Francia

...pena é del fato... barbaro, iniquo fato!

Xoán M. Carreira
miércoles, 15 de junio de 2016
Estrasburgo, viernes, 18 de marzo de 2016. Strassbourg Opéra. Idomeneo, ópera seria en tres actos de Wolfgang Amadè Mozart sobre un libreto de Giambattista Varesco. Estreno, Teatro Cuivilliés de Múnich, 29 de enero de 1781. Versión de Viena. Puesta en escena, Christophe Gayral. Barbara de Limburg, decorados. Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Karine Girard, coreografía. Intérpretes: Maximilian Schmitt (Idomeneo), Juan Francisco Gatell (Idamante), Judith Van Wanroij (Ilia), Agneta Eichenholz (Elettra), Diego Godoy (Arbace), Emmanuel Franco (Gran sacerdote). Nathanaël Tavernier (La Voz) y otros. Orquesta Sinfónica de Mulhouse. Coros de l'Opéra national du Rhin, Sandrine Abello, directora. Dirección musical de Sergio Alapont. Nueva producción de la Opéra national du Rhin.
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Siempre me divierte cuando escucho Idomeneo la 'hipocresía' de Mozart, quien presenta a Idamante como un hijo extremadamente fiel y obediente, dispuesto incluso a abandonar a su amada Ilia y a morir por cumplir los deseos de su padre y ayudar a su patria. Gracioso contraste con el joven Mozart, ansioso de estar con su amada -sea Aloysia o Constanze- y muy poco amante de su patria, Salzburgo, la cual precisamente estaba intentando abandonar, como fuera, en el momento de componer y estrenar Idomeneo.

De hecho, las habituales menciones a la crisis de adolescencia de Mozart son un anacronismo: en la época de Mozart se pasaba directamente de la infancia al mundo adulto hacia los 12 o 15 años y no existía la "adolescencia". Por otra parte, cuando compone Idomeneo, Mozart tiene 24 años y su crisis residía simplemente en sus crecientes dificultades para cumplir sus deberes laborales y soportar los formalismos de la capilla del arzobispo Colloredo.

Cuando en el verano de 1780 Carl Theodor I de Baviera le hizo el encargo de una ópera seria, Mozart vió la puerta abierta para iniciar una carrera profesional como compositor teatral. La función de cualquier ópera seria es agasajar al mecenas, quien en este caso había mostrado predilección por Mozart desde diecisiete años antes. Varesco -siguiendo la tradición de Metastasio- quiso hacer una alegoría política de la monarquía ilustrada, de ahí las modificaciones que introdujo en la novela de Fenelon y el libreto de Danchet para Campra. Recordemos que en Les aventures de Telemaque, Idomeneo es expulsado de Creta por su falta de virtud y la corona es ofrecida sucesivamente a Telemaco y a Aristodermo. En Idomenée los celos de Electra la llevan a denunciar el plan de Idomeneo para salvar a Idamante, este es sacrificado a Neptuno y Némesis conduce a la demencia a Idomeneo, según el principio de Eurípides de que "aquellos a los que los dioses quieren perder, primero los vuelven locos".

Idomeneo, producción de la Opéra national du RhinIdomeneo, producción de la Opéra national du Rhin © 2016 by A. Kaiser

Varesco mantiene el argumento principal, que es la incapacidad de Idomeneo para gobernar por su falta de idoneidad moral, por su egoísmo y por su incapacidad para asumir sus propias responsabilidades. Además Varesco potencia el protagonismo de Electra, representante del furor mentis -la pasión amorosa imbuida por la furia de los dioses-, convirtiendo a Idomeneo y Electra en paradigmas de la irracionalidad política y erótica. El contrapunto a estos dos personajes patéticos es la pareja de Idamante e Ilia, quienes superan imperturbables las adversidades más injustas, mostrando un éxito que sólo es posible gracias a la fidelidad a su amor. Sus modelicas virtudes apaciguan la cólera de Neptuno y configuran la clave didascálica del libreto de Varesco: los reyes lo son como recompensa a sus virtudes y por elección divina.

Idomeneo, producción de la Opéra national du RhinIdomeneo, producción de la Opéra national du Rhin © 2016 by A. Kaiser

Así pues Idomeneo es una ópera política, que no teológica, pues Neptuno es un simple pretexto argumental para dar una lección de derecho político ilustrado, la misma que luego recupera Mozart en La clemenza de Tito. Pero cuando Mozart compone el Tito era ya un hombre maduro con responsabilidades familiares, mientras que el compositor de Idomeneo era un joven airado que no simpatizaba con la idea de que Idamante fuera el triunfador e Idomeneo el que sufre el destierro. Como por otra parte Mozart estaba enamorado y era un inmaduro, empatizó con el personaje de Electra, convirtiéndola en una especie de autorretrato: una jovencita con muy poco sentido común pero en absoluto malvada ni trágica, a la que dedicó las arias más hermosas de esta ópera. Este y no otro fue el motivo por el cual el intendente del Residenztheater, el conde Joseph Anton Seeau, se opuso a las soluciones de Mozart que eran manifiestamente indecorosas; problema que resolvió el propio Carl Theodor, tan entusiasmado con la música que consideró peccata minuta las libertades que se tomó Mozart.

Idomeneo, producción de la Opéra national du RhinIdomeneo, producción de la Opéra national du Rhin © 2016 by A. Kaiser

Pero la producción de la ópera también se ralentizó a causa de que el libreto de Varesco estaba mal dimensionado. Si bien Mozart ya tenía un agudo sentido dramático, cometió algunos errores como suprimir "Torna la pace", el aria final de Idomeneo, que Varesco había escrito para destacar la restauración del orden político. Secundariamente los retrasos se debieron también a la necesidad de dotar a la acción de una mayor naturalidad y de acomodarse a las necesidades y caprichos de los cantantes. En el lado del haber está que Mozart contaba con unos espléndidos cantantes, un más que competente escenógrafo, la extraordinaria orquesta de Mannheim y el mítico Pierre Le Grand como maestro de ballet y productor de su ópera. A través de la correspondencia entre Mozart y su padre -reproducida parcialmente en el programa de mano de esta producción de Estrasburgo- disponemos de muchísima información sobre el proceso compositivo de Idomeneo y podemos observar cómo el talento de Mozart como compositor teatral creció hasta la genialidad. Por otra parte esta correspondencia nos ilustra sobre la maduración de Mozart como persona a través del proceso de conversión de su proyecto personal en un proyecto común, el cual implicó a todos los participantes, en su mayoría mucho más famosos y veteranos que Mozart.

También disponemos de abundante información -a través del programa de mano- sobre el proceso productivo del Idomeneo estrenado el 16 de marzo de este año en la Ópera de Estrasburgo. Tanto en la advertencia al espectador como en las entrevistas al director musical y teatral se afirma que Idomeneo está emparentado con La flauta mágica, estableciéndose incluso paralelismos entre las parejas Ilia/Idamante y Pamina/Tamino, Neptuno (La Voz) y Sarastro, y Electra y La Reina de la Noche. Este punto de vista ignora las diferencias entre los códigos de la ópera seria y la comedia musical, arranca de Idomeneo su carácter de teatro político y sobre todo hace caso omiso de las evidencias documentales sobre la producción original de Idomeneo.

Idomeneo, producción de la Opéra national du Rhin. Maximilian SchmittIdomeneo, producción de la Opéra national du Rhin. Maximilian Schmitt © 2016 by A. Kaiser

Es legítimo plantear una recreación de Idomeneo o cualquier otro título dejando de lado el contexto histórico original de la obra, incluso considero legítimo una recreación ex nihilo o una apropiación de cualquier obra del repertorio, pero lo que no resulta legítimo es disfrazarlo de erudición histórica y respeto por las fuentes, como se ha hecho en este caso.

Si aceptamos la conversión de Idomeneo en un cuento de hadas, la producción de Christophe Gayral funciona escénicamente, se sigue con facilidad, carece de altibajos y resulta incluso agradable. Contribuyó a ello la sobria coreografía de Karine Girard. Pero, como pasa a menudo con los productos amables, va desapareciendo de la memoria a medida que uno empieza a pensar en la cena y acaba borrado de la misma cuando nos despertamos a la mañana siguiente. Es el precio de no tener nada que contar aunque se manejen con habilidad los recursos dramáticos.

Idomeneo, producción de la Opéra national du Rhin. Judith Van Wanroj y Juan Francisco GatellIdomeneo, producción de la Opéra national du Rhin. Judith Van Wanroj y Juan Francisco Gatell © 2016 by A. Kaiser

Idomeneo es una ópera francamente difícil, tanto en el foso como en la escena. Mozart puso a prueba a la que era la mejor orquesta del mundo y ofreció sobradas ocasiones de lucimiento a los excelentes cantantes de los que disponía. Aunque en Estrasburgo se interpretó la versión de Viena de 1786, más sencilla que la original porque estaba destinada a cantantes amateur y era en forma de concierto. La modesta Orquesta Sinfónica de Mulhouse es insuficiente para abordar una partitura tan compleja, lo cual forzó al director, Sergio Alapont, a estar pendiente de la orquesta desatendiendo al endeble coro y a los cantantes.

El elenco vocal destacó por su juventud y entusiasmo, que se unía a una actuación en ocasiones excesivamente pasional, creando así una representación con defectos y virtudes, pero equilibrada en todo momento y en absoluto neutral. La narración dramática de esta producción recayó en buena medida en Agneta Eichenholz (Elettra), quien destacó más en el aspecto teatral que en el vocal. La voz corría poco pero era dulce, lo que agradó al público de Estrasburgo, que le aplaudió mucho al final. El más débil de la representación fue precisamente Maximilian Schmitt, aunque sin llegar a decepcionar. El principal problema de Idomeneo es el carácter de su personaje, que en ningún momento se responsabiliza de sus actos y apela constantemente al destino y la mala suerte, como se ejemplifica en su aria del acto II "Oh figlio, oh caro figlio!". La interpretación de Schmitt no reflejó esta tibieza de Idomeneo, su falta de liderazgo, y se limitó a ejecutar su parte sin atisbos de interpretación. 

El argentino Juan Francisco Gatell (Idamante) es un cantante sólido y aunque sin grandes alardes vocales fue un auténtico protagonista por su expresividad y delicadeza. El barítono mexicano Emmanuel Franco tiene en su contra el aspecto físico. Muy joven, bastante menudo, la primera vez que apareció en escena parecía un monaguillo y nos quedamos esperando al "Gran Sacerdote". Incluso cuando empezó a cantar, con una voz realmente profunda, era difícil identificarlo. Judith Van Wanroij (Ilia) comenzó muy discreta, como cantante y como actriz, pero hizo un buen tercer acto y obtuvo también una ración de aplausos contundente. A Godoy y Tavernier apenas se les notó, cantaron su parte sin pena ni gloria.

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