Estudios sociales

Música y política en la URSS poststalinista

Andrey Reznik y Andrey Ivanov

viernes, 11 de diciembre de 2015

“La cultura artística soviética, el arte progresista del mundo entero, ha sufrido una grave pérdida irrecuperable. A la edad de 68 años falleció el gran compositor de nuestro tiempo: Dmitri Dmítrievich Shostakovich, Diputado del Soviet Supremo de la URSS, Héroe del Trabajo Socialista, Artista del Pueblo de la URSS, laureado con el Premio Lenin y los Premios del Estado. Hijo fiel del Partido Comunista, […] el artista y ciudadano Shostakovich dedicó toda su vida al desarrollo de la música soviética, a la glorificación de los ideales del humanismo socialista y del internacionalismo, a la lucha por la Paz y la Amistad entre los pueblos del mundo”. Con estas palabras de condolencia, más patéticas que tristes, comenzaba la nota necrológica publicada el 12 de agosto de 1975 en el periódico Pravda [La Verdad], el medio principal del Comité Central del Partido Comunista de la URSS. Con otra tonalidad distinta empieza la necrología escrita por Dennis Barrer, publicada en The Guardian un día antes: “Dmitri Shostakovich, compositor ruso cuyas obras han sobrevivido y paradójicamente florecido en sus difíciles relaciones con las autoridades soviéticas durante 50 años, ha fallecido en Moscú a causa de una enfermedad de corazón, dejando inacabada su Sinfonía número 16”.

Durante la época soviética estalinista y poststalinista, Shostakovich fue el símbolo y el estandarte de la cultura musical rusa hasta el día de su muerte, el día 9 de agosto de 1975#1. Sobrevivió a los tiempos más oscuros de la historia de la URSS, aguantando fuertes críticas en los años 1936 y 1948, y otras más moderadas desencadenadas por su Sinfonía número 10 (después de Stalin, en 1954), y por su Sinfonía número 13 (en 1962). Ésta última fue criticada por su carácter abiertamente “decadente”,#2 llegándose a editar nueve años después de su estreno en Moscú.

Serguéi Serguéevich Prokofiev, otro gran compositor ruso, víctima y heredero honorífico de Iosif Stalin durante 15 largos años, por increíble coincidencia sucumbió a un derrame hemorrágico cerebral en su piso en Moscú 50 minutos antes del fallecimiento del tirano#3. En 1938 pocos conocían en Occidente que Lina, mujer de Prokofiev e hija del español Juan Codina, había sido arrestada, acusada de espionaje y retenida, junto a dos hijos del compositor, en Siberia. A partir de entonces, el régimen no le permitió salir al extranjero. De esta manera, el mundialmente famoso Serguéi Prokofiev tuvo que acceder a convertirse en propagandista oficial de las “indudables ventajas de la cultura musical soviética”, componiendo obras como las cantatas Aleksandr Nevski, op.78 (1938-39) y Zdrávitsa, op.85 (1939)#4, una Oda a Stalin, con motivo de su 60 cumpleaños, la ópera Semion Kotko, op.81 (1939), dedicada al tema de la guerra civil en Ucrania, etc.#5 Edison Denísov, uno de los lideres del vanguardismo musical soviético recuerda: “Fue una época negra para todas nuestras artes, en particular para la música. Expulsaron a gente del Conservatorio solo por mencionar nombres como Debussy, Ravel y Stravinski.”

Hay que admitir que ambos compositores, tanto Shostakovich como Prokofiev, componían loas musicales a Iosif Stalin, al sistema y a todo lo que hiciera falta, incluso llegaron a escribir varios himnos dedicados a los proyectos de construcción de embalses donde trabajaban los presos políticos. Rodión Shchedrín en una entrevista a finales de los 80 sobre la época estalinista declara: “El cimiento del poder del estado fue el terror, que afectaba a todos los aspectos de la vida.”

La reglamentación del arte por el Comité Central del único partido de la URSS (1946-52) tuvo como consecuencia una profunda crisis intelectual, hasta tal punto que el mismo Stalin y su entorno empezaron a revelar síntomas claros de descontento. En 1952, el periódico Pravda, espejo político del Comité Central del PCUS, abre una discusión sobre la teoría de la ausencia de conflictividad en el arte socialista, donde se recuerda a los escritores soviéticos que las condiciones de vida todavía no son ideales y que aún existen el mal y los “caracteres negativos”. A continuación prosigue: “No debemos tener miedo a mostrar nuestros fallos y dificultades”. Los consejos directivos del partido al mundo de la literatura podían servir como buena señal de futuros cambios en el clima cultural#6. Sin embargo, el año siguiente se inicia un proceso judicial a nueve famosos médicos (la mayoría judíos), arrestados bajo acusación de envenenamiento a algunos jefes de estado. Afortunadamente, la muerte de Stalin acabó con este proceso, que podría haberse convertido en una nueva purga del tirano, con represiones todavía más sangrientas.

El 6 de marzo de 1953, el Comité Central anunció la muerte del “Padre de todos los pueblos”. Lavrenti Béria, Gueorgi Malenkov, Nikita Jrushchov, Viacheslav Mólotov y otros cuatro líderes llevaron el féretro abierto con el cuerpo embalsamado de Stalin hasta el Mausoleo, y lo depositaron debajo de un cristal al lado del ataúd de Lenin. Todo este acto, siguiendo el protocolo del partido, significaba que aquellas personas eran las más poderosas del país y que poco después pretenderían sustituir al jefe de estado. De hecho, el poder absoluto ya se concentraba en manos de Malenkov y Béria.

Béria, georgiano de nacimiento (1899-1953), listo y cruel jefe de la NKVD, la policía secreta soviética, compatriota y mano derecha de Stalin, Comisario de Asuntos Interiores, se consideraba el auténtico heredero de Iosif Stalin, pero la mayoría de los miembros del Comité Central vieron esta situación como un gran peligro para ellos. Por este motivo, en junio de 1953, el Secretario del Comité Central del PCUS, Nikita Serguéevich Jrushchov (quien no pudo perdonar a Stalin y a Béria la ejecución de su propio hijo a finales de la 2ª Guerra Mundial), apoyado por el Ministro de defensa Nikolái Bulganin, inicia un complot contra Béria mientras éste se encuentra en Berlín. Jrushchov consigue que a Béria se le retire de todos los cargos políticos y se le arreste el día 10 de julio del mismo año.

A partir de este momento, se inicia un período de lento deshielo, dentro del cual se distingue el “gobierno colectivo” (hasta febrero de 1956, cuando Jrushchov ocupa el lugar de Stalin) y el “absoluto” (hasta su dimisión en octubre de 1964, causada por el complot organizado por Alekséi Kosiguin y Leonid Brézhnev). A partir del año 1958 Jrushchov también encabeza el Consejo de Ministros de la URSS.

El 27 de noviembre de 1953, casi un mes antes de la ejecución de Béria por orden de un tribunal militar en un juicio a puerta cerrada, en Pravda aparece un artículo sobre la estandarización en el arte: “[…] hacer copias en el arte a partir un único modelo significa destruir la individualidad […] El Realismo socialista abre perspectivas infinitas para la creatividad de un artista y le ofrece una gran libertad para expresar su propia personalidad […] Por eso se considera importante apoyar las nuevas tendencias en el arte, estudiar el estilo individual del artista y […] reconocer su derecho a ser independiente, abrir con valor caminos nuevos”. Parece increíble que ocho meses después de la muerte del dictador, el medio principal del partido escribiera sobre el arte de esta manera.

Aprovechando el cambio, a finales del mismo año, Shostakovich estrena sus dos cuartetos, los números 4 y 5, escondidos durante mucho tiempo en el cajón de su escritorio, y su Décima sinfonía, la cual abrirá, el 29 de marzo de 1954, una intensa discusión en la Unión de Compositores de la URSS. La polémica suscitada por la Décima sinfonía dividirá a los compositores en dos posturas: una progresista, representada por compositores como Aram Jachaturián, y otra más “conservadora” que prefiere reglamentar el arte a la manera estalinista de Andrei Zhdánov, el Comisario de Cultura#7.

Solomón Vólkov, importante crítico musical y amigo íntimo del compositor, señala que el propio Shostakovich describió en el Scherzo (2º movimiento) de su Décima sinfonía el retrato musical de Stalin. Los partidarios de la Sinfonía la llamaban “tragedia optimista que acabó con la teoría sobre la ausencia de conflictividad”.

En enero de 1954, poco antes de la famosa discusión, el compositor publica, en la revista Música soviética, un artículo titulado “Alegría en la exploración de los caminos nuevos”. En él sostiene que “la Unión no debe ‘proteger’ a sus compositores de la búsqueda de lo nuevo, de la circulación por los caminos desconocidos en el arte […]”. A pesar de las críticas que recibió su Décima sinfonía, en el verano de ese mismo año otorgan a Shostakovich el Titulo Oficial Honorífico del Estado, “Artista del Pueblo”, y en diciembre, con motivo de su Obertura Festiva, el Premio Internacional de la Paz.

Dos años mas tarde, el 25 de febrero de 1956, en el Congreso del PCUS, su líder, Nikita Serguéevich Jrushchov denuncia los crímenes de Stalin (durante la purga de los años 1937-38 habían sido fusilados el 70% de los miembros del Comité Central del PCUS). Se le condena por haber causado “un grave perjuicio a los principios del gobierno colectivo y […] la concentración de un ilimitado poder en las manos de una persona”. También se le critica su papel en la 2ª Guerra Mundial, recriminando no haber preparado al país ante la invasión alemana, en verano de 1941, debido a múltiples represiones entre oficiales antes de la guerra, en los años 1937-1941. De esta manera, el difunto Stalin, el Gran Líder y Profesor, fue relegado al olvido, retirando su cuerpo del Mausoleo y siendo enterrado en una fosa junto al muro del Kremlin durante la noche del 31 de octubre de 1961.

El discurso de Jrushchov abrió un periodo de liberación política, libertad personal de los ciudadanos e intercambios culturales, como no se recordaba desde los primeros años de la Revolución.

El 27 y 28 de mayo de 1958, Shostakovich viaja a Paris, donde interpreta sus 24 Preludios y Fugas para piano, op.87. El 22 de octubre de 1959, efectúa una visita a los Estados Unidos como miembro de la delegación de compositores de la URSS, encabezada por Tijon Nikoláyevich Jrénnikov, donde estrena su Concierto nº 1 para violonchelo y orquesta dedicado a Mstislav Leopóldovich Rostropovich#8. En el año 1960, formando parte de la producción de la película Cinco días y cinco noches, Shostakovich visita Dresde, donde compone uno de sus más famosos cuartetos de cuerda, el nº 8.

No obstante, no podemos pensar que todas “las exploraciones hacia caminos nuevos” habían sido permitidas y gratificadas por parte de las autoridades, ya que dentro del mismo Comité Central del PCUS existían distintos puntos de vista sobre política, economía, vida social y el arte del realismo socialista, lo que inevitablemente, provocaba una competencia interna totalmente fuera de la vista del ciudadano habitual. Así, por ejemplo, Aleksandr Solzhenitsyn pudo escribir la novela sobre la vida de los presos políticos en un campo de Siberia, y su publicación (en 1963) fue aprobada por el propio Jrushchov. Sin embargo, un año antes, los líderes del partido recibieron negativamente la Sinfonía número 13 para solista, coro y orquesta de Shostakovich, basada en versos del poeta Evgueni Yevtushenko#9, y su edición permaneció retenida durante nueve años. En el estreno de la obra de Shostakovich, el día 18 de diciembre de 1962, el palco del gobierno de la Sala Grande del Conservatorio de Moscú quedó libre. Se canceló la transmisión televisiva del concierto, prevista con suficiente antelación, y los textos de Yevtushenko no aparecieron en el programa de mano. No obstante, a pesar de los cordones de la policía (llamada en Rusia “milítsia”) el auditorio se llenó y la Sinfonía número 13 obtuvo un gran éxito.

Peor fue la represión de las autoridades contra la novela Doctor Zhivago, en el año 1958, conocido en la historia de la sociedad poststalinista como “el año del Proceso de Pasternak”. Los jefes de la literatura soviética consideraron la obra peligrosa, debido a que su autor, con su visión subjetiva, llegó demasiado lejos describiendo los años de la guerra civil en Rusia y los rasgos de la NPE (Nueva Política de Economía). Por este motivo, la novela no pudo ser publicada, entrando en la lista de obras literarias no recomendadas (es decir, prohibidas). Como sabemos, posteriormente, el libro tuvo mucho éxito en Occidente, y Borís Pasternak recibió el Premio Nobel poco después de aparecer Doctor Zhivago.

Siendo hijo de un pobre agricultor, y en el pasado obrero en las minas de Donbass (Ucrania) desde los 15 años de edad, Jrushchov, en pintura comprendía y aceptaba solo el arte del Realismo puro. En los 60 atacó injustamente a los pintores abstractos, lo que causó después la emigración de algunos importantes artistas a Occidente.

El periodo de la historia de la URSS conocido como los años de deshielo no duró mucho. En 1965, siendo Shostakovich primer Secretario de la Unión de Compositores de la Federación Rusa, el compositor se mostrará defensor de la música vanguardista, apoyando públicamente al joven compositor Edison Denísov, representante de la vanguardia moscovita#10. Sin embargo, tres años después, en 1968, en su último discurso en este cargo, Shostakovich tendrá que cambiar su posición con respecto a la música vanguardista: “Las directrices de la Conferencia de abril del Comité Central nos hacen responsables de la tarea de resistir activamente a los intentos de difusión de algunas obras de la literatura y del arte, a las ideas ajenas a la ideología socialista de la sociedad soviética […] en el fundamento de esta corriente militante existen raíces destructivas respecto a la música […]”. Y a continuación: “La vanguardia es […] un gran error teórico. Nosotros, artistas de la cultura soviética, la negamos.”

En el mismo año 1968, Shostakovich compone su Cuarteto de cuerda nº 12, obra monumental donde utiliza elementos de la “rechazada” técnica dodecafónica inventada por Arnold Schoenberg, muy de moda en los países de Europa oriental por esos años. Si el ex Comisario Andrei Zhdánov, ideólogo de la cultura y camarada de Stalin, hubiera escuchado la obra de Shostakovich (sobre todo su 1ª versión), seguramente se habría levantado atormentado de la tumba.

BIBLIOGRAFÍA

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 Wilson, Elizabeth Shostakovich: a life remembered, Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1995

Notas

Su defunción se encuentra registrada a las 15.30, por un paro cardiaco, en el prestigioso Hospital del Kremlin.

Término utilizado por las autoridades soviéticas en los años 60-70 contra toda aquella ideología contraria a la del partido comunista. Defendían la libertad de los derechos humanos y luchaban contra el antisemitismo y el nacionalismo vigente.

Según la nota oficial, Stalin murió por esta misma causa el 5 de marzo de 1953, a las 21-50, en su dacha a las afueras de Moscú. [Increíble coincidencia, tirano y víctima resultaron estar singularmente vinculados por la casualidad de la muerte].

Brindis en honor de alguien.

Poco antes, en 1936-37, cuando desaparecieron algunos sus amigos durante primeras purgas de Stalin el compositor ofreció al régimen la Cantata al XX aniversario de la Revolución de Octubre, op.74 basada en textos de Marx, Engels y Lenin.

Durante las purgas de Stalin se había presionado y fusilado a uno de cada dos poetas y escritores soviéticos.

Tales como el compositor operístico Iván Dzerzhinski o el musicólogo Borís Yarustovski, uno de los autores del famoso discurso con acusaciones de “formalismo” que se vio obligado a leer Tijon Jrénnikov en 1948, siendo el Primer Secretario de la mencionada Unión de Compositores.

Los autores del presente artículo tuvieron suerte de conocer en persona a estos dos artistas.

Los poemas de Evgueni Yevtushenko (anteriormente publicados) expresaban ideas humanistas, reprobando abiertamente del antisemitismo, describiendo los temores y sufrimientos de los ciudadanos en un estado policial, y animándolos al inconformismo. Además, señala como ejemplo a seguir a los grandes personajes de la historia, tales como Galileo y Tolstoi, quienes nunca tuvieron miedo de decir públicamente la verdad.

Tras pasar veinticuatro años Denísov recuerda: “De hecho, nuestra generación fue la primera que llegó a entender que ya no se podía componer en el estilo aceptado oficialmente, y que había que crear algo nuevo cambiando el lenguaje. Además, yo mismo sentía una necesidad interior de cambios estilísticos, una necesidad de “hablar” de una manera diferente. Entendía que el lenguaje que me habían enseñado me sirvió como base, pero llegaría el momento en que comenzara a expresarme en mi propio estilo.”

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