Editorial

Pasar la página de Boulez

Consejo Editorial

viernes, 15 de enero de 2016
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¿Puede un solo hombre cambiar el curso de toda una especialidad artística? Seguramente no, pero si alguien ha estado cerca de ostentar un poder semejante, creemos que ese fue Pierre Boulez. Su longeva vida ha retrasado el tipo de juicio que solo se puede ejercer sobre los grandes hombres una vez desaparecen, pero parece innegable que sin su figura, sin su presencia e influencia, la música de la segunda mitad del siglo XX hubiera seguido un camino divergente. Podría tratarse de una desviación mínima, quizá inmensa, pero se nos hace difícil imaginar la vanguardia posterior a la Segunda Guerra Mundial sin Boulez: sin sus radicales planteamientos como compositor, que abrieron la senda a una forma de concebir la creación musical que aún hoy no se ha abandonado; sin sus tratados estéticos, brillantes análisis y furiosos manifiestos, que muestran a un gigante de la dialéctica; sin su personalidad magnética, polo atractor que atrapó a tantos jóvenes compositores y que le confirió la autoridad para juzgar lo que era valioso en música y lo que no; sin su influencia política, que le permitió fundar un centro, el IRCAM, que aceleró decisivamente la evolución de las músicas electrónicas y el uso de computadores; y, en definitiva, sin su inagotable emprendizaje a favor de las nuevas músicas, bien fuera como gestor, impulsor de proyectos, director de orquesta, logista, esteta o protector de nuevos talentos.

En Mundoclasico.com hemos sido siempre, desde nuestros inicios hace casi veinte años, muy críticos con lo que Boulez le ha aportado, o le ha podido arrebatar, a la música del siglo XX. Paralelamente, hemos reconocido su inmensidad como músico en infinidad de ocasiones. Repasando nuestras publicaciones sobre Boulez en las últimas dos décadas, nos percatamos de que hemos caido en la contradicción constante en torno a lo que el compositor fue y representó. En el fondo, creo que lo teníamos claro: Boulez fue para nosotros, en lo bueno y en lo malo, una de las figuras capitales del arte del pasado siglo. Por eso hemos querido dedicarle el que es, con diferencia, el mayor homenaje que le hemos dedicado a ningún músico con motivo de su fallecimiento. Cuatro obituarios, complementados por un apunte biográfico y la crítica de uno de sus últimos discos, que observan las diferentes facetas de Boulez y tratan de alumbrar aspectos de una personalidad profunda y compleja, con recovecos oscuros cuando no herméticos. Firmados por Ramon Lazkano, José Luis Besada, Alfredo López-Vivié, Enrique Sacau y Paco Yáñez, nos ayudan, en estos días de duelo en el mundo de la música, y como postula uno de los textos, a pasar una página de la historia que el propio Boulez ya nos enseñó a pasar.

 

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