España - Madrid

No es fácil, en estos tiempos, transmitir la sensación de muerte

Rúbén Gutiérrez del Castillo

lunes, 11 de marzo de 2002
Madrid, martes, 5 de marzo de 2002. Auditorio Nacional de España. Madrid. Salvatore Sciarrino: Luci mie tradiciti. Proyecto Guerrero. Director: José Ramón Encinar. Solistas: Soraya Cháves, Luis Álvarez, Francesc Garrigosa, Linda Mirabal y María José Sánchez.. Ciclo 'Música de hoy'. 80% del aforo.
Importante cita propuesta por el imprescindible ciclo Música de Hoy: la escena imaginaria. Nada más y nada menos que el estreno en Madrid de una ópera (en versión de concierto) del fabuloso compositor Salvatore Sciarrino. Los aficionados madrileños, que hace unos cuantos años pudimos disfrutar de algunas de sus obras para flauta interpretadas por Roberto Fabbriciani nos encontrábamos, por vez primera, con un ejemplo del repertorio teatral de este compositor y cierto es que muchos, entre los que se encuentra el que firma, teníamos gran curiosidad por oír cómo un compositor tan "físico" como Sciarrino resolvía el problema de la multiplicidad de sentidos (los sentidos propuestos por la música instrumental y el sentido del texto articulador de la obra en su conjunto). Por si fuera poca la curiosidad, no nos encontrábamos ante una ópera que, como cada vez es más frecuente, presentara un texto basado en la neurología, en la clonación o en la llegada de redentores cristos posmodernistas. No, en absoluto. Se trataba de un drama barroco sobre la obra Il Tradimento per l´honore escrita en 1664 por Giacinto Cicognini, basada a su vez en la tragedia protagonizada por el gran músico el Príncipe Gesualdo.Un drama de amor, celos y muerte expresado a través de la música rota, sutil, matérica, casi imperceptible propia de Sciarrino constituye, sin lugar a dudas, un importante reto para el público (que acudió en masa al Auditorio una fría noche de martes) y para los intérpretes. De nuevo, los jóvenes integrantes del Proyecto Guerrero dieron muestra de su perfección técnica, entusiasmo y compromiso por y para la música contemporánea. Gracias a un trabajo minucioso desarrollado por Encinar (cuentan los rumores que se realizaron más de veinte ensayos, lo que pone de manifiesto el carácter de milagro económico de interpretaciones como ésta), los instrumentistas del Proyecto Guerrero ejecutaron perfectamente los sonidos concebidos por Sciarrino. En lo que se refiere al reparto vocal, la excelencia estuvo a cargo de la pareja protagonista, Soraya Cháves y Luis Álvarez, destacando también la teatralidad de la voz de Linda Mirabal que tan sólo hace unas semanas nos cautivó con sus espléndidas interpretaciones de la obra de George Crumb.La obra, interpretada sin descanso (inconcebible un silencio ruidoso entre tanto silencio pautado) fue, sin embargo, poco disfrutada por cierta parte del público que desde los primeros minutos fue abandonando la sala en un terrible goteo constante que a punto estuvo de acabar con el clima intenso, reconcentrado, dulzón y descompuesto que la música estaba produciendo en el escenario. Cierto es que la propuesta no era de las más agradecidas. Cierto es también que la ambigüedad producida por la colisión de sentidos expresados a través de las voces/texto por un lado y por el otro texto que constituían los instrumentos por otro lado no ayudaba a una recepción inmediata. Tal vez el oyente, durante buena parte de la obra estuviera demasiado pendiente de saber cuál era el papel de los instrumentos en este drama: ¿descripción de ambientes?, ¿ilustración de sentimientos?, ¿la música, pues, subordinada a la palabra?. En cualquier caso, la obra presentaba una potencia tal que toda reflexión desaparecía dentro de esa terrible atmósfera creada que desprendía el rancio olor que promete la inminente llegada de la muerte. Y no es fácil, en estos extraños tiempos, transmitir fácilmente la sensación de muerte. Es más sencillo presentar la muerte real a través de los telediarios que representarla simbólicamente de modo eficaz. Sin embargo, la solución de Sciarrino fue maravillosa. A lo largo de la obra, una serie de Intermezzos instrumentales presentaban una música del pasado, una música propia de los protagonistas del drama. Al principio, esa música fue presentada viva, llena de carne y piel suave. Al final, esa misma música fue presentada por Sciarrino vaciada o, mejor dicho, llena por los agujeros que el paso del tiempo causa sobre toda materia orgánica. Ahí estaba la muerte, más presente que nunca. !Qué inteligencia y qué sensibilidad!

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