Discos

La rugosidad del multifónico

Paco Yáñez
lunes, 4 de julio de 2016
Marina Khorkova: collision; klangNarbe; a_priori; VORderGRENZE; Streichquartett; Beschwörung durch Lachen. Alessia Hyunkyung Park, soprano. Johannes Keller, clavicémbalo. Lanet Flores, clarinete. Beatrix Wagner, flauta. Susanne Kabalan y Koka Nikoladze, monocordio. Helena Bugallo, Yulia Draginda y Marina Khorkova, pianos. Gerald Eckert y Caspar Johannes Walter, violonchelos. Trio Accanto. Kairos Quartett. Ensemble ascolta. Georg Köhler y Michael Wendeberg, directores. Deutschlandfunk, Deutscher Musikrat gemeinnützige Projektgesellschaft y Staatlichen Hochschule für Musik und Darstellende Kunst Stuttgart, productores. Hendrik Manook, Eva Pöpplein y Reinold Zervas, ingenieros de sonido. Dos CDs DDD de 92:49 minutos de duración grabados en Colonia y Stuttgart (Alemania), en junio de 2011, y abril, octubre y noviembre de 2015. Wergo WER 6418 2.
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Cuando hace dos semanas reseñamos el concierto que Vertixe Sonora Ensemble dedicó en Ourense a la composición actual en clave femenina, destacamos a una serie de compositoras rusas entre las que merece una especial atención Marina Khorkova (1981), creadora formada en los conservatorios y universidades de Moscú y Stuttgart, y actualmente residente en Berlín, ciudad desde la que emerge una voz de una gran potencia expresiva y una pericia apabullante a la hora de movilizar la enorme plétora de técnicas extendidas y procedimientos texturales que caracterizan a lo mejor de la música de nuestro tiempo, en sus partituras cargadas de gran sentido artístico, conformando una alianza perfecta -tal y como la define Dirk Wieschollek en sus notas- entre multifónicos (con especial mención para su refinada estructuración microtonal) y ruidos (donde Khorkova introduce numerosas técnicas de la música concreta instrumental).

El doble compacto del sello Wergo que hoy presentamos es una buena muestra de la indagación y el afianzamiento en el catálogo de Khorkova de tales lenguajes, con una atención especial para la conformación de un espacio sonoro, de una topología acústica, algo de lo cual la primera de las partituras aquí recogidas, su Streichquartett (2010), es un buen ejemplo. Cuarteto con scordatura en sus cuatro instrumentos, Khorkova redefine así sus tonalidades para atacar una constante iridiscencia de clústers de armónicos, mayoritariamente en tesituras agudas muy delicadas. Si el multifónico, lo microtonal y los rastros de un espectralismo muy avanzado representan lo más arquitectónico de este cuarteto, su lado más racional y socializador en cuanto a la relación entre las dieciséis cuerdas (concebidas como un entramado continuo), por otra parte nos encontramos con sonidos aislados (aquí todavía escasos) que representan un lado más irracional y visceral, unas energías desatadas en base a técnicas ruidistas no del todo asentadas en 2010, pero que irían ganando peso, sentido y refinamiento en partituras posteriores.

El trío para clarinete, piano y violonchelo VORderGRENZE (2010) nos conduce a otra topología sonora, más aguerrida y ruidista, ya desde su primer y desgarrador grito en un clarinete que porta reminiscencias de la genial Accanto (1975-76), de Helmut Lachenmann. Como en el caso del compositor de Stuttgart, Marina Khorkova se mueve aquí en los límites instrumentales, así como -de nuevo- en límites-frontera entre unas alturas y un ruido que progresivamente va colonizando sus partituras, dotándolas de mayor visceralidad, indefinición textural y actualidad. El grito, la respiración, los rascados, unos multifónicos si cabe más rugosos..., todo ello conforma un paisaje de la frontera entre la vida y la muerte, que describe -a través de lo que Wieschollek dice sonidos en la periferia de la vida- lo que personalmente definiría como una 'sonografía del estertor', de ahí su carácter sombrío, mortuorio, de gran dramatismo y hondura.

La brevísima Beschwörung durch Lachen (2011), de tan sólo 2:23 minutos de duración, lleva al límite las exploraciones de Marina Khorkova en lo referido al piano en multifónicos. Para ello, la compositora rusa dispone de voz de soprano y un ensemble de lo más particular, con monocordio, piano preparado, piano en multifónicos y clavicémbalo afinado en diversos modos puros y microtonales. Todo ello traza un arco histórico con el también ruso Ivan Wyschnegradsky (1893-1979) y sus partituras para ensembles de pianos en diferentes afinaciones, que comparten con Beschwörung durch Lachen una suerte de inestabilidad armónica de lo más plasmática y sugerente, cual si el suelo fluctuase bajo nuestros pies por efecto de una droga acústica. Todos los planos tendidos desde el ensemble entran en colisión, adoptando por momentos una rítmica obsesiva que nos remite a las primeras vanguardias rusas. La risa a la que el título se refiere proviene de un poema del ruso Velimir Jlébnikov (1885-1922), basado en las sonoridades de la risa, cuyos versos son aquí deconstruidos y entrelazados con unos procedimientos acústicos de una rareza tímbrica y armónica subyugante, alcanzando una totalidad poliédrica que actualiza el futurismo ruso, el surrealismo y, por adición de instrumentos, una transculturalidad que en la música de Khorkova se alquitara en un palimpsesto de tiempos, espacios y lenguajes artísticos verdaderamente a destacar.

a_priori (2013), para flauta y violonchelo, es un magnífico ejemplo de la cohabitación de multifónico y ruido en una partitura en la que, además, proliferan pasajes de notación gráfica que hacen de cada interpretación un nuevo campo de definición en función de las energías liberadas por cada músico, aquí descargadas en masas de color fluctuantes, de texturas huidizas, indefinidas, muy sugerentes. La ambivalencia es, para Khorkova, algo fundamental a la hora de conceptuar a_priori, una ambivalencia que escuchamos desde el primer ataque de flauta que abre la partitura, tan referido a la sonoridad del shakuhachi japonés como al más puro ruidismo en la música contemporánea europea. El desarrollo de este diálogo sobre las ruinas del silencio es un universo de compresiones, glissandi, sonidos percusivos, rascados, interacciones de escalas armónicas y demás recursos para desdibujar las fronteras tímbricas y producir (des)encuentros que van y vienen a lo largo de toda la obra, complejizando su sonoridad, tan rica, refinada y excelentemente escrita por la compositora rusa.

klangNarbe (2014-15), trío para saxofón barítono, piano preparado y percusión, es una obra de verdadera enjundia, así como todo un monumento al multifónico; un paisaje sonoro, como sostiene Dirk Wieschollek en sus notas, sometido a una erosión constante: la provocada por el ruido, que avanza de forma progresiva, invadiendo el entramado armónico. Clústers multifónicos de hasta diecisiete tonos expanden una paleta de colores rica e iridiscente, expandidas sus auras por el roce de arcos contra placas en la percusión, lo que hace proliferar los espectros lumínicos de piano preparado y saxofón a modo de prisma. Además, se produce una profusa indagación de la microtonalidad, con lo que el análisis del material sonoro se multiplica a nivel macro y microscópico, sin que dejen de asomarse, asimismo, improntas y herencias: las de Luigi Nono en el viento-metal, con sus sonoridades desdobladas, fantasmagóricas, múltiples; las de John Cage en los timbres y ritmos del piano preparado. Si bien de carácter sereno, a medida que transitamos el ecuador de sus 20:32 minutos de duración, nos vemos asediados por episodios de una gran potencia gestual, tímbricos, ruidistas, algo que ahonda en el estilo de síntesis que, como hemos visto en las anteriores partituras, caracteriza el lenguaje de Marina Khorkova.

Por último, collision (2015), partitura para ensemble que, con sus 26:05 minutos de duración, es la más extensa de las aquí reunidas, así como la más ambiciosa por plantilla y heterogeneidad estilística. Continuamos los derroteros de klangNarbe en cuanto a cohabitación de auras armónicas, tramadas en densos multifónicos, y golpeos ruidistas; si bien aquí la rugosidad, la indefinición tímbrica, es mayor, ganando la obra en riqueza en cuanto a color y texturas. Ello se debe, en buena medida, a la presencia de objetos e instrumentos utilizados de forma no convencional para producir un paisaje sonoro muy atractivo y rabiosamente actual (compartido, además, por otros jóvenes creadores rusos que ya han visitado nuestro diario, como Elena Rykova, Anna Romashkova, Dmitri Kourliandski, Sergej Newski, Vladimir Gorlinsky, o Alexander Khuveeb: compositores enraizados tanto en Rusia como en Centroeuropa en los que aflora buena parte de lo más atractivo de la escena actual). En conjunto, collision es la partitura en la que Marina Khorkova alcanza su mayor desarrollo como creadora de una voz propia, redondeando un compacto magníficamente interpretado en cada una de sus páginas, y que muestra, como hace dos semanas señalamos, la enorme riqueza con la que las compositoras de nuestro tiempo expanden los recursos del lenguaje musical en el siglo XXI.

Las tomas de sonido, provenientes de Deutschlandfunk, son excelentes, y no es en absoluto sencillo registrar partituras con tales presupuestos tímbricos y semejantes contrastes de técnicas y dinámicas. El ensayo del libreto corre a cargo del ya mencionado Dirk Wieschollek, que firma un texto muy informativo, que se acompaña de ejemplos de partituras que redundan en esa hibridación entre el multifónico y el ruido a la que nos hemos referido, así como muestran gráficamente la soberbia escritura de una compositora, Marina Khorkova, a tener muy en cuenta en los próximos años.

Estos discos han sido enviados para su recensión por Wergo.

 

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