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Y se hizo la voz

Jesús Aguado
jueves, 4 de febrero de 2016
Bilbao, sábado, 23 de enero de 2016. Palacio Euskalduna. Vincenzo Bellini. La Sonnambula. Libreto de Felice Romani. Pier Luigi Pizzi, dirección de escena, escenografía y vestuario. Massimo Gasparón, dirección de escena de la reposición. Mark Stavtsev, iluminación. Ekaterina Mironova, Coreografía. Jessica Pratt, Amina. Antonino Siragusa, Elvino. Mirco Palazzi, Il Conte Rodolfo. Elena Sancho Pereg, Lisa. Itxaro Mentxaka, Teresa. José Manuel Díaz, Alessio. Alberto Núñez, Un notario. Coro de Ópera de Bilbao, Boris Dujin, director. Orquesta Sinfónica de Bilbao. José Miguel Pérez Sierra, director musical. 64 Temporada de la ABAO
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Nada esperaba yo personalmente exaltante, recordando a la vez a Gabriel Celaya y a Paco Ibáñez, mientras me dirigía al Palacio Euskalduna a ver la representación de La Sonnambula de Bellini con la que ABAO-OLBE continúa su actual y muy italiana y muy belcantista temporada de ópera.

Reconozco que las peripecias de Amina y Elvino me parecen tan triviales y sobre todo tan leves que dedicarles una ópera entera siempre me ha parecido un exceso por parte de Bellini. No tengo nada en contra de argumentos disparatados o inverosímiles, pero sí necesito una historia que al menos tenga una cierta entidad dramática, y que no se pueda resumir en un par de frases, como es el caso de la ópera que nos ocupa. No hay duda de que es una cumbre del bel canto, pero ¿basta con eso? Mi respuesta a priori es que no, pero como ya se sabe que el destino es un bellaco, tengo que reconocer, después de la representación del sábado pasado, que sí puede bastar, siempre que todos los elementos que se reúnen sean de primera calidad. Solo así se puede sostener un argumento tan endeble: dejando que hable, o mejor dicho, que cante la música.

Jessica Pratt es una Amina de auténtico lujo. Una voz clara, limpia, luminosa, con un agudo portentoso al que llega sin aparente esfuerzo, con una capacidad de apianar la voz hasta el escalofrío y una elegancia en el fraseo difíciles de encontrar. En ningún momento sacrifica la sonoridad por el volumen, por lo que tal vez su Amina resulte más impactante en un teatro más pequeño que el Euskalduna, pero el timbre sale ganando: ni un portamento, ni un apoyo de más. La voz resuena sin que se note tensión alguna, ni siquiera en el registro más sobreagudo, y estamos hablando de La Sonnambula, es decir un sobreagudo estratosférico. En ningún momento apretado ni gritado, una voz como un leve soplo de brisa fresca. No es que el papel requiera de grandes interpretaciones psicológicas, pero estuvo bien dirigida escénicamente, y en conjunto su actuación fue una absoluta delicia.

'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi.'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi. © ABAO, 2016

Réplica le daba Antonino Siragusa como Elvino, un enamorado que tampoco se caracteriza por una prodigiosa inteligencia que digamos. Muchas cosas buenas se pueden decir también de su actuación: su voz suena clara, limpia, potente, ágil. La línea de canto es hermosa, el fraseo elegante. El agudo, tan importante también en su papel, suena brillante y con una gran presencia. Sin embargo, es una lástima que abuse de las apoyaturas para subir a esos agudos, sobre todo porque, escuchando el resultado final, es decir, la nota aguda, cálida y restallante, no debería necesitar esos apoyos tan pronunciados y que producen una sensación de excesiva tensión. Las veces que subió al agudo sin emplear esta técnica se apreciaba el mismo color cálido y el mismo brillo, por lo que resulta una pena que su estupendo desempeño se vea un tanto empañado por esta cuestión técnica.

Elena Sancho Pereg era Lisa, la antigua enamorada de Elvino que no soporta a Amina porque considera que le ha robado a su amor. En el entreacto se anunció por megafonía que se encontraba enferma pero que iba a llevar la representación hasta el final. Lo único que se puede decir es que he escuchado a sopranos perfectamente sanas defender peor sus personajes de lo que lo hizo ella el sábado, pero en cualquier caso habrá que esperar a escucharla en óptimas condiciones para emitir una opinión. Por noticias posteriores, parece que su indisposición fue a más y ha sido sustituida para el resto de las representaciones.

'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi.'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi. © ABAO, 2016

El papel del Conde Rodolfo es un caramelo para cualquier barítono y Mirco Palazzi lo saboreó a fondo: sin poseer una voz prodigiosa, cantó con muy buen gusto y excelente línea su aria, y dejó una muy buena impresión. Muy bien la siempre solvente Itxaro Mentxaka como Teresa, la madre de Amina. José Manuel Díaz como Alessio fue inaudible en los concertantes, y mostró una agradable voz en los momentos de solo. Muy bien el Coro de Ópera de Bilbao, dirigido por Boris Dujin, en una obra en la que tiene material de sobra para lucirse.

Bien, como siempre, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida en esta ocasión por José Miguel Pérez Sierra, que estuvo discreto, es decir, bien. La mayor virtud de un director en una obra como La sonnambula es la de dejar cantar a las voces, no podemos pretender encontrar aquí profundidades wagnerianas. El maestro concertó con inteligencia y el resultado en conjunto fue fluido y agradable de escuchar.

'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi.'La Sonnambula' de Bellini en la temporada de la ABAO de Bilbao. Enero de 2016. Dirección musical, José Miguel Pérez Sierra. Dirección escénica, Pier Luigi Pizzi. © ABAO, 2016

La producción, del Bolshói de Moscú y firmada por Pier Luigi Pizzi, fue dirigida en esta reposición por Massimo Gasparón. Traslada la acción, fundamentalmente mediante el vestuario, también firmado por Pizzi, a la Rusia de finales del XIX o inicios del XX, sin que se concrete demasiado ningún detalle en ese sentido. La escenografía resulta cálida y hermosa, de líneas sencillas y casi esquemáticas, pero enormemente efectiva, especialmente en el bosque de la primera escena y en el segundo acto, con su molino y su pasarela, todo con un cierto aspecto de comic de línea clara. También todo el vestuario, en general con bloques de colores bien definidos, contribuía a esa sensación. Muy hermosa la iluminación de Mark Stavtsev, y muy agradable la coreografía de Ekaterina Mironova. En general, todos los movimientos estuvieron muy bien resueltos, con el suficiente dinamismo para que la escena no resultase monótona, pero sin que en ningún momento nada distrajera de lo verdaderamente importante, que como ya sabemos, en una obra como esta es la voz, solamente la voz y nada más que la voz.

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