España - Madrid

Otra lección de historia

Teresa Cascudo
miércoles, 20 de abril de 2016
Madrid, sábado, 2 de abril de 2016. Teatro Real. Parsifal, festival escénico-sacro con libreto y música de Richard Wagner. Claus Guth, dirección de escena. Escenografía y figurines: Christian Schmidt. Iluminación: Jürgen Hoffmann. Coreografía: Volker Michl. Diseño de vídeo: Andi A. Müller Ante Jerkunica (Titurel), Franz Josef Selig (Gurnemanz), Detlef Roth (Amfortas), Evgeny Nikitin (Klingsor), Anja Kampe (Kundry), Christian Elsner (Parsifal). Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Andrés Máspero, director del coro. Semyon Bychkov, dirección musical.
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El regreso de Parsifal al Teatro Real es siempre una buena noticia para quienes se interesan por el género operístico. Ha sido ampliamente difundida en los medios de comunicación, convirtiéndose en uno de los acontecimientos de la temporada. El atractivo que la obra de Richard Wagner y, en particular, su última partitura suscitan entre una parte del público se debe a motivos diversos que, en lo referente a España, están, en gran medida, todavía por estudiar. Contamos, felizmente, con investigaciones que han abordado el tema en lo referente a Madrid y Barcelona, dando un especial énfasis a la cuestión musicológica de la primera recepción de su obra. No obstante, dada, en primer lugar, la complejidad del personaje y, además, atendiendo al enorme impacto que tuvieron la teoría que fundamentó en su propio proceso creativo y la propia audición de la música de ahí resultante, el tema está lejos de haberse agotado. Es muy probable que la importancia que se le ha dado a esta reposición, originalmente coproducida por el Liceo de Barcelona y la Ópera de Zúrich, se relacione de alguna manera con este estatus particular que sólo Wagner tiene.

De hecho, musicalmente, no me pareció que la representación fuese de tal modo extraordinaria que justificase esta cobertura. Quizá deba matizar la afirmación, puesto que la solvencia de todos los músicos que participaron es ampliamente reconocida y se pudo comprobar en el día del estreno. Es indiscutible que, entre todos, consiguieron realizar un espectáculo de muy alto nivel. Sin embargo, la excelencia se alcanzó sólo en algunos aspectos. La interpretación que Fran-Josef Selig hizo del papel de Gurnemanz fue, sin lugar a dudas, uno de ellos, gracias a su magnética presencia vocal y escénica, perfecta emisión y a su timbre rico y lleno. Se trata de uno de esos cantantes que es capaz de abordar sus personajes operísticos con el mismo cuidado y detalle que se exige habitualmente en el repertorio liederístico sin perder por eso en potencia vocal. Los elogios se pueden extender a Ante Jerkunica, que cantó con autoridad la parte de Titurel. Señalaré, además, la participación del Coro Titular del Teatro Real, muy bien dirigido por Andrés Máspero. Contribuyó de forma decisiva al espectáculo, tanto musical como escénicamente.

 Ilona Krzywicka, Khatouna Gadelia, Kai Rüütel, Samantha Crawford, Ana Puche, Rosie Aldridge como las seis muchachas en flor
Ilona Krzywicka, Khatouna Gadelia, Kai Rüütel, Samantha Crawford, Ana Puche, Rosie Aldridge como las seis muchachas en flor © 2016 by Javier del Real

Semyon Bychkov, en el foso, dirigió con seguridad, transparencia y equilibrio a la Orquesta del Teatro Real, pero también con lo que podríamos calificar como excesiva prudencia. Es que, por encima de la evidente coherencia de su interpretación y del muy buen nivel instrumental, también se hizo evidente que se trata de un grupo todavía poco maduro, que seguramente se beneficiaría de un trabajo de preparación más exigente. Anja Kampe es una elegante al tiempo que expresiva Kundry, pero, en mi opinión, presentó alguna que otra limitación en su desempeño del papel, por ejemplo, una línea de canto algo plana y agudos gritados. Evgeny Nikitin fue un muy correcto Klingsor. La impresión que dejaron Christian Elster y Detlef Roth, respectivamente en los papeles de Parsifal y Amfortas, es ambivalente. Ambos son muy buenos cantantes, pero su manera de abordar los personajes no se corresponde con ciertos estereotipos, ya que comparten un perfil vocal que, más bien, podríamos describir como lírico. Lo escrito alude a una cuestión de matiz y expectativas, por lo que cabe una puntualización. Parsifal es un papel que puede ser categorizado como Jugendlicher Heldentenor, esto es, que ha de tener algo de lírico y algo de heroico. Esto, en principio, no se aplica tal cual a Amfortas, que se suele considerar como papel para Heldenbariton. Lo que ocurre es que, para ese personaje, conviene un cantante que, tal como Detlef Roth, tenga un sólido registro medio.

Christian Elsner como ParsifalChristian Elsner como Parsifal © 2016 by Javier del Real

En Madrid, este mes, no ha sido sólo el del festival escénico-sacro Parsifal, sino también el de estreno de la ópera documental María Moliner. Salvando las debidas distancias, tienen un elemento en común: la referencia a los conflictos bélicos que partieron el siglo XX en dos, esto es, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial. En el caso de la ópera protagonizada por la lexicógrafa aragonesa, la alusión está perfectamente justificada en su biografía, iniciada en 1900, y, a su vez, quebrada por las consecuencias de la depuración franquista. En lo que se refiere a la obra wagneriana, la alusión, también justificada en la utilización que el régimen nazi hizo de la misma, vino de la mano del director de escena, Claus Guth, quien, situando la acción hacia 1914, durante la Primera Guerra Mundial, lanza sobre la figura del redentor la sospecha de que era, en potencia, un un caudillo autoritario, ciegamente admirado por la masa redimida.

Pablo L. Rodríguez, en la crítica que hizo para Mundoclásico.com de este mismo montaje cuando fue presentado en Barcelona en 2011, da las claves fundamentales para entenderlo, por lo que no me extenderé demasiado en este punto. Sólo mencionaré un aspecto que él no llegó a desarrollar: la transposición del drama a las relaciones de poder que se establecen entre los miembros de la alta burguesía y entre ésta y las clases subalternas, aquí representadas por los veteranos de guerra que se alojan en la gran mansión transformada en hospital. La redención de estos soldados, de hecho, nunca llega, puesto que la aparente caída del linaje de Titurel implica, como ya he apuntado, la llegada de un potencial dictador al poder. La reconciliación de Amfortas y Kilngsor, situación creada por Guth, apunta hacia el apoyo que ese dictador tendría en el futuro. Kundry, una mujer alienada en la estructura patriarcal y masculina sobre la que se sustenta el libreto de Parsifal, se transforma, al final de esta puesta en escena, en la prefiguración de todas las víctimas de la represión ideológica y racista instaurada por la política interior nazi.

Anja Kampe como KundryAnja Kampe como Kundry © 2016 by Javier del Real

El trauma político-social derivado, no sólo de los dos conflictos bélicos, sino de la violencia de los regímenes instaurados, respectivamente, por el general Francisco Franco en España y por el cabo Adolf Hitler en Alemania, sigue teniendo, como vemos, pasadas varias décadas, manifestaciones públicas notorias. Parsifal, de hecho, es una de las obras donde se juega de forma preferente ese ejercicio de construcción de una memoria colectiva. La última producción de Parsifal (2008) montada por el Festival de Bayreuth, firmada por Stefan Herheim, sintetizaba en su puesta en escena la historia reciente de Alemania entre la Primera Guerra Mundial y los años 50. Es más, en 2014, la dirección artística del mismo festival canceló el encargo que había hecho al artista plástico Jonathan Meese para concebir el montaje que iba a sustituir al de Herheim, en medio de una polémica en la que se proyectaba la sombra de Hitler y el nazismo. La justificación oficial fue la de que Meese no estaba respetando las limitaciones presupuestarias del festival. Coincidió, no obstante, con el escándalo que provocó al usar el saludo nazi, no uno de sus espectáculos, donde también lo gestualiza, sino en una entrevista. Llegó a ser procesado, pero el tribunal sentenció que la utilización que hacía de la parafernalia hitleriana tenía una finalidad artística y de significado satírico. El artista, para quien desafiar esa prohibición supone la afirmación de su libertad e independencia, acusó al Festival de no estar preocupado por cuestiones artísticas, sino por su propia supervivencia y por superar, en sus palabras, “su creciente irrelevancia”.

Coro del Teatro Real en Parsifal, con dirección de escena de Claus Guth y dirección musical de Semyon Bychkov.Coro del Teatro Real en Parsifal, con dirección de escena de Claus Guth y dirección musical de Semyon Bychkov. © 2016 by Javier del Real

Parafraseando a Meese, es aceptable pensar que una de las maneras de luchar contra la creciente irrelevancia de la ópera como espectáculo dramático destinado a un público minoritario y contemporáneo, es, precisamente, intentar, a través de las puestas en escena, que participe en la construcción de la memoria colectiva y en su catarsis, asociando las situaciones dramáticas de obras canonizadas y su dimensión simbólica con ambientes o acontecimientos históricos contemporáneos. Hay, sin embargo, quien rechaza de plano esa tendencia, defendiendo que existe una realización única e ideal de todo texto dramático-musical fundamentada en criterios pseudohistoricistas. En este debate parece, a veces, no haber grises, sobre todo en lo que se refiere a quienes condenan estas actualizaciones. Parten de una interpretación preconcebida y unívoca y la transforman en el fundamento para un juicio que no es estético, o ni siquiera técnico, sino moral.

La puesta en escena dirigida por Claus Guth, cuando se presentó en el Liceu de Barcelona su Parsifal, suscitó la ira de algún crítico. Me refiero a Roger Alier de La Vanguardia, quien desdeñó su riguroso y eficaz trabajo dramatúrgico con el adjetivo de “invento” y acusó al Liceo de contribuir activamente a la “desculturización” de la ópera. Esto no deja de tener gracia si consideramos que el disfrute del drama lírico wagneriano en España incluso podría ser considerado como ejemplo de “aculturación”. En Madrid, la crítica ha sido en general elogiosa, aunque en algún caso se ha llegado a mostrarse comprensiva con los abucheos con los que una parte del público del estreno recibió al director de escena cuando salió a saludar.

Coro del Teatro Real. Parsifal, de Richard Wagner, con dirección de escena de Claus Guth y dirección musical de Semyon BychkovCoro del Teatro Real. Parsifal, de Richard Wagner, con dirección de escena de Claus Guth y dirección musical de Semyon Bychkov © 2016 by Javier del Real

La cuestión es que difícilmente podríamos calificar la lectura de Guth como “mala”, es decir, “mal hecha”, hasta el punto de justificar el abucheo por parte del público. En estos casos, parece que habla más alto un sentimiento de propiedad hacia un objeto cultural que tiene su propia historia de recepción en el área germánica, lo cual implica, paradójicamente, que, de la misma forma que nunca podremos acceder a una supuesta “versión original” de Parsifal, entre otros motivos porque nos separan décadas y kilómetros de su primera audición en Bayreuth, también resulta muy difícil, desde Madrid o desde Barcelona, hacerse con un cuadro referencial en el que cualquier versión actualizada de Parsifal sea plenamente relevante o inteligible. Abuchear es libre, pero también lo es intentar reflexionar sobre qué significa.

Evgeny Nikitin (Klingsor) y Detlef Roth (Amfortas)
Evgeny Nikitin (Klingsor) y Detlef Roth (Amfortas) © 2016 by Javier del Real

Añadiré, para finalizar, que España ni siquiera llegó a participar en la Primera Guerra Mundial, lo que hace todavía más complicado, si no imposible para algunos, aceptar la pertinencia de la apuesta de Guth en el tal ejercicio de construcción de una memoria colectiva al que me he referido anteriormente. No estoy afirmando que la puesta en escena de Guth no se entienda o que no esté totalmente justificada, dramatúrgica e, incluso, historiográficamente. Muy al contrario, es respetuosa con el texto musical y teatralmente muy interesante, tal como todas las que he visto hasta ahora de su autoría.

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