Alemania

Cuando Zangezi se convirtió en Gagarin

José Luis Besada
lunes, 22 de febrero de 2016
Berlín, viernes, 12 de febrero de 2016. Staatsoper Berlin. Hèctor Parra: Zangezi. Janne Nora Krummer, dirección escénica. Stefan Britze: escenografía. Elisabeth Wendt, vestuario. Sébastien Alazet, sonido. Stini Röhrs, vídeo. Roman Reeger, dramaturgia. Sónia Grané, cantante. Maike Schmidt, Lisa Schützenberger, Wieland Schönfelder, Jan Koslowski, actores.
0,0003008

Han pasado casi diez años desde que Hèctor Parra estrenase su primera ópera, Zangezi, en el Teatro Albéniz de Madrid durante la temporada 2006-2007 de Operadhoy. En aquel momento pudimos disfrutar de un trabajo escénico excepcional gracias a Robert Pienz, mientras que la difusión de la música electrónica resultó un tanto mediocre dada la carestía de medios tecnológicos de los que el teatro adolecía. La oportunidad de escuchar y ver de nuevo esta pieza escénica, en una sala diferente y con una nueva mise en scène se antojaba por tanto una buena oportunidad para descubrir si la opera prima de Parra ha resistido el paso del tiempo. El equipo decidió para esta versión situar la acción basada en los textos del futurista ruso Velimir Jlébnikov en un contexto de ciencia ficción –una colonia de humanos en el espacio exterior–, con ciertos guiños a la ciencia contemporánea.

Zangezi de Hèctor ParraZangezi de Hèctor Parra © 2016 by Stini Röhrs

La valoración general que hacemos de esta nueva producción es bastante positiva, si bien cada uno de los apartados que la componen merece un comentario detallado. En cuanto al elenco situado sobre el escenario, es de justicia destacar la voz de Sónia Grané, quien acometió las diversas arias –a modo de interludios y epílogo de la obra– con una calidad vocal sobresaliente y en perfecta fusión con la electrónica. Siendo una cantante tan joven, y teniendo en cuenta que en paralelo a esta producción estaba igualmente cantando un rol en la sala grande de la Staatsoper –para The turn of the screw de Benjamin Britten–, intuimos que nos encontramos ante una incipiente carrera que posiblemente dará bastante que hablar durante los próximos años. Por otra parte, los cuatro actores realizaron una eficiente labor, logrando extraer la risa del público en algunos pasajes donde el texto se tornaba cómico. De entre ellos subrayaríamos la soltura y naturalidad de Wieland Schönfelder.

Sónia Grané,  Wieland Schönfelder, Lisa Schützenberger y Jan KoslowskiLisa Schützenberger, Wieland Schönfelder, Maike Schmidt y Jan Koslowski © 2016 by Stini Röhrs

Otro de los aspectos más destacados de la nueva producción fue la calidad con la que Sébastien Alazet acometió la difusión de la electrónica musical. Fue capaz de generar un espacio para la inmersión en la escucha cuyo equilibrio de dinámicas y de registros estuvo en todo momento bien balanceado. Además, la espacialización del sonido fue sutil, sin caer en innecesarios artificios. La otra componente tecnológica más importante, el vídeo, fue a cambio más irregular. Tuvo algunos usos, como la deformación mediante algoritmos de geometrías no euclidianas de la superficie de un asteroide –casualidades, el estreno tuvo lugar justo un día después del anuncio del hallazgo de ondas gravitacionales por parte de los físicos del LIGO– de gran belleza, mientas que por ejemplo un fondo estrellado en movimiento a espaldas de los actores traía por desgracia a la memoria un famoso –y banal– salvapantallas de Windows. En cualquier caso, el equilibrio entre vídeo y difusión de la electrónica fue correcto e inteligente. Dada la querencia de Parra por ciertos materiales sonoros, el equipo de producción podría haberse sentido tentado a realizar –dado el trasfondo de la puesta en escena– una especie de parodia del cine sci-fi, desde los consabidos theremines de las bandas sonoras de los cincuenta a los sonidos de los androides en la saga Star Wars. Lejos de ello, y aunque ciertos artificios de la articulación del video eran dependientes del tratamiento sonoro, jamás cayeron en la concatenación continua de gags. Esto es especialmente de agradecer teniendo en cuenta que se trataba de un espectáculo ofrecido en Berlín, como contraste respecto de compositores allí de moda tales como Simon Steen-Andersen o Stefan Prins, en cuyos trabajos el Mikey Mousing entre lo musical y lo visual es bastante omnipresente.

Escenografía de Stefan Britze para Zangezi de Hèctor ParraEscenografía de Stefan Britze para Zangezi de Hèctor Parra © 2016 by Stini Röhrs

Queda por último hacer referencia al espacio escénico y a la dirección de actores. La montaña de Zangezi se vio transmutada en este espectáculo a través de una arquitectura de materiales industriales básicos, en convivencia con unos viveros vegetales, que resultaron eficaces en el conjunto total. Por su parte, el desarrollo escénico de la obra fue fluido, aunque quizás sobrase el último episodio de vídeo en tiempo real. Sólo nos pareció errada la última de las escenas, previa a la coda cantada por Grané. En ella, aunque con cambio de texto, se repetía gestualmente la primera escena con actores. Desde un punto de vista formal, se nos antojó un poco forzado: quizás hubiese resultado más efectivo variar su final, con los actores sin descender de la montaña, en oscuro, y yuxtaponiéndose a la aparición de la cantante.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.