España - Madrid

¡Nos descubrieron, por fin nos descubrieron!

Xoán M. Carreira
martes, 1 de marzo de 2016
Madrid, viernes, 26 de febrero de 2016. Teatro Monumental. Esther García, soprano. Trío Arbós. Orquesta Sinfónica y Coro RTVE. Javier Corcuera, director del Coro RTVE. Carlos Kalmar, director. Leonard Bernstein, Salmos de Chichester. Roberto Sierra, Concierto triple. Johann Strauss, Sangre vienesa, Op. 354. Richard Strauss-Richard Rodzinski, Suite de El caballero de la rosa, Op. 145. Concierto B/12 de la temporada de abono 2015-16. Aforo, 1592 localidades. Asistencia, 52 %.
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Figura principal de la música latinoamericana y referencia fundamental de la música occidental del siglo XXI, Roberto Sierra [Vega Baja, Puerto Rico, 1953] puede parecer el paradigma de un creador musical tras la caída del Muro de Berlín (y de tantos otros muros culturales, estéticos y hermenéuticos). El referente de este músico caribeño, alumno de Ligeti, bien pudiera ser Silvestre Revueltas, el genial compositor que deslumbró a sus contemporáneos -y nos sigue deslumbrando- por haber demostrado que no por ser más erótica que Alemania, la cultura americana está condenada forzosamente a ser más exótica.

Roberto Sierra me dijo que los dos grandes compositores nacionalistas de la historia fueron Bruckner y Boulez, más o menos por la misma época en la cual Richard Taruskin escribió que mientras en todas las expresiones del arte la etiqueta 'nacionalismo' está considerada casi un insulto, en música esto sigue siendo considerado un valor y no existe un sólo argumento válido que soporte esta idea. De hecho: "Por más admirablemente que se pueda hacer en apariencia, clasificar a un compositor como 'nacionalista' es fundamentalmente un modo de excluirlo del canon crítico y académico (aunque no, obviamente, del repertorio de los intérpretes" [Definig Russia musically, Princeton University Press, 1997, pag. 48].

En la actual vida musical española pervive una concepción platónica del 'mito de la caverna', herencia de la hibridación del concepto fascista de 'vanguardia' con la tradición elitista de la escuela orteguiana y lecturas superficiales de malas traducciones de Adorno. Compositores, críticos, estetas, hermeneutas y musicólogos mal formados profesionalmente y radicalmente ignorantes de cualquier noción epistemológica, se muestran incapaces de adoptar las perspectivas de la crítica cultural y están fanatizados por el mito de la gran cultura alemana y su obligado corolario, la pequeñez de lo periférico, singularmente en lo cultural.

 Desconociendo que 'vanguardia' es un concepto militar y 'evolución' un concepto biológico, numerosos aspirantes a 'sumos sacerdotes de la verdad estética' han organizado un sistema de creencias sincrético inmunizado ante la pregunta-llave popperiana, ¿qué tendría que suceder para que usted cambie de opinión?

Según este discurso mesiánico es lícito que un alemán de pura raza y de estirpe metafísica como Stockhausen incorpore a su obra variables de las colonias del imperialismo europeo, pero es del todo punto inadmisible que un artista de dichas colonias se apropie de las gramáticas europeas para su propio lenguaje musical.

En el mundo ideal al que aspiran estos fundamentalistas, el modelo de comportamiento exigible a un 'periférico' sería el modo en que los aborígenes portorriqueños recibieron la expedición comandada por Don Rodrigo Díaz de Carreras en la famosa Cantata del Adelantado. Es decir, cantando "¡Nos descubrieron, por fin nos descubrieron!" [véase el minuto 3:15 del vídeo]

Los tres movimientos del Triple concierto de Sierra beben respectivamente en la salsa, el bolero y el merengue, ideas que -declara Sierra- permean dinámicamente cada movimiento y "se funden en el crisol de mi lenguaje musical", centrándose en el uso de "una escala asimétrica de nueve notas que genera el material armónico y melódico". Esta escala proporciona a Sierra "un marco sonoro capaz de expresar aquellos aspectos subjetivos, emotivos y referenciales al Caribe, al igual que abre las puertas hacia un tratamiento objetivo y abstracto del material musical".

Dedicado al Trío Arbós, intérpretes individual y colectivamente de muchas obras de Sierra, el compositor ha individualizado la escritura idiomática de este Klaviertrio y de cada uno de sus componentes -Cecilia Bercovich, José Miguel Gómez y Juan Carlos Garvayo- lo cual le permite "mantener en continuo juego la idea de lo individual y colectivo" sin renunciar a las convenciones del género concierto.

En mayor grado que en obras sinfónicas anteriores, Sierra nos presenta una especie de trampantojo u holograma sonoro en el que nada es y todo cambia, tanto en lo textural como en lo retórico y lo emocional. Porque la música de Sierra -como todo el arte del siglo XXI- no busca tanto la belleza como lo sublime, y está dirigido a las emociones. Emociones que, al igual que en la música trascendente de Liszt, alimentan la necesidad del virtuosismo y el impulso exhibicionista de un Trío Arbós convertido en héroes grecorromanos que -por serlo- en todo momento exhiben el irrenunciable sentido del decoro.

Tras varios años de sistemático maltrato por parte de sus gestores políticos y administrativos, la Orquesta y Coro Radiotelevisión Española - OSCRTVE vive uno de los peores episodios de su historia y resulta obvio que el trabajo diario se ha resentido, la sintonía con su director Carlos Kalmar se ha agotado y es urgente abordar un nuevo proyecto que se caracterice por la imaginación y la generosidad. Virtudes que -sumando la ilusión- sólo parece conservar el extraordinario público que esta orquesta ha fidelizado. La OSCRTVE y Kalmar estuvieron brillantes en una versión elegante, pausada y con cintura de Sangre vienesa según mandan los cánones tradicionales, y una más que digna Suite de El caballero de la Rosa salpicada de errores y desajustes esporádicos. En el extremo contrario una lectura aburrida, opaca y superficial de los Salmos de Chichester de Bernstein. Con semejante fondo Esther García no tuvo la menor oportunidad de lucimiento, constantemente preocupada por no perderse. La orquesta y Kalmar se mostraron voluntariosos en el Concierto triple y sirvieron en la medida de sus capacidades al admirable buen hacer del Trío Arbós, pero esto resulta insuficiente en una obra de la magnitud de la de Sierra. Y todo ello empeorado por las condiciones acústicas y de mantenimiento del vetusto Teatro Monumental.

Un deje de sabor amargo en el festivo estreno absoluto del Triple concierto de Sierra, obra encargo de la Fundación BBVA para la temporada en la que se celebran los cincuenta años de la OSCRTVE, una orquesta imprescindible en la memoria de la vida musical española. Me ilusiona pensar que en los próximos cincuenta años le permitan seguir siendo un referente.

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