Italia

Un dibujo animado... ¡de Rossini!

Andrea Merli
jueves, 14 de marzo de 2002
Venecia, viernes, 1 de marzo de 2002. Venecia, viernes 1 de marzo de 2002. G. Rossini, La Scala di Seta, farsa comica de Giuseppe Maria Foppa. Luca de Fusco, Dirección escénica. Antonio Fiorentino, Decorados. Giuseppe Crisolini Malatesta, Vestuario. Fabio Barettin, Luces. Alessandra Panzavolta, Coreografia. Gianluca Sorrentino (Dormont), Valeria Esposito (Giulia), Cristina Sogmaister (Lucilla), Rockwell Blake (Dorvil), Piero Terranova (Blansanc), Marco Camastra (Germano). Orquesta del Teatro La Fenice. Director: Roberti Rizzi-Brignoli. Ocupación: 90%
0,0001863 Hace aproximadamente 190 anos, en el veneciano Teatro de San Moises, vio la luz de las candilejas esta divertida farsa en un acto de Rossini, sobre libreto de Giuseppe Maria Foppa inspirado en la homónima comedia francesa de François-Antoine-Eugéne de Planard, L'echelle de soie. Ahora, la Fundación del Gran Teatro La Fenice la ha vuelto a ofrecer en el delicioso, recientemente rehabilitado, Teatro Malibran. Éste cuenta con una sala modernista que da cabida a un aforo de novecientas personas, está muy próximo al puente de Rialto y ofrece un espacio mas acogedor y adecuado para las óperas de cámara que el más grande, pero desangelado, Teatro Tenda -que no deja de ser el tinglado de un circo- situado en la isla del Tronchetto (¡el parking de Venecia!) en espera que se termine la ansiada reconstrucción de la histórica sede de La Fenice en Campo San Fantin (se murmura que en 2004). Fiesta doble, si se mantienen las promesas, con la reinauguración de la Scala en Milan.La escalera de seda, obra juvenil de Rossini, siguió el gran éxito que sonrió al Inganno felice el año anterior en el mismo teatro. Pertenece a la volcánica producción del Genio de Pesaro que en el curso de 1812 compuso nada menos que seis títulos, tres de ellos piezas cómicas; las otras dos autenticas obras maestras: La pietra del paragone, que significó el ambicionado debut en la Scala y que encantó a los milaneses (53 funciones para la ópera de un desconocido representaron un verdadero hito) y el bullicioso Signor Bruschino. Esta Escalera, todo hay que decirlo, no alcanza ese nivel. La culpa es del excusable afán compositivo, lo que restó esa espontaneidad tan rossiniana que caracteriza su pegadiza, contagiosa música. Y culpa también de un exceso de prolijidad, aunque lo de 'la brevitá, gran pregio' sea lema de otra ópera.Sin embargo, la farsa tiene momentos de alto nivel en la brillante sinfonía, en un precioso cuarteto, elaborado con falso canon: una técnica que el joven Gioacchino mas tarde aplicaría en los finales de los actos (por ejemplo el irresistible 'Freddo ed immobile' del Barbero de Sevilla). Hay también, en la breve aria de 'Lucilla' una anticipación de un tema tipicamente rossiniano, que sería utilizado más tarde en el Turco in Italia. Las arias de 'Julia' y de 'Germano', además de inspiradísimas, están muy bien concertadas y, finalmente, el largo final concebido en cuatro movimientos, a partir del Andante 'Dorme ognun in queste soglie' hasta el Allegro vaudeville 'Quando amor si fa sentire', es sencillamente irresistible.La fuerte personalidad musical de Rossini, si bien en una circunstancia apretadísima, pudo con el elegante, pero dramatúrgicamente flojo libreto de Foppa. Una elaboración muy gastada, también y sobre todo en sus tiempos, del enredo del Matrimonio segreto de Cimarosa. Una pizpireta pupilla, 'Julia' (soprano), se casa con el galán 'Dorvil' (tenor) a escondidas de su tutor (tenor cómico) que, en cambio, la ofrece a 'Blansac' (bajo cómico), donjuanesco trotamundos que enamora a la prima 'Lucilla' (mezo). 'Julia' recibe por la noche en su habitación a 'Dorvil' gracias a una escalera de seda que baja al jardín desde el balcón. 'Germano' (barítono), el tonto sirviente, es el culpable de una serie de malentendidos. Por eso a medianoche en el cuarto se reencuentran todos, pero todo termina felizmente con el perdón del tutor que autoriza la boda entre 'Blansac' y 'Lucilla'.La divertida nueva producción en el Teatro Malibrán se ha beneficiado del decorado singular de Antonio Fiorentino, que ha reconstruido en tamaño descomunal un antiguo escritorio estilo Biedermayer situado en un desván, donde cabían otros enormes objetos: un viejo paraguas, sillas que cuelgan de las vigas, una antigua lámpara de aceite. Los personajes en la fantasiosa regia de Luca De Fusco, al que, tras aplaudir la brillante idea, hay que reprochar no haberla explotado tal como era de esperarse, son los bichos de un dibujo animado de Disney o -en mi personal impresión- los animalitos ilustrados en un cuento de Scarry. Sus armónicos movimientos, gracias a la discreta coreografía Alessandra Panzavolta, los llevan a meterse en todos los agujeros, entrando y saliendo de los cajones, bajando del techo con los hilos de las telarañas.Ratitas elegantísimas, en los trajes de buen corte de Giuseppe Crisolini Malatesta, son el tutor 'Dormont' de Gianluca Sorrentino, tenor de buenos recursos en su marginal participación, la coqueta e impagable 'Julia' de Valeria Esposito, que ha dado fondo a su impresionante coloratura cantando con sensibilidad y afinación perfecta su preciosa aria, el enamorado 'Dorvil' de Rockwell Blake, que ha obtenido un largo aplauso y muchos bravo tras su aria y que, sin embargo, está en las ultimas de una brillante carrera -aunque en papeles cómicos aín puede pasar con desenfado y credibilidad-; rata también 'Lucilla', la mezo Cristina Sogmaister de escasos méritos vocales que, no obstante, ha salido airosa de su deliciosa aria da sorbetto, mientras que el joven bajo Piero Terranova era, nada menos, un negro murciélago, compensando con el juego escénico una prestación vocal mas bien pálida (¡sin embargo ese es el color de los vampiros!) 'Germano', el barítono Marco Camastra, salió del coro siendo él un mirlo y pajarracos los demas sirvientes. En su rol cóico resultó completo gracias a la sonoridad de su voz, la que, sin embargo, denota síntomas de precoz vejez.La orquesta de La Fenice se respondió loablemente a la batuta de Roberto Rizzi Brignoli, uno de los maestrini italianos de la ultima generación, que se ha dado a conocer también en suelo ibérico, dirigiendo Las bodas de Figaro en Bilbao y Un giorno di regno en La Coruña. No sé qué resultado logró en Mozart y Verdi. En lo que se refiere a la Scala di seta fue correcto, puntual, pero falto de brillo y con poco sentido del ritmo, rozando en más de un momento el aburrimiento: esto ultimo, en Rossini, es imperdonable.
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