DVD - Reseñas

Tintinnabuliando

Paco Yáñez
lunes, 22 de febrero de 2016
Arvo Pärt: Adam's Passion. Günter Atteln: The Lost Paradise. Estonian Philharmonic Chamber Choir. Tallinn Chamber Orchestra. Tõnu Kaljuste, director. Paul Smaczny, productor ejecutivo. Tanel Klesment, Rob Mayes, Toine Mertens, Mart Otsa, Meelis Tinno y Christoph Wonneberger, ingenieros de sonido. Un Blu-ray y un DVD de 94:08 (Adam's Passion) y 55:33 (The Lost Paradise) minutos de duración grabados en la Fundición Noblessner de Tallinn (Estonia), el 12 de mayo de 2015. Accentus ACC 10333 (Adam's Passion) y ACC 20321 (The Lost Paradise). Distribuidor en España: Música Directa
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A comienzos de este mes, nos asomamos en la sección discográfica de Mundoclasico.com a la música de Helmut Lachenmann, con motivo de la doble celebración de su ochenta aniversario, en 2015, y del medio siglo que en 2016 cumple su modelo arquetípico de producción sonora: la musique concrète instrumentale...

...turno es hoy para otro compositor que igualmente celebró su ochenta cumpleaños en 2015; y, en 2016, los cuarenta años del comienzo de un estilo de composición también único, personal y definido por un término acuñado por su propio creador, el tintinnabuli, modelo de producción sonora referido a piezas como la seminal Für Alina (1976), y que se iría desarrollando a través de partituras de gran despojamiento y belleza, como Tabula Rasa (1977), Arbos (1977, rev. 1986, 2001), Fratres (1977-92), Spiegel im Spiegel (1978) y un largo etcétera. Nos referimos, por supuesto, al estonio Arvo Pärt (Paide, 1935).

Como parte de estas efemérides, el sello Accentus nos acerca a la música de Arvo Pärt a través de uno de sus proyectos más personales, a la vez que extraños en su catálogo, Adam's Passion (2015), por cuanto se trata de una propuesta escenificada, mas no de una obra propiamente escénica, operística, o teatral, sino del ensamblaje de diversas partituras del compositor estonio en una macropieza que articula tres obras ya existentes: Tabula Rasa, Adam's Lament (2009) y Miserere (1989-92), y otra creada específicamente para este proyecto: la pieza para percusión y orquesta de cuerda Sequentia (2014), que abre Adam's Passion, una propuesta conjunta de Arvo Pärt, en lo musical, y del tejano Robert Wilson (Waco, 1941), en lo escénico (un Robert Wilson que, retrotrayéndonos al comienzo de esta reseña, puso igualmente en escena la ópera lachenmanniana Das Mädchen mit den Schwefelhölzern (1990-96, rev. 2000) en la Ruhrtriennale de 2013).

El resultado de este diálogo artístico-musical es una propuesta de subyugante belleza y sutil minimalismo, ya desde la breve (apenas cuatro minutos de duración) Sequentia, dedicada por Arvo Pärt a un Robert Wilson que nos conduce a un universo esencial, en el que proliferan los símbolos, desde un arranque centrado en una luz primordial y en una rama de árbol trasuntos de los primeros brotes en una creación que en lo musical nos acerca al Pärt más delicado, al núcleo de lo que él mismo definió en su día como tintinnabuli, ese proceso referido, por una parte, a células temáticas en arpegio de una triada tónica repetidas una y otra vez en nimias variaciones, y acompañadas de un motivo melódico diatónico también en paralela microvariación (de lo cual Für Alina o Spiegel im Spiegel son ejemplos más que arquetípicos y depurados); y, por otra, al sonido de las campanas en su proceso de reverberación y pérdida en el silencio. No le anda muy a la zaga esta pieza en la que la percusión introduce delicados matices rítmicos sobre una base cuerda susurrante, en la que la creación surge como un soplo de aire, buscando esos resquicios donde resulta complejo discernir si el sonido sigue vivo, si esa reverberación se ha extinguido, o si sigue latiendo, prácticamente imperceptible como pálpito y hálito de vida. Traer tales planteamientos musicales, ontológicos y filosóficos a una pieza como Sequentia, parece todo un acierto, tanto en lo escénico como en lo musical (donde se cargan más las tintas en el mensaje religioso que Pärt confiere a este proyecto).

Con Adam's Lament aparece el hombre en toda su desnudez, un Adán con la tierra en la mano: otro de los muchos símbolos con los que juega Wilson, y que conducen a este ser-primero hacia toda una conjura de su pecado original; pecado que para Pärt es consustancial al hombre, mientras que Wilson parece buscar un arquetipo más allá de los tiempos, rehuyendo en su puesta en escena ideas religiosas oficializadas, pues, según sus propias palabras, religión y política no han más que enfrentado a los hombres a lo largo de la historia. Subsiste, eso sí, una tensión, que aflora ocasionalmente dentro de la general lentitud de sus modelos/actores/figurantes, generando brotes de una gestualidad crispada: extraña mezcla de serenidad y tensión que es quizás lo más cuestionable a nivel de dramaturgia (aunque, por otra parte, seña de identidad de Wilson).

En lo referido a la interpretación, gran lectura del director estonio Tõnu Kaljuste, uno de los músicos que, como Gidon Kremer, Paul Hillier, o Vladimir Spivakov, mejor comprende la música de Arvo Pärt. Ayuda, y mucho, la presencia del Estonian Philharmonic Chamber Choir y de la Tallinn Chamber Orchestra, formaciones a las que ya podemos considerar especialistas en la música de Pärt, y cuyas lecturas en este Blu-ray se caracterizan por su aliento sinfónico, por su grandeza y diría que misticismo, contagiadas por la dramaturgia y el ambiente creado en torno a un evento de tal espiritualidad: aspecto este en el que la escena de Wilson sí pone el acento; una escena que, según el artista tejano, no quiere 'distraer' la audición de una música tan sutil; para Kaljuste, toda una dramaturgia a modo de plegaria musical marcada por la pureza, el silencio y la belleza: puntos en los que es posible la fusión de dos artistas tan dispares como Pärt y Wilson, además de, según Madis Kolk -productor del evento-, su compartida vivencia del tiempo (algo en lo que incidirá en el documental Gidon Kremer, que afirma de Tabula Rasa que es una obra en la que uno puede llegar a superar las fronteras de la duración y el tiempo, como forma musical que es de la eternidad, al sumergirse en un constructo que es tanto silencio como música, o tintinnabuli).

Precisamente, Tabula Rasa, una de las partituras más (re)conocidas y hermosas de Arvo Pärt, es la tercera estancia de este viaje a/por las moradas de Adán. De nuevo, la lectura de Tõnu Kaljuste presenta un amplio aliento, de concepción más sinfónica que la minimalista y refinada versión dirigida por Neeme Järvi (Deutsche Grammophon 457 647-2), o que la extraordinaria e histórica lectura de Gidon Kremer, Tatjana Grindenko, Alfred Schnittke y Saulios Sondeckis -fallecido, por cierto, hace tan sólo veinte días- (ECM 1275), donde cada inflexión, cada silencio y cada respiración tienen una intención de un calado artístico a perdurar como referencia. Aquí, los violines de Harry y Robert Traksmann se empastan de forma más unificada con la orquesta de cuerda, perdiendo si acaso la infinidad de matices de la versión de ECM -más camerística-, y acercándose más a la de DG. En lo que al piano preparado se refiere, análogos planteamientos, sin la plétora de detalles de la versión de ECM, y un sonido más redondo y continuador del melodismo con el que Kaljuste marca al ensemble de cuerda, haciendo audible su afirmación de que en Pärt cada nota ha de ser interpretada del modo más bello posible, favoreciendo así, desde la batuta, que los universos de compositor y escenógrafo se den la mano a través de los tres conceptos que creo más los unen: serenidad, luz y espiritualidad («Puedo comparar mi música con una luz blanca que contiene todos los colores», leemos a Arvo Pärt en el libreto de este Blu-ray).

Concluye este viaje con un Miserere aquí especialmente depurado -excepción hecha de su maximalista coro inicial-, a pesar de ser la partitura más extensa, por tiempo y efectivos vocal-instrumentales, de las aquí reunidas, en un Pärt de fuerte impronta religiosa e innegables influencias de la música antigua a través de las liturgias ortodoxas, un universo que a algunos les resultará más ajeno que el de las intimistas partituras más despojadas en estilo tintinnabuli. Robert Wilson conduce a su Adán a la contemporaneidad (ecos de las guerras mundiales, holocausto atómico, destrucción de la naturaleza y declaración ecologista incluidos), sintetizando toda su simbología en escena, donde se superponen el niño, el adulto y el anciano, junto a todo un creciente elenco de figurantes y a un juego de luces (también diseño de Wilson, excelente) mucho más heterogéneo, como lo es una partitura de mayores recovecos y superposición de planos. A pesar de ello, tal y como señala Max Nyffeler, no encontraremos una sincronización total de música y escena, produciéndose, de este modo, una 'simultaneidad de independencias' que Nyffeler refiere -muy acertadamente- a John Cage y sus colaboraciones con Merce Cunningham. Hasta esa nota de órgano en pedal conclusiva, asistiremos en escena a toda una coreografía propia de un plano-secuencia del llorado Theo Angelopoulos, progresivamente poblado, a pesar de que los compases confiados a los solistas vocales los conduzca Tõnu Kaljuste de un modo radicalmente minimalista, con una sencillez y una delicadeza encomiables, en un Miserere que aquí es todo un acto de contrición y encuentro del hombre con su propia voz. 

La realización de tan bella propuesta escénico-musical corre a cargo del habitualmente hiperactivo Andy Sommer (recordemos su grabación del ciclo de las Sonatas para piano beethovenianas en manos de Daniel Barenboim para la EMI (3 68993 9), donde la cámara y el montaje eran incapaces de mantener el plano ni cinco segundos). Contagiado por Pärt y Wilson, su realización es aquí verdaderamente otra: muy serena y elegante, mucho más centrada en la escena que en los músicos. La soberbia calidad de imagen del Blu-ray (servida en alta definición) ayuda a abismarnos a una puesta en escena que es en sí una obra de arte, y que Sommer recoge con profusión de diversos planos, y un ritmo de acertada musicalidad; así que, esta vez, nada que reprocharle.

El segundo audiovisual pärtiano que hoy comentamos es el documental The Lost Paradise (2015), dirigido por el realizador alemán Günter Atteln (Speyer, 1971), y centrado en el proceso de ensayos y puesta en escena de la Adam's Passion que acabamos de reseñar, para la que constituye un complemento perfecto, por cuanto Atteln da voz en repetidas ocasiones tanto a Arvo Pärt como a Robert Wilson, lo que aclara sus intenciones artísticas y el proceso de colaboración seguido (algunas de cuyas pistas ya hemos ido diseminando a lo largo de esta reseña). Asimismo, The Lost Paradise acompaña al compositor estonio en su viaje a Tokio, donde en 2014 recibió el Præmium Imperiale, uno de los mayores reconocimientos mundiales en el ámbito de la música. También hasta el Vaticano desplaza Günter Atteln sus cámaras, para recoger la participación de Arvo Pärt en el encuentro Women's Cultures: Equality and Difference, donde escuchamos al compositor reflexionar sobre el pecado de Adán entre los doctores de la iglesia católica (que parecen prestar una atención creciente a las reflexiones teológicas del músico). De hecho, Adam's Passion tiene sus raíces como proyecto con Robert Wilson en un encuentro habido entre compositor y escenógrafo en el propio Vaticano, en el año 2009, durante una audiencia de Benedicto XVI a artistas y científicos internacionales.

Servido, también, con excelente calidad de imagen, diversos ejemplos musicales, así como con la participación de musicólogos, críticos y expertos en la música del estonio, además de músicos como Gidon Kremer, Sofia Gubaidulina, o Paul Hillier, que reflexionan sobre la obra de Arvo Pärt, debemos poner como único 'pero' el hecho de que este documental no haya sido incluido como extra en un Blu-ray de precio no precisamente bajo, obligando Accentus a la compra de dos productos que conforman un todo, lo que eleva su coste de forma considerable, cuando en conjunto sólo duran 150 minutos que tendrían perfecta cabida en un Blu-ray.

Las tomas de sonido, tanto en el DVD (PCM estéreo, Dolby Digital 5.1 y DTS 5.1), como especialmente en el concierto recogido en Blu-ray (PCM estéreo y DTS HD Master Audio), son verdaderamente excepcionales, a pesar de la dificultad que presentaba el registro de una escenografía en la que escena y músicos se encontraban en los extremos de la Fundición Noblessner, a una considerable distancia. Por lo que a la imagen se refiere, ya reseñada como excelente, se sirve en formato 16:9, NTSC y región 0. La edición de ambos discos recuerda mucho a los minimalistas lanzamientos pärtianos en ECM, con análoga calidad a todos los niveles. Se incluyen sustanciosos libretos, más extensos de lo habitual en este formato, con ensayos a cargo de Toomas Siitan y Max Nyffeler, y textos firmados por los propios Arvo Pärt y Robert Wilson. Junto con un despliegue fotográfico realmente generoso, redondea todo ello un lanzamiento de gran atractivo, llamado a figurar entre los registros referenciales del compositor estonio.

Este Blu-ray y este DVD han sido enviados para su recensión por Accentus Music.

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