Educación musical

El miedo escénico. Mitos y realidad. (3 de 5) Miedo escénico y desarrollo personal

Igor Prokopyuk

jueves, 18 de febrero de 2016

Desde la antigüedad se ha utilizado el aprendizaje de la música con el fin de potenciar el desarrollo intelectual y personal. Este uso pedagógico de la misma ha tenido lugar en cada una de las diferentes épocas de la historia de la humanidad. Aprender el arte de la música era obligatorio para considerarse ciudadano de alto nivel hasta principios del s. XX. Tanto en épocas antiguas como en nuestro mundo contemporáneo, el aprendizaje de la música ha requerido de una enorme dedicación y un gran esfuerzo. Desde tiempos recientes, además, utilizamos ciertos recursos propios de otras disciplinas científicas en el aprendizaje musical con el fin de facilitar y enriquecer este proceso. Un ejemplo de esto lo encontramos en cómo la psicología nos permite buscar ayuda en el campo personal para alcanzar la meta de ser músico profesional y realizar nuestra labor artística. Para analizar cómo debe ser la influencia de los recursos psicológicos sobre el estudio musical, es necesario conocer profundamente los mecanismos psicológicos de la persona, así como las características y necesidades del aprendizaje artístico. El objetivo ideal del músico sería, pues, utilizar entendimientos de psicología para facilitar su éxito profesional. Decidí escribir esta parte del artículo precisamente con la intención de explicar y estudiar esta influencia del mundo del pensamiento sobre el mundo del aprendizaje.

¿Cómo es nuestro proceso de aprendizaje en la música desde sus inicios? Comenzamos nuestra formación muy pronto, normalmente a los seis o siete años. Ésta es una edad muy temprana, sobre todo si la comparamos con la edad a la que se inicia el estudio de otras profesiones. Una ventaja de este hecho puede ser que el músico posee un mayor tiempo de contacto con su profesión que la mayoría de los profesionales de otras disciplinas. Pero, al igual que hay ventajas, existen inconvenientes. En nuestra infancia no poseemos independencia para determinar nuestro modo de desarrollarnos y, por lo tanto, aceptamos fácilmente los patrones de nuestros profesores de música con sus propios problemas e imperfecciones. Esto es algo que no podemos (¡no sabemos!) evitar, ya que estamos en pleno camino de formar nuestra personalidad. De esta manera, avanzamos al estado adulto habiendo ya aceptado y asumido muchos patrones (en muchas ocasiones, negativos) que nunca hemos elegido de forma consciente. La presencia de esta información residual e inconsciente en nuestro pensamiento hace más difícil la tarea de tratar los problemas de los profesionales de la música, pero también hace el tratamiento más interesante. Me gustaría recordar en este punto que toda la información contenida en este artículo pretende arrojar luz sobre cómo solucionar el problema del miedo escénico en el músico adulto y no sobre cómo orientar la enseñanza musical en las escuelas y los conservatorios. Éste último es también un tema interesante, pero no lo trataremos en este artículo.

Frecuentemente pensamos que hemos llegado al nivel artístico profesional cuando obtenemos los diplomas, certificados y demás atributos necesarios que demuestran que hemos alcanzado dicho punto. Nos consideramos entonces del todo preparados para la vida artística. Sin embargo, no debemos olvidar que, posiblemente, junto a todos esos atributos necesarios adquiridos, llevamos también con nosotros un conjunto de problemas no resueltos. Ignorar estas necesidades que todavía existen es, a menudo, causa de autoengaños en el plano artístico y puede llevarnos a tomar decisiones equivocadas o poco apropiadas ciertos momentos de nuestro desarrollo.

Ya hemos mencionado que nuestro aprendizaje carece a menudo del entendimiento psicológico necesario para ayudarnos en asuntos personales relacionados con nuestra profesión, como por ejemplo el tema del miedo escénico. Es frecuente que, durante nuestro período de estudiantes, no aprendamos a solucionar dichos asuntos correctamente. Casi al contrario, lo que hemos hecho es activar mecanismos poco útiles para solucionarlos.

Nuestra tarea es ahora, por lo tanto, no solamente solucionar nuestros problemas sino también modificar sustancialmente nuestro mecanismo de solución. Debemos conocer cómo se supera uno u otro problema para, después, tratar cada uno de un modo eficaz. Mi primer consejo ante esta situación es: actúa con paciencia, pues todo esto va a necesitar de cierto tiempo.

En ocasiones, el deseo de éxito rápido y la prisa por lograr un objetivo artístico nos hacen pensar que la existencia de nuestros problemas y dificultades es normal y esperable, ya que, según podemos pensar, todo el mundo tiene problemas. Por supuesto, es cierto que todo el mundo enfrenta dificultades. Y es cierto que esto es “normal”. Pero no es correcto pensar que la existencia de esas dificultades no perjudica tu actividad como artista. Y tampoco es acertado pensar que tus dificultades podrán solucionarse por sí mismas. Reafirmo aquí mi idea de que es necesario y muy importante establecer una manera definida y completa de superación para cada tarea, incluyendo la tarea de la superación del miedo escénico.

¿Qué es lo primero que necesitamos saber acerca del miedo escénico y su tratamiento? Primeramente, considero que es fundamental darse cuenta de que el miedo escénico es, al fin y al cabo, miedo, y debe ser tratado como tal. El miedo es uno de los principales problemas de desarrollo personal de cada individuo. El tratamiento del miedo escénico irá, por lo tanto, en la misma línea que el tratamiento de cualquier tipo de miedo, y responderá a una búsqueda de desarrollo personal general que debe ser realizada para toda la vida, en muchos de sus aspectos y dimensiones. Según la psicoterapeuta canadiense Lise Bourbeau, el miedo nos muestra que necesitamos defensa y protección, que debemos ver y respetar nuestros límites, defendiéndonos a nosotros mismos (para comprender mejor esta tesis, os propongo la lectura de su obra Les peurs et les croyances ). Todos los enfoques psicoterapéuticos consideran el miedo como una herramienta que nos ayuda a crecer.

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