Estados Unidos

Auténtica naturalidad, sencillez y expresión

Marianna Prjevalskaya

viernes, 20 de mayo de 2016
Washington, domingo, 1 de mayo de 2016. Music Center at Strathmore. Murray Perahia, piano. Obras de Joseph Haydn, Variaciones en fa menor Hob. XVII:6,. Wolfgang Amadè Mozart, Sonata en la menor KV. 310. Johannes Brahms Cinco piezas de los op. 116, 118 y 119. Ludwig van Beethoven, sonata Hammerklavier’.

Cada día se hace menos frecuente asistir a un recital dedicado a los grandes clásicos. Y es que la tendencia, en Estados Unidos por lo menos, se inclina hacia la difusión de la música contemporánea. Para el joven intérprete se hace aún más difícil sobrevivir con un repertorio tradicional y parece que cada vez interesa menos escuchar a Schubert o a Beethoven sin buscarles un significado adicional, extraordinario, o yuxtaponerlos con obras de compositores vivientes. Pero la buena noticia es que los grandes músicos tienen el privilegio de no preocuparse por la receptividad de la crítica, no les interesa impresionar a nadie y simplemente disfrutan de las obras maestras a lo máximo.

Y eso es lo que precisamente ocurrió a una hora poco habitual de las cuatro de la tarde el primer día de mayo en Washington. Murray Perahia ofreció un recital espléndido e inspirador con obras de Haydn, Mozart y Brahms, culminando en la complejísima sonata Hammerklavier de Beethoven. Fue un gran recital donde se pudo apreciar una auténtica naturalidad. Y es que Perahia simplemente toca, en el mejor sentido de las palabras, porque de esa simplicidad nace una interpretación orgánica y elocuente, sin exageraciones, ni pretensiones y sin necesidad de llamar la atención. Aquella tarde la música conversaba directamente con el público de una forma espontánea y natural, y la expresividad nacía de la simplicidad de su discurso.

El recital se abrió con las Variaciones en fa menor de Haydn,  que Perahia presentó con un gusto exquisito, una ornamentación espontánea y un dramatismo que aproximaba Haydn a Beethoven. Después nos deleitó con la Sonata en la menor de Mozart que fue interpretada con mucha naturalidad, un sentimiento atormentado y a la vez con una noble elegancia. Consiguió un perfecto equilibrio entre el sentimiento turbulento y el lírico, lo cual evidenció su excelente sentido del gusto y entendimiento del estilo respetando las proporciones clásicas. Todos los pasajes fueron perfectamente delineados y ejecutados con gran expresividad que nunca ha sido exagerada. La sensible entonación los convirtió en pasajes melódicos, pero dejándolos a la vez suficientemente dramáticos, y en ningún momento se aproximaron a una ejecución virtuosística, que lamentablemente se escucha frecuentemente hoy en día. En el Andante cantabile con espressione Perahia proyectó un sonido operístico y una expresividad cándida. La parte central del movimiento sorprendió ocasionalmente con un sonido algo directo en los fortes, pero fue algo momentáneo. El tercer tiempo Presto, cautivó por su carácter inquieto, pero frágil y delicado de sentimiento. Una articulación refinada y fraseo espacioso formaron unas líneas amplias dando la sensación que el movimiento entero se tocó en un solo suspiro.

Para cerrar la primera parte del concierto Perahia seleccionó cinco piezas de los últimos opus para piano de Brahms, una elección poco común, ya que tradicionalmente las piezas se interpretan en ciclos completos. Fue un Brahms masculino y de belleza simple y sublime. Quizás me hubiera gustado escapar a un mundo más etéreo en los momentos íntimos y disfrutar más profundamente la calidez y sinceridad del sentimiento romántico y la nostalgia que tanto llena las últimas miniaturas de Brahms. De la misma forma busqué un sonido distinto y ajeno a Mozart o a Haydn que acabamos de escuchar, pero los tres compositores parecían unificados por la mismísima figura de Perahia y por la simplicidad con la que él proyectaba sus ideas. Estaba claro que la prioridad recaía en la creación de una estructura lógica y el sentir la total integridad de la obra con mayor naturalidad posible; llegados a este momento uno finalmente pudo disfrutar de una interpretación llena de expresión simple y convincente.

Por supuesto el punto culminante de la tarde fue su interpretación de la monumental sonata Hammerklavier de Beethoven en la segunda parte del concierto. Perahia se apoderó del primer tiempo con explosivo dinamismo y energía sin límites, y con unos tiempos hasta arriesgados que le permitieron extraer todo el carácter impulsivo del Allegro. Después del imponente primer movimiento siguió el Scherzo que fue interpretado con un ritmo impecable, articulación precisa y un sonido hasta chispeante. Perahia consiguió darle un carácter casi irónico, y el movimiento fue tan fugaz que se disipó antes de que nos diéramos cuenta. El Scherzo fue seguido por el tercer tiempo Adagio sostenuto que es todo un duelo emocional. El movimiento lento más extenso que Beethoven haya escrito representa "la apoteosis del sufrimiento, el dolor contra el cual no hay remedio... la inmovilidad absoluta de un dolor inconmensurable" como le describió Paul Bekker, reconocido crítico musical del siglo XX. Beethoven lo especifica como Appassionato e con molto sentimento, y aunque la interpretación de Perahia fue bastante convincente, había a la vez una cierta simplicidad de expresión que en mi punto de vista no concordaba con el sentimiento de la desolación total y el dolor tan devastador del Adagio. Perahia eligió un tempo algo movido, y una vez más, indudablemente, su decisión se debe a la prioridad de abarcar la compleja partitura en su totalidad. La fuga del cuarto tiempo fue absolutamente apabullante. El trabajo mental y una tremenda concentración elevaron la intensidad de la energía que irradiaba el pianista haciéndola perceptible en toda la sala. Los pasajes arrebatadores y trinos eléctricos demostraron el virtuosismo y la gran maestría del pianista convirtiéndolo en un auténtico Übermensch, que a sus sesenta y nueve años logró hacer una lectura impresionante de una de las obras más difíciles escritas para el piano y conquistar al público washingtoniano. 

El encuentro con Perahia no terminó ahí. Al día siguiente el pianista hizo una agradable y enriquecedora visita al Peabody Conservatory of Music en Baltimore, donde ofreció una master class para los alumnos del conservatorio. Demostró una vez más su fidelidad a los compositores como Beethoven, Brahms y Schumann, subrayó su desinterés por la música moderna y justificó mi impresión de la previa tarde con las siguientes palabras: "No intentéis ser más expresivos. Cuando queremos dar más expresividad, nos olvidamos de lo más importante, que es el sentido de la integridad de la obra. Acaso hay algún pianista que quiere tocar con menos expresión? La expresividad sucederá de una forma espontánea si no os entrometéis en el proceso y dejáis que nazca naturalmente."

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