Entrevistas

'Falstaff es la mejor ópera de Rossini'. Entrevista con Frédéric Chaslin

Darío Fernández

lunes, 11 de marzo de 2002
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'Falstaff', la última obra maestra de Giuseppe Verdi, ha subido por fin al escenario del Teatro Real de Madrid y lo ha hecho en una producción que ha generado disparidad de opiniones, tal y como se ha podido apreciar en las diversas y contrapuestas críticas que han ido apareciendo en los distintos medios. Alabado por unos, criticado por otros, Frédéric Chaslin, máximo responsable musical de la misma, nos recibió unas horas antes de la penúltima representación y contestó a todas las preguntas con suma cordialidad y largueza, mostrándose en todo momento como un gran conversador y un hombre de múltiples saberes e inquietudes."Siempre quise ser compositor y director de orquesta, así que empecé a estudiar piano y, más tarde, violín, órgano y las distintas técnicas de composición: armonía, contrapunto, orquestación, así como acompañamiento y música de cámara. Quería adquirir la formación musical más completa que fuese posible para así poder controlar todos los parámetros de la composición y la interpretación. Cada piedra que añades a tu pequeño templo es importante..." Por ello, no es de extrañar que Frédéric Chaslin empezara su carrera profesional como pianista, faceta que aún desarrolla por medio de numerosos conciertos. De hecho, Chaslin acudió a la entrevista recién llegado de un recital en Viena, donde tiene su segundo hogar, pues allí dirige a la Filarmónica treinta veces al año -el pasado mes de octubre, interpretó el Emperador de Beethoven junto a esta orquesta-.De maestros y modernosEn todo caso, Chaslin se ha hecho con un nombre cada vez más pujante entre los jóvenes directores, para lo que ha contado con las enseñanzas de Daniel Barenboim, Pierre Boulez y Carlo Maria Giulini, a quienes reconoce como las tres personalidades que más le han marcado. Con este último, no trabajó tanto, aunque sí tuvo el tiempo suficiente para, además de tocar el órgano en el Réquiem de Faurè y la Misa en Si menor de Bach, estudiar las sinfonías de Brahms y algunas óperas de Verdi. "Giulini me dijo que además de tocar el piano, debería tocar algo de violín, porque el piano te ayuda a desarrollar el ritmo y a conocer la arquitectura de las obras, pero el violín también te sirve para profundizar en la expresión y en el fraseo."A la hora de hablar de maestros, Chaslin cree que "el mejor profesor es la propia orquesta. De ellas aprendí todo lo que sé. La Filarmónica de Viena es una profesora muy exigente y te da una idea de lo que puede ser el fraseo o un sonido bello, pero también las orquestas más modestas le sirven a uno como fuente de experimentación; cada una tiene su propio color y personalidad. Es trascendental que uno se adapte al sonido de su orquesta y que no intente transformarlo en el de otra orquesta tan sólo porque te gustó tal concierto o tal grabación... Por eso mismo, necesito tocar el piano con regularidad, porque cuando lo toco, no tengo que hacer este tipo de compromisos". Rápidamente matiza: "Bueno, siempre se puede comparar y decir que el pianista tiene que adaptarse al instrumento que toca, que cambia cada vez... Por eso Michelangeli y Horovitz viajaban con sus propios pianos..."Chaslin está desarrollando una actividad casi frenética en los últimos años; su repertorio operístico actual nos da una idea: Carmen, Los cuentos de Hoffmann, Les Troyens, Pélléas, Werther, Puritani, Lucia, Guillermo Tell (versión francesa), Mefistofele, Luisa Miller, Ernani, Traviata, Rosenkavalier, Cappricio, todo Wagner y todo Janacek. Sin embargo, se siente más a gusto en el ámbito puramente sinfónico. "A veces me acuerdo del comentario de Celibidache, que nunca quiso dirigir ópera por los muchos elementos que escapaban a su control, un poco como le pasó a Giulini. Honestamente, he de decir que prefiero dirigir una ópera en concierto, de modo que me pueda concentrar en el aspecto puramente musical, pero también es cierto que me encanta el teatro, así que no puedo evitar el foso, aunque sólo sea por el placer que supone conectar el sonido con la imagen. Siempre resulta más estimulante 'ver' a 'Carmen' desafiar a la muerte que solamente escucharla."El director confiesa su debilidad por Sibelius y Prokofiev porque en ellos encuentra lo que él califica como "música pura" y Berlioz, "por el temperamento", pero también habla con verdadera pasión de autores más recientes e incluso contemporáneos, de entre los que Chaslin destaca a Dutilleux, Messiaen, Rihm, Hartmann, Henze, Nono y Berio y algunos americanos, -no da nombres- porque "no muestran la pedantería que encontramos en muchos europeos." Y es que Chaslin compatibiliza esa pasión con un espíritu y un punto de vista muy crítico con ciertas tendencias. Surge en la conversación la cita apócrifa atribuida a Mahler, "En la partitura está todo menos lo esencial", y el director añade: "Es muy fácil demostrarlo. Dale partitura a un ordenador y tocará las notas y realizará las dinámicas, pero te darás cuenta de que falta la emoción, la íntima comunicación con el alma que sólo puede aportar una interpretación viva. Por esa razón, me asusta cierta música contemporánea: es muy fácil tocarla al ordenador y conseguir siempre el mismo resultado... ¡¡¡Podría decirse que lo esencial está en el disquete!!! Probablemente se debe a que los fundamentos de la música contemporánea son muy diferentes: no les preocupa la emoción, el lenguaje, el alma..."FalstaffFrédéric Chaslin no había dirigido Falstaff con anterioridad. "Hace un año no la conocía muy bien, pero ahora la dirijo de memoria. La he dedicado muchísimo tiempo, estudiando la partitura, leyendo a Shakespeare, escuchando las grandes interpretaciones de los viejos maestros..." y llegando a sus propias conclusiones. Chaslin -que, recordemos, tiene en repertorio todos los dramas de Wagner y una considerable experiencia en Bayreuth- conviene en que "la escritura musical de Verdi ha tomado elementos del alemán para su tratamiento del discurso teatral y aunque quedan tres arias que identificamos con Verdi, las grandes escenas sin arias son herencia de Wagner, pero, ojo, una herencia recibida a través de Boito." Según el director, "Falstaff se parece a Wagner, pero también se parece mucho a Boito."En todo caso, Falstaff es una ópera cien por cien italiana y por eso, Chaslin retoma la conocida broma de Stravinski: "Diría que es la mejor ópera de Rossini. De hecho, es absurdo decir que anuncia a Puccini o el verismo, ya que Mefistofele lo había hecho 25 años antes. Yo incluiría a Falstaff entre las óperas bufas, la comedia absoluta dentro de la ópera italiana, la obra maestra de la conversación en música, como Capriccio de Strauss lo es en la alemana."Chaslin reconoce que Falstaff es una ópera difícil, pero matiza: "Para los cantantes, la dificultad radica en que, más que cantar, hace falta hablar y ser muy sutil; para el director, es la ópera más difícil de Verdi desde todos los puntos de vista: hay que concertar los conjuntos, lograr que la orquesta toque muy piano y ligero cuando los cantantes murmuran y encontrar los 'tempi' adecuados para crear la atmósfera justa. Estas dificultades han hecho que muchos directores de orquesta dudan en dirigir Falstaff, lo mismo que ocurre con algunos cantantes, pero creo que esas dificultades deberían actuar como estimulante. Es el público el que tiene más problemas con Falstaff, "porque hace falta conocer muy bien el texto para apreciar esta ópera; hace falta leerlo y releerlo y, después, escuchar la música y reencontrarlo en el laberinto del discurso musical"Por todo ello, Chaslin cree que lo ideal sería contar con "una producción nueva, esto es, tener al menos un mes de ensayos o bien disponer de unos cantantes que tengan una gran experiencia con esta obra. Me encanta trabajar en el Real, que es un teatro increíblemente profesional y moderno, pero ni el Real ni yo hemos podido compensar el hecho de que el intérprete del papel titular no ha podido asistir a los ensayos al hallarse en Parma ni que ciertos cantantes no estuvieran muy familiarizados con sus papeles. Pese a eso y gracias a una buena orquesta y un equipo de producción muy competente, creo que hemos alcanzado un buen nivel. Me recuerda un poco a Viena, donde se ensaya muy poco porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer".Hacer, hacer, hacer: un verbo que Chaslin conjuga continuamente. A sus numerosos compromisos en Europa, el director suma la elaboración de un libro en el que reflexiona sobre la música y el arte con personalidades del mundo de la cultura como Umberto Eco. Y por supuesto, los próximos proyectos en España: Le roi David de Honegger en Perelada, un concierto en el Festival Internacional de Santander 2003, el Liceu, donde ya ha dirigido en tres ocasiones... "Su director musical, Bertrand de Billy, es un viejo amigo: hicimos juntos el servicio militar y me ha dirigido en muchos conciertos para piano."Llegados a este punto, la conversación deriva hacia otros temas que poco tienen que ver con la música y en los cuales Chaslin se muestra igualmente cómodo y expresivo, pero la representación está a punto de comenzar y hay que despedirse: Merde, maestro. O sea, buena suerte.

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