cambio de época de la acción desde la Edad Media al siglo XVII. Está basado en la estética de los cuadros de Velázquez en iluminación, personajes y colores, algo que consigue con elementos escénicos mínimos. Gracias a esta sencillez, los numerosos cambios de decorado, que se realizan a la vista del público, resultan de una rapidez muy de agradecer.En definitiva, una espléndida clausura para la L Temporada de Ópera que organiza la Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera (ABAO). Para el proximo año, en el que se cumple el 50º aniversario de la fundación de la ABAO se anuncian seis títulos : Turandot, Götterdämmerung, Werther, Norma, Alcina y Zigor, de Francisco Escudero. Seguro que los "aficionados" que dirigen la ABAO sabrán ofrecer esa nueva temporada con la misma profesionalidad (con mayúsculas) que han montado las anteriores.

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