Francia

Sin pies ni cabeza

Jorge Binaghi
miércoles, 13 de enero de 2016
París, martes, 29 de diciembre de 2015. Opéra Bastille. La damnation de Faust, París, Opéra Comique, 6 de diciembre de 1846, en versión de concierto; primera versión escénica, Montecarlo, Opéra, 18 de febrero de 1893. Libreto de H. Berlioz y A. Gandonnière según la traducción del ‘primer Fausto’ de Goethe por G. de Nerval. Dirección escénica y escenografía: Alvis Hermanis. Vestuario: Christine Neumeister. Video: Katrina Nelburga. Luces: Gleb Filshtinsky. Coreografía: Alla Sigalova. Intérpretes: Sophie Koch (Marguerite), Bryan Hymel (Faust), Bryn Terfel (Méphistophéles), Edwin Crossley-Mercer (Brander), Sophie Claisse (Voix céleste), y Dominique Mercy (rol mudo y bailado, Stephen Hawking). Orquesta y coro del Teatro (maestro de coro: José Luis Basso). Director: Philippe Jordan
0,0002539

¿Por qué? ¿Para qué? Si la obra se estrenó en concierto, si se sabe lo difícil que es, si, sobre todo, había una excelente producción anterior de la casa (ni siquiera ‘tradicional’ -perdón por el palabro, sino de alguien tan apreciado como Lepage-) que no era muy ‘antigua’… Desde el estreno, buena parte del público protesta a cada representación por la absurda puesta en escena de Hermanis, que se ha puesto a pensar y ha descubierto que el Fausto de nuestros días es Hawkins y lo ha plantado en el escenario todo el tiempo en silla de ruedas (salvo al final…. Un ejemplo de las contradicciones permanentes: la obra termina, como indica el título, con la condenación del protagonista, pero ahí ‘Hawking’ parece recuperar, con dificultad, el dominio de su cuerpo). Naturalmente si el texto habla del silencio y de la falta de luz en el video que se proyecta incesantemente -y que uno deja de mirar tras un rato- hay gran luminosidad y estrellas a más no poder. Todavía estoy pensando si las hormigas del video durante la célebre marcha Rácókzy querían decir algo, pese a que mitad del programa (o más) está destinada a explicarnos el golpe de genio del director; visto que Hawking dijo en un discurso que había que colonizar Marte, para ahí nos vamos al final (a hacer qué no se sabe aunque Hawking, que de esto no tiene la culpa y espero que pida derechos, lo haya dicho).

Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015.  Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015. © Felipe Sanguinetti, 2015

Los bailarines danzan más o menos siempre del mismo modo, el coro en latín de los estudiantes se ve que pasó desapercibido porque nada de lo que dice se materializa de alguna forma, hay gran profusión de ropa interior masculina y femenina de buen gusto y moderna, trajes de astronautas, un diablo vestido de burgués, un Fausto de no se sabe qué, una Margarita que se pasea desganadamente antes de aparecer y cuando lo hace va estilo años sesenta-setenta del siglo pasado y canta la balada del rey de Thulé observando las evoluciones de un tiburón en el video. Como no he visto una idea llevada realmente a término, ni su contrario a veces esbozado, mucho más no puedo decir. Buenas luces, efectos, todo lo que Berlioz probablemente hubiera encontrado superfluo si no ridículo.

Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015 © Felipe Sanguinetti

Jordan dirigió muy bien aunque más de una vez prefirió quitar énfasis y retener a la orquesta, y eso en los momentos más exuberantes de Berlioz no parece lo más aconsejable. Por eso brilló más en los momentos líricos, que la partitura tiene y tantos, desde la invocación a la naturaleza pasando por las escenas de Margarita o las danzas de silfos y faunos y ‘Voici des roses’. La orquesta estuvo impecable y fue magnífica la labor del coro con su director José Luis Basso (después de mucho tiempo, un gran maestro en su especialidad y de forma estable para un gran teatro lírico).

Meritoria la actuación de Mercy en el personaje agregado. Excelente la intervención de Crossley-Mercier, un barítono francés ascendente. No entiendo bien qué ven muchos críticos y públicos en Koch: una cantante correcta, ni soprano ni mezzo, de medios no demasiado interesantes ni bellos (sonó metálica y áspera en toda su gran aria; lo mejor resultaron los dúos y tríos con los otros intérpretes). No la puedo juzgar como artista porque mucho que hacer no tenían más que deambular desconcertados, y no es culpa de ellos. Terfel está vocalmente en forma óptima; si su aproximación totalmente exterior, a veces vociferante, al personaje de Mefisto es la adecuada para la música de Berlioz (más lo es para la de Gounod, sin serlo del todo) es otra cuestión. La dicción es buena, pero el arte del canto y de la palabra de los Bacquier y Van Dam (así nadie dirá que estoy hablando de cantantes que no he escuchado o de los que apenas nos quedan recuerdos) estuvo ausente.

Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015.  Momento de la representación de 'La condenación de Fausto' de Berlioz. Dirección musical, Philippe Jordan. Dirección escénica, Alvis Hermanis. París, Opera Bastille, diciembre de 2015. © Felipe Sanguinetti, 2015

En las primeras funciones el protagonista -una parte de tenor ardua, como ocurre con Berlioz- fue Jonas Kaufmann. No podía ir en esa época y como ya lo había escuchado hace años -antes de su encumbramiento- en el mismo papel en La Monnaie y no lo había encontrado muy deslumbrante que digamos no me desesperé ni decidí renunciar por ello. Sobre todo porque Hymel, que ya tuvo que salir al rescate en Londres cuando el célebre divo se enfermó para toda la serie de Les Troyens -que curiosamente nunca más cantó- es una voz estilística y técnicamente ideal para la parte. El timbre tiende a ser algo opaco y por momentos le falta brillo, pero también su dicción fue ejemplar y el fraseo absolutamente pertinente.

Mucho público presente con fuerte división de opiniones.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.