Educación musical

El miedo escénico. Mitos y realidad (1 de 5) Introducción

Igor Prokopyuk

jueves, 4 de febrero de 2016

El problema del miedo escénico es uno de los más frecuentes de entre todos los problemas que se encuentran en el mundo de los músicos, tanto a nivel profesional como aficionado. Conozco numerosas opiniones sobre este tema y en este artículo me gustaría exponer la mía propia, ya que deseo aclarar unos pocos puntos que carecen de entendimiento psicológico y psicoterapéutico. Hoy en día, disponemos de muchas posibilidades de utilizar recursos de otros campos científicos en el campo de la música y su vivencia. En esta serie de artículos te propongo aplicar ciertos conocimientos psicológicos sobre la música para intentar solucionar el problema del miedo escénico.

Mi opinión aquí expuesta no pretende finalizar las investigaciones sobre el asunto del miedo escénico ni tampoco completar mi propia búsqueda acerca de dicha materia, sino que persigue el objetivo de desarrollar un camino beneficioso de pensamiento dedicado al tema del miedo escénico. Es este camino el que te invito a recorrer conmigo. Vamos a poner varios ejemplos de cómo las personas entienden habitualmente el problema del miedo escénico, presentando a la vez explicaciones alternativas que derivan del conocimiento de la psicología humana.

 Uno de los mitos más antiguos sobre el tema del miedo escénico es la opinión (considerada proveniente de la ciencia) de que el miedo es una emoción primitiva que nos advierte de un peligro y prepara nuestro cuerpo ante él. Según esta idea, el miedo nos indica cuándo protegernos ante, por ejemplo, el ataque de un animal salvaje. Y aunque hoy en día no nos es ya necesario enfrentarnos a ninguna situación de ese estilo, seguimos, sin embargo, manifestando este miedo inconsciente, que reaparece como un patrón primitivo en situaciones cotidianas, incluyendo algunas relacionadas con el mundo escénico y musical.

Primero debemos darnos cuenta de que existen muchos tipos de miedo. No sólo sufrimos el miedo que viene de la preocupación por la vida (en general, miedo a la muerte), sino que también nos enfrentamos a otro miedos relacionados con aspectos como la autoestima, la culpabilidad o la novedad. Cada miedo nos “habla” de un problema concreto de nuestras vidas y nos “muestra” el camino para solucionarlo. Sin pretender profundizar demasiado en cada una de las posibilidades que se esconden en los diferentes miedos, centraré mi atención sobre una cualidad común a todos ellos que nos ayudará mucho a la hora de encontrar soluciones al problema del miedo escénico.

Según la teoría de la psicoterapia, el hecho de padecer miedo nos muestra que, en algún sentido, hemos alcanzado nuestros límites personales y necesitamos ayuda, pues no disponemos ya de la suficiente energía necesaria para seguir enfocando las tareas como lo habíamos hecho hasta ahora. Debemos aprender a aceptar cada miedo como una posibilidad de mejorar nuestra personalidad.

El miedo escénico también puede constituir una fuente de desarrollo personal, y no sólo, por supuesto, en el campo musical. Las causas de este miedo varían en cada persona y solamente son detectables en una terapia individual. Por el momento, haré especial hincapié en que no debemos escapar de los miedos (incluyendo el miedo escénico) y en que debemos parar de intentar evitarlos. Por el contrario, debemos comenzar a considerarlos una herramienta especial, muy útil para nuestro desarrollo personal.

Continuando nuestro análisis de los mitos relacionados con el miedo escénico, llegamos ya al segundo de ellos. Este segundo mito nos presenta el control emocional como una forma de superar el miedo. Conozco muchas situaciones en las que se ha dado a músicos afectados por miedo escénico consejos que les sugieren controlar sus reacciones emocionales, su actitud, su comportamiento y sus pensamientos ante el estímulo del miedo. “Controlar” pretende habitualmente ser una solución contra el miedo, y esto es comúnmente aceptado como cierto y útil, aunque en realidad no lo sea. Debemos darnos cuenta de que cada intento de control produce en nuestra mente y nuestro cuerpo emocional una tensión que no permite solucionar verdaderamente las cosas, sino ocultarlas y negarlas. Cuando intentamos “controlar” como solución, incluso cuando logramos desprendernos del miedo, estaremos pasando por alto que el cuerpo principal del problema continúa escondido, y esto es, a menudo, mucho más complicado que enfrentarse al problema real en el momento en que se manifiesta. Cuando intentamos controlar nuestras emociones ante el estímulo del miedo, estamos en realidad alejándonos de las posibilidades de vivir, experimentar y sobrevivir dicho miedo de una forma consciente y natural.

El tercero de los mitos que estamos analizando en esta introducción nos dice que para superar el miedo escénico es necesario aumentar en gran medida la frecuencia de exposición al público. Nos recomienda dar muchos conciertos para anular, paso a paso, nuestros miedos vinculados a la actividad artística. Este modo de resolución del problema puede tener algún sentido solamente cuando, en paralelo a este incremento de actividad concertística y simultáneamente, realizamos un trabajo mental coherente enfocado a la superación de este miedo. Por el contrario, si no atendemos al desarrollo del trabajo en la dimensión mental y aumentamos en exceso la exposición al público (esto es, la experiencia del miedo escénico), no sólo no conseguiremos resultados, sino que correremos el riesgo de que el poder de ataque del miedo aumente.

 

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